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La satisfacción de ser subestimada

La satisfacción de ser subestimada

Status: Terminada
Genre:Doctor / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:293
Nilai: 5
nombre de autor: Rere ernie

Ariana Montero es, a los ojos de todos, una esposa insignificante.

Su suegra la humilla en cada cena. Su esposo, Simón Valverde, la exhibe como un adorno inútil mientras pasea a su amante del brazo frente a la familia. Nadie le pregunta adónde va por las noches. Nadie sospecha que debajo del vestido sencillo y el silencio calculado se esconde una de las cirujanas cardíacas más brillantes del país.

Cuando un misterioso inversionista llamado Santiago Guerrero la recluta para dirigir un ambicioso proyecto médico, los dos mundos de Ariana comienzan a colisionar. En el hospital es la "Doctora Genio", una leyenda anónima cuyos dedos han salvado vidas que otros daban por perdidas. En casa sigue siendo la mujer a la que nadie toma en serio.

Pero los secretos tienen fecha de caducidad.

A medida que su identidad se resquebraja, Ariana descubre algo mucho más peligroso que un matrimonio roto: la muerte de sus padres —dos médicos célebres que perecieron en un supuesto accidente automovilístico— fue un asesinato orquestado por las mismas familias que hoy la rodean. Un hombre con el rostro marcado por cicatrices, un tío político con las manos sucias y una suegra cuya elegancia esconde complicidad van tejiendo un rompecabezas que lleva veinticinco años enterrado.

Entre conspiraciones familiares, traiciones inesperadas, bisturís y balas, Ariana deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para honrar la memoria de quienes le dieron la vida... y si el hombre que le ofrece protección merece también su confianza.

Porque en esta historia, ser subestimada no es una debilidad.

Es una ventaja.

NovelToon tiene autorización de Rere ernie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Segundos después de que la llamada se cortó, Ariana seguía de pie junto a su auto. El aire del mediodía era cálido, pero su cuerpo se sentía frío.

Las palabras del hombre misterioso aún resonaban con claridad en su cabeza.

«Los asesinos pertenecían a las familias Guerrero y Valverde.»

La familia Guerrero era la de Santiago. La familia Valverde, la de Simón. No cabía duda: ambas familias estaban involucradas.

Sin embargo, Ariana no era una mujer que se dejara provocar fácilmente con palabras.

Si pretendes distanciarme de Santiago... elegiste a la persona equivocada.

Subió al auto, encendió el motor y enfiló de regreso al hospital.

Al otro lado del mundo.

En un rascacielos de Tokio, Japón.

Kenzo permanecía de pie frente a un enorme ventanal que daba a la ciudad salpicada de luces. Sostenía el teléfono con una sonrisa fina. En la pantalla aún figuraba el número que acababa de marcar.

Su sonrisa se ensanchó lentamente.

—Igualita a sus padres —murmuró.

Detrás de él, una mujer se mantenía con la cabeza gacha.

Era la mujer que había puesto el veneno en la bebida de la madre de Santiago durante la fiesta.

—Señor... ¿no es riesgoso haberle revelado tanto a esa mujer? —preguntó con cautela.

Kenzo rio por lo bajo.

—¿Por qué? ¿Te asusta?

—Parece muy peligrosa.

Kenzo giró despacio; su mirada era fría.

—Justamente eso es lo que la hace interesante.

Caminó hacia una mesa de laboratorio abarrotada de instrumental científico. Sus dedos rozaron un tubo de ensayo con un líquido azul.

—La hija de dos científicos brillantes... no va a decepcionarme.

La mujer tragó saliva.

—Señor... ¿de verdad piensa traerla aquí?

Kenzo esbozó una sonrisa.

—Por supuesto. —Un brillo extraño le cruzó los ojos—. La convertiré en la científica más grande del mundo.

Hizo una pausa antes de continuar en voz baja.

—Y si se niega...

—...la obligaré. —Su sonrisa se tornó aterradora.

Mientras tanto, de vuelta en la ciudad.

El auto de Ariana se detuvo finalmente en el estacionamiento del Hospital Horizonte. Bajó del vehículo con la misma expresión serena de siempre.

Nadie sabía que minutos antes había conversado con el hombre que, con toda probabilidad, era el asesino de sus padres.

Mientras caminaba hacia la entrada del hospital, una enfermera se le acercó de inmediato.

—Doctora Ariana.

Ariana se detuvo.

—¿Qué sucede?

—El director Santiago la está buscando.

—¿Buscándome?

—Sí, doctora. Está en su oficina.

Ariana asintió brevemente.

—Bien.

Minutos después se hallaba frente a la puerta de la dirección.

Toc, toc.

Llamó dos veces.

—Adelante.

La voz de Santiago se oyó desde dentro.

Ariana abrió la puerta.

Santiago estaba de pie junto a la ventana, con un traje negro impecable. Al verla entrar, se acercó de inmediato.

