Ella amaba dibujar, su sueño era poder dedicarse a eso.. pero, sufre un accidente.. aun así, la vida la oportunidad de reencarnar en una nueva vida.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Subasta 1
Días después, Olivia se enteró de que estaban organizando una subasta benéfica.
La intención era ayudar a las personas que habían sufrido las consecuencias de unas fuertes inundaciones.
Cuando escuchó la noticia, Olivia se quedó pensando.
No tenía experiencia en organizar eventos de ese tipo.
Tampoco sabía cuánto podría aportar.
Pero había algo que sí podía hacer.
Pintar.
[Quizás no sea mucho...]
Miró sus manos.
[Quizás mi cuadro no recaude demasiado.]
Pero aun así...
[Será mejor que no hacer nada.]
Así que decidió donar una pintura.
No quería recibir dinero por ella.
Quería que todo lo que consiguieran con su venta fuera destinado a las personas que lo necesitaban.
El problema era que ahora tenía que decidir qué pintar.
Se sentó frente a una hoja en blanco.
Tomó un lápiz.
Y se quedó mirando el papel.
[¿Qué puedo pintar?]
Pensó en paisajes.
En flores.
En retratos.
En el mar.
Pero ninguno le parecía apropiado.
Entonces...
Una imagen apareció en su mente.
Una imagen que no había olvidado.
Uno de sus sueños.
El sueño que había tenido poco después de reencarnar.
Habían pasado casi dos años desde entonces.
Pero todavía lo recordaba con claridad.
Una montaña enorme.
Cubierta de nieve.
Y en medio de aquella montaña...
Un árbol.
Un árbol completamente diferente a los demás.
Sus hojas eran de un rojo intenso.
Hermoso.
Casi imposible.
Olivia cerró los ojos.
Podía verlo.
Podía recordar la sensación que había tenido al contemplarlo.
La inmensidad de la montaña.
El silencio.
La nieve.
Y aquel árbol rojo que parecía destacar en medio de todo.
Debajo del árbol había algo.
Un libro.
Un libro viejo que descansaba sobre la nieve.
Olivia abrió los ojos.
[Eso es.]
Tomó el lápiz.
Y comenzó a dibujar.
Primero trazó la montaña.
Después la nieve.
Luego el árbol.
Pero cuando comenzó a dibujar sus hojas, se detuvo.
No era suficiente.
[El rojo no se ve como lo recuerdo.]
Probó otro tono.
Luego otro.
Cambió la forma de las ramas.
Volvió a dibujarlas.
Nada.
No lograba capturar aquello que había visto en su sueño.
Así que volvió a comenzar.
El cuadro le tomó mucho más tiempo del que había imaginado.
Trabajó durante días.
Luego semanas.
Cada vez que creía haber terminado, encontraba algo que no le gustaba.
La montaña no tenía suficiente profundidad.
El árbol no parecía tan hermoso.
La nieve no transmitía el silencio que recordaba.
El libro parecía demasiado nuevo.
Y, sobre todo...
Faltaba algo.
Algo que no sabía explicar.
[Quiero que sea hermoso.]
No porque quisiera presumir.
No porque quisiera que la gente hablara de ella.
Sino porque iba a ser un regalo.
Un aporte para personas que estaban pasando por momentos difíciles.
Quería entregar algo hecho con cariño.
Así que continuó.
Pintó.
Borró.
Corrigió.
Volvió a pintar.
Incluso Lady Vasca llegó a verla trabajar durante varios días.
—¿Todavía no ha terminado?
Olivia negó con la cabeza.
—Todavía no.
—¿Qué está intentando conseguir?
Olivia miró el cuadro.
—Quiero que se vea como lo recuerdo.
Lady Vasca observó el lienzo.
—¿De dónde viene ese paisaje?
Olivia dudó.
—De un sueño.
La anciana la miró durante unos segundos.
Después no preguntó nada más.
—Entonces continúe hasta que esté satisfecha.
Olivia sonrió.
—Sí, maestra.
Y continuó.
Finalmente, después de mucho tiempo...
Dejó el pincel sobre la mesa.
Se alejó unos pasos.
Y miró el cuadro.
La montaña se elevaba majestuosa.
La nieve cubría todo el paisaje.
En medio de aquel mundo blanco estaba el árbol de hojas rojas.
Sus ramas se extendían hacia el cielo.
Y debajo...
El libro.
Pequeño.
Antiguo.
Descansando sobre la nieve.
Olivia permaneció en silencio.
No era exactamente igual a lo que había visto en su sueño.
Probablemente nunca podría serlo.
Pero esta vez...
Sintió que había conseguido acercarse.
Sonrió.
[Está bien.]
[Esto sí puedo regalarlo.]
Preparó cuidadosamente el cuadro.
Y lo entregó para la subasta benéfica.
No sabía quién terminaría comprándolo.
No sabía cuánto dinero recaudaría.
Ni siquiera sabía si alguien encontraría hermoso aquel extraño paisaje.
Pero no importaba.
Había querido ayudar.
Y había dado aquello que mejor sabía hacer.
Su pintura.
Sin imaginar que aquel cuadro, nacido de un sueño que había tenido casi dos años atrás, estaba a punto de llamar la atención de alguien por razones que Olivia todavía no podía comprender.
No sabemos la cruz que otro vive.
Por eso somos complemento del hombre 🥰.
Que lindo es el 😍👏👏