"Él fue mi primer amor y yo el suyo, estuvimos juntos en nuestros peores y mejores momentos, sin embargo ahora me estaba cambiando por alguien más joven."
Karla nunca estuvo preparada para descubrir la infidelidad del hombre que consideraba el amor de su vida, y mucho menos para ser echada a la calle tras una vida entera de entrega. Por si fuera poco, el desprecio de sus propios hijos —al no encajar en su ideal de madre— termina de destrozar su mundo. Con el corazón roto y la vida en ruinas, Karla se encuentra en un punto de no retorno: dejar que el dolor la consuma o reunir las fuerzas para sanar y reconstruirse desde cero.
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Ellos no quieren verla
Al llegar al trabajo, Regina y yo nos encontramos con Marcus y Jhon, los cuales, por alguna razón, estaban discutiendo. Sin embargo, en cuanto nos vieron llegar, dejaron de hacerlo.
— ¿Por qué discuten, chicos? —les pregunté.
— Por nada —respondió rápidamente Marcus. Como su respuesta fue demasiado apresurada, me hizo sospechar—. ¿Es por mi culpa?
— La verdad, sí. Pero no tienes que preocuparte —respondió Jhon en tono conciliador.
— ¿Cómo no me voy a preocupar si no me dicen lo que está pasando?
— Sí, chicos. ¿Qué pasa? —intervino Regina.
Marcus sacudió la cabeza en dirección a Jhon; era como si con ese gesto le dijera que no hablara. Sin embargo, Jhon hizo caso omiso de Marcus y decidió ser sincero.
— Lo que pasa es que el dueño quiere que desalojemos el local…
— ¿Es por mis problemas? —lo interrumpí.
— Tal parece que le llegaron las calumnias que andan circulando por ahí. Aunque tratamos de decirle que solo eran rumores, no quiso escucharnos.
Me quedé pensativa ante lo que escuchaba. Al final, no pude evitar sentirme culpable. Después de todo, los chicos no estarían en este tipo de problemas si no fuera por mi causa.
— No deberían irse todos. La que debería irse soy yo. Todo es mi culpa…
— No, Karla. Ya hemos hablado Jhon y yo, y tomamos la decisión de buscar otro local. No es como si no lo hubiéramos hecho antes, es solo que nos tomó por sorpresa la decisión del arrendatario. Así que no empieces a sentirte culpable por cosas que no vienen al caso. Hemos estado juntos por más de ocho años... en años perrunos sería toda una vida. Somos una familia, ¿recuerdas?
Sacudí la cabeza, sintiéndome mal por todo lo que estaba pasando.
— ¡Lo siento! —susurré.
— Marcus tiene razón, Karla. Todos estamos juntos en esto —añadió Regina—. Además, deja que pase el tiempo; pronto todos esos chismes que circulan acerca de ti desaparecerán. Ahora debes enfocarte en ti, en superarte. Aún no termina el mes, tenemos tiempo suficiente para conseguir un local mucho más grande que este. Los ahorros del taller nos alcanzan para hacer eso y algunos cambios más.
Sonreí de forma triste ante las palabras de Regina.
— Está bien.
— Pero dime, ¿qué clase de corte te hiciste, mujer? —me preguntó Marcus de forma abrupta.
— ¿Acaso me queda mal? —pregunté.
— No, te hace ver sexy como el infierno.
Sonreí feliz ante su respuesta. ¡Qué bonito se sentía recibir halagos, ya fuera por la personalidad o por la apariencia!
***
Luego de terminar mi día de trabajo, decidí pasar por casa de Regina para asearme. Mientras me bañaba, pensé que vivir con ella no se sentía mal, pero también podría resultar incómodo a largo plazo. Como aún tenía unos ahorros en mi cuenta, decidí empezar a buscar un departamento para vivir. Se suponía que iba a utilizar ese dinero para hacer algunos arreglos en la casa, pero eso ya no sería necesario: ya no tenía una casa, ya no tenía nada.
— Tal vez sea mejor si pago la entrada de una casa o de algún departamento. Bueno, aún tengo suficiente para pensar qué hacer.
Tras decir aquello, me unté más jabón del necesario para quitar por completo el olor a grasa de mi cuerpo. Mientras salía del baño, decidí echarme un poco de perfume. El aroma era tan fuerte que no pude evitar estornudar un par de veces.
Después de estar lista, salí en dirección a la pastelería. Al final, decidí llevarles una tarta de chocolate y fresas a los niños. Mientras compraba, una ancianita pasó ofreciendo billetes de lotería.
— Niña linda, cómprame un billete, no sea malita.
Yo no creía en la suerte; siempre he pensado que no hay dinero fácil en el mundo y que todo se debe ganar con esfuerzo. Por eso nunca compraba billetes de lotería ni esas cosas; pensaba que era mejor gastar el dinero en algo más productivo. Sin embargo, esta vez decidí comprar uno, no con la intención de ganar, sino solo para colaborar con aquella anciana que parecía haber pasado por muchas vicisitudes en su vida.
— Está bien, deme uno.
— Muchas gracias, que Dios la bendiga.
— De igual manera, que pase una linda tarde.
Tras ese breve intercambio, guardé el billete de lotería en mi bolso y tomé un taxi hasta la que alguna vez fue mi hogar.
En el trayecto pensé en qué era lo que iba a decir. La verdad, sentía que había actuado por impulso la última vez que los vi; ellos parecían no querer que estuviera a su alrededor. Pero no podía contener mis ansias de verlos, las ganas de abrazarlos.
«¡Qué ridículo! —pensé para mí misma—. Soy tan patética».
Suspiré en cuanto me bajé del taxi y vi la fachada de mi casa, el lugar donde viví durante los últimos diez años. Todo seguía igual, nada había cambiado.
— Debí haber venido con Regina. Aunque… no he venido a discutir, solo estoy pidiendo verlos por un momento.
Tras decirme eso, toque el timbre y esperé. Sabía que estaban en casa, tal vez haciendo las tareas.
— ¿Quién es? —preguntó una voz por el intercomunicador.
Era Cristel.
— Soy… yo —le dije—. Karla. Solo quiero hablar con los niños por un momento. Quiero verlos.
— Señora Karla… Deje que les pregunte.
Esperé unos minutos antes de que ella regresara a la bocina.
— Ellos no quieren verla —respondió Cristel, dejándome helada.
— ¿Por qué? ¿Por qué? Traje pastel, yo solo quiero verlos por un momento…
— Ellos no quieren hacerlo, señora Karla. Es mejor que se vaya antes de que llegue Armando. Ya sabe cómo es Nandito, no quiere que otra vez la lastime. Piense en los niños.
Armando y Cristel que quieren ahora 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Ahora llegará acompañada de Johan y Armando se agarrará de allí veremos qué pasará en la fiscalía.
Karla lo mejor que te ha pasado es haber salido de ese parásito bueno para nada tienes ahora a tus hijos, a Johan que te está conquistando y de paso te ganas la lotería mejor imposible.
Karla se acaba de ganar la lotería ya tiene el dinero para montar su propio taller, comprar una casa y darle una buena vida a sus hijos.