—Te estaba buscando.

—¿Ocurrió algo?

Santiago tomó una tableta de la mesa y la encendió.

—Mi equipo de seguridad encontró algo. La mujer de anoche ingresó como invitada de una farmacéutica extranjera. Pero... su identidad es falsa.

Reprodujo otra grabación. Esta vez la cámara enfocaba el estacionamiento del edificio donde se celebró la fiesta. Allí se veía a la misma mujer subiendo a un auto negro. Pero lo que despertó las sospechas de Santiago fue que... la placa del vehículo no estaba registrada.

Santiago apagó la pantalla de la tableta.

—La persona dentro de ese auto es, al parecer, quien mandó envenenar a mi madre.

Ariana no dijo nada, pues ya había hablado con esa persona por teléfono.

La oficina volvió a sumirse en silencio una vez que la grabación se detuvo. Santiago permanecía junto al escritorio, mientras Ariana seguía mirando la pantalla ya apagada de la tableta.

Se la veía tranquila como de costumbre, pero era evidente que su mente trabajaba a toda velocidad.

—Esa mujer es una enviada —dijo Ariana finalmente.

Santiago la miró.

—¿Tú también lo crees?

Ariana asintió despacio.

—Quien la mandó es mucho más peligroso.

Santiago se recargó contra el escritorio con los brazos cruzados. Tras un momento, habló de nuevo.

—Doctora Ariana.

—¿Sí?

—¿Ya comiste?

La pregunta hizo que Ariana se quedara en silencio un instante. Lo miró con una ceja levantada.

—¿Me mandó llamar solo para preguntarme eso?

—No. —Santiago soltó una risa suave.

Tomó su saco de la silla.

—Pero no puedo permitir que la doctora genio de mi hospital se desmaye por olvidarse de comer.

Ariana lo miró sin expresión.

—No soy tan frágil.

—Todo el mundo necesita comer.

Se sostuvieron la mirada durante unos segundos. Santiago dijo con naturalidad:

—Vamos a almorzar.

—Todavía estoy trabajando.

—Yo también.

Santiago abrió la puerta.

—Comemos en el comedor del hospital.

Ariana quiso negarse. Pero antes de que alcanzara a decir algo, Santiago ya había salido. Exhaló un suspiro breve y terminó siguiéndolo.

En el comedor reservado para médicos, el ambiente era mucho más tranquilo que en el área de pacientes. Cuando entraron juntos, varios doctores enmudecieron al instante.

Los cuchicheos se reanudaron.

—El director almorzando con la doctora Ariana...

—Parece que el rumor es cierto...

A Ariana le daba igual. Tomó una comida sencilla y se sentó en una de las mesas.

Santiago se sentó frente a ella.

Comieron en silencio durante varios minutos.

Entonces Santiago habló de pronto.

—Ariana.

—¿Sí? —Ella alzó un poco la cabeza.

—Hay algo que quiero preguntarte.

La mirada de Ariana se agudizó.

—¿Qué?

Santiago la miró con seriedad.

—La persona que envió el paquete.

Ariana dejó de comer.

—¿Qué con eso?

—¿Se comunicó contigo?

Ariana no respondió de inmediato. Transcurrieron varios segundos antes de que dijera en voz baja:

—¿Por qué lo supone?

—Porque alguien así no se limitaría a enviar un regalo —respondió Santiago.

Ariana no contestó, pero su expresión fue respuesta suficiente.

Santiago suspiró despacio.

—Entonces sí se comunicó contigo.

Ariana miró al hombre y asintió levemente.

—Dijo algo sobre el pasado de mis padres.

La expresión de Santiago se alteró un poco.

—¿Qué dijo?

Ariana respondió con calma.

—Dijo que la familia Guerrero efectivamente estuvo involucrada.

Un silencio denso cayó sobre la mesa. Santiago no habló durante varios segundos. Luego soltó una risa breve.

—Esa persona es astuta.

Ariana entrecerró los ojos.

—¿A qué se refiere?

—Intenta hacerte sospechar de mí. —Santiago fijó la mirada en Ariana—. Ya te lo dije: puedes sospechar de mi familia. Pero... tienes que creer en mí. Dicho de otro modo, nunca me pongas en duda.

—Yo creeré en las pruebas —dijo Ariana con firmeza.

Santiago sonrió ligeramente.

—Buena respuesta.

Volvieron a comer en silencio unos segundos. El teléfono de Santiago vibró; él miró la pantalla un instante y se levantó.

—Tengo que atender esta llamada.

Ariana asintió.

Santiago salió del comedor mientras contestaba. Una vez en un tramo solitario del pasillo, su voz se tornó seria de inmediato.

—¿Hay novedades?

La voz de un hombre al otro lado de la línea respondió con rapidez.

—Señor, el equipo especial ya localizó rastros de la organización de Kenzo en Japón.

La mirada de Santiago se afiló.

—Bien.

—¿Continuamos con la operación?

Santiago observó la ventana del hospital.

—Todavía no.

—¿Por qué, señor?

Santiago respondió en voz baja.

—Nuestro objetivo principal ahora no es Kenzo.

—¿Qué quiere decir?

—Kenzo ya empezó a moverse.

Miró hacia el comedor, donde Ariana seguía sentada sola.

—Y su objetivo ahora... es Ariana.

—¿Debemos trasladar a la doctora Ariana a un lugar seguro? —La voz al teléfono sonó tensa.

Santiago contestó sin vacilar.

—No.

—¿Por qué?

Por una razón muy simple.

Si Ariana era trasladada, Kenzo desaparecería otra vez, igual que veinticinco años atrás.

Santiago miró al frente con expresión severa.

—Dejemos que se acerque. Sé que el riesgo de usar a Ariana como señuelo es enorme. Pero... hay que ponerle fin a todo esto. Kenzo es un criminal extremadamente peligroso, y debemos capturarlo cuanto antes.

La voz al teléfono guardó silencio unos segundos.

—Señor... desde el principio, cuando usted volvió a asumir la posición de heredero de la familia Guerrero... ¿fue precisamente por esto?

Santiago no respondió, pero su mirada lo decía todo. Había regresado al país y retomado el poder de la familia Guerrero por una sola razón: Kenzo.

Sin embargo, había algo que no estaba en sus planes. Santiago dirigió la mirada hacia Ariana, que permanecía sentada en el comedor. La mujer lucía calmada, incluso algo distante como de costumbre. Pero... era justamente eso lo que lo atraía cada vez más.

—Sí —respondió con seguridad.

Santiago colgó y exhaló un suspiro breve. Su mirada se suavizó levemente.

—Ariana, al principio me acerqué a ti por la misión. Pero ahora... de verdad no quiero perderte.

Segundos después, Santiago volvió al comedor.

Ariana lo miró.

—¿Asuntos de trabajo?

—Sí. —Santiago se sentó frente a ella de nuevo.

Ariana no preguntó más.

Tac... tac... tac...

El sonido de tacones de mujer se acercó. Verónica apareció y, sin muchos preámbulos, se sentó junto a Santiago. Incluso se colgó de su brazo con gesto posesivo.

—Santiago...

Pero antes de que Verónica pudiera decir otra palabra, Santiago ya se había zafado del abrazo.

Su rostro era frío.

Santiago estaba enterado de lo ocurrido en la fiesta, de cómo Verónica había intentado tenderle una trampa a Ariana. Eso lo había decepcionado profundamente.

—Verónica, a partir de hoy compórtate con más respeto conmigo —dijo Santiago con firmeza.

Verónica se quedó atónita.

—Somos hermanos adoptivos —continuó Santiago—, pero... tienes que empezar a entender tus límites. No quiero que haya malentendidos.

Hizo una pausa antes de proseguir con tono más serio.

—Y respecto a tu cargo como directora, lo voy a discutir con mi padre otra vez. Parece que todos esos años de formación en el extranjero... todavía no fueron suficientes.

La mirada de Santiago era cortante.

—Empieza desde abajo. Sé una médica común que realmente trabaje por sus pacientes.

Los ojos de Verónica se abrieron de par en par.

—¿Por qué cambiaste? —Su voz delataba incredulidad—. Antes me querías mucho, Santiago.

—Eso fue antes, cuando estabas sola y yo de verdad te consideraba mi hermana. —Santiago la miró con actitud firme—. Pero ahora... ya eres adulta. Tienes que ser capaz de trazar tu propio camino.

Santiago suspiró despacio.

—Ahora vete. Quiero almorzar a solas con Ariana.

El rostro de Verónica se encendió de ira contenida. Se puso de pie y lanzó una mirada cargada de hostilidad hacia Ariana. Pero como Santiago seguía observándola, solo pudo tragarse la rabia antes de irse.

Una vez que Verónica desapareció de vista, Ariana esbozó una sonrisa casi imperceptible.

—De mujer a mujer... creo que ella no lo ve a usted como un hermano.

Se encogió de hombros con ligereza.

—En realidad no quiero meterme en los asuntos de su familia. Pero si alguien intenta perjudicarme... no me voy a quedar de brazos cruzados.

Al escucharla, Santiago sonrió abiertamente.

—Tranquila, ella solo será mi hermana. Si comete un error, yo mismo me encargaré de disciplinarla.

Luego clavó la mirada en Ariana con más intensidad. La sonrisa de Santiago se volvió cálida.

—Y una cosa más... soy un hombre fiel. Si ya me gusta una mujer... hasta la muerte, solo amaré a esa mujer.

El rostro de Ariana se alteró un instante, pero enseguida recuperó la compostura. No le dio demasiada importancia a las palabras de Santiago. Porque... ella nunca se enamoraría.

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