Darien es el hijo mayor de Elara, heredera de la luz y la vida, y del Señor de las Sombras, soberano del reino de la oscuridad. Nació con una fuerza descomunal, una estatura que lo hace parecer un gigante, pero con un alma dulce, ingenua y sincera, como la de un niño que aún no conoce la crueldad total del mundo. Junto a él crecieron sus hermanos menores: Liora, que domina la magia de la naturaleza, y Kael, con el don de viajar entre sombras.
Cuando la paz entre los reinos se ve amenazada por fuerzas antiguas que buscan separar de nuevo la luz y la oscuridad, Darien es enviado a negociar una alianza con el reino de los inmortales, gobernado por la Reina Irina en el continente de Mordrasil. Pero Irina no es una simple soberana: es astuta, calculadora, y ha oído hablar de los peligros del linaje de Darien. Decide espiarlo, acercarse a él con fingida amabilidad para descubrir sus debilidades y sus secretos.
Contenido +18
NovelToon tiene autorización de Tatiana. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Plenitud y el inicio de un nuevo ciclo
La luz tenue de la luna eterna seguía filtrándose por los grandes ventanales, bañando la habitación con tonos plateados y dorados. Después de aquel primer encuentro, ninguno de los dos tenía prisa por separarse. Darien seguía abrazando a Irina con suavidad, manteniéndola pegada contra su cuerpo, sintiendo el calor que emanaba de su piel y la tranquilidad que solo ella le daba.
Poco a poco, el deseo volvió a despertar, más suave pero igual de intenso. Darien deslizó sus manos por su espalda, recorriendo cada curva con caricias lentas y atentas, hasta llegar a sus sen°s, donde acarició y besó con una mezcla de ternura y pasión, haciendo que ella soltara suspiros suaves y se aferrara más fuerte a sus hombros.
—Eres increíble… —murmuró Irina con voz entrecortada, arqueando la espalda para buscar más contacto.
Darien la acomodó con cuidado y bajó sus dedos hacia su zona más íntima, rozando suavemente la entrada de su vag°na, provocando en ella sensaciones intensas y placenteras. Al mismo tiempo, sentía cómo su propio miembr° se ponía firme y lleno de deseo, listo para unirse a ella.
Cuando se colocó entre sus piernas, se detuvo un instante para mirarla a los ojos, buscando su consentimiento. Al verla asentir con una sonrisa llena de entrega, comenzó a introducir su miembr° poco a poco en su interior, avanzando con mucha suavidad hasta estar completamente dentro. Ambos dejaron escapar un suspiro profundo, sintiendo aquella sensación de unión total.
Comenzaron a moverse con un ritmo que se adaptaba el uno al otro: él empujaba con fuerza pero control, con profundidad y lentitud al principio, luego aumentando la intensidad a medida que el placer crecía. Sus cuerpos se ajustaban en cada movimiento, generando un calor envolvente que llenaba todo el espacio. Cada beso, cada caricia, cada roce los llevaba más cerca del límite.
—Más… Darien… no pares… —le pedía ella entre gemidos suaves, moviendo sus caderas al compás de él.
Darien respondía con más pasión, sujetándola con firmeza, pero sin hacerle daño, asegurándose de que cada embestida le diera el máximo placer. La sensación en su interior era tan intensa que pronto sintió cómo se acercaba el clím*x, al mismo tiempo que notaba que el cuerpo de Irina también se tensaba para llegar al mismo punto.
Alcanzaron el clím*x juntos, con un estremecimiento profundo que los recorrió por completo, soltando el nombre del otro entre suspiros, mientras sus cuerpos se contraían en una ola de sensaciones inolvidables.
Se quedaron así, entrelazados, recuperando el aliento, con la respiración agitada y la piel brillante por el sudor. Darien no se apartó de inmediato; se quedó allí, manteniéndola unida a él, besando su frente, sus mejillas y sus labios con suavidad.
—Nunca imaginé que podría sentirme así —le dijo él en voz baja, con la voz todavía grave por la emoción—. Contigo todo tiene sentido, Irina.
—Y yo he esperado siglos para encontrar esto —respondió ella, acariciando su pecho ancho y firme, sintiendo los latidos fuertes de su corazón—. Ahora que estamos unidos, nada nos separará. Y como prometimos, pronto vendrá nuestra descendencia, que llevará nuestra sangre, nuestra magia y nuestro equilibrio.
Darien asintió, sonriendo con una felicidad que no cabía en él. Acarició su vientre con una mano grande y cálida, como si ya pudiera sentir allí la vida que pronto comenzaría a crecer.
—Serán hijos fuertes, sabios y libres —murmuró—. Tendrán lo mejor de los dos: mi capacidad de equilibrar la luz y la oscuridad, y tu fortaleza, tu inteligencia y tu nobleza. Serán el futuro de nuestros reinos.
Pasaron el resto de la noche entre caricias, besos y conversaciones tranquilas, explorándose una y otra vez sin prisa, disfrutando de cada instante de intimidad. Ya no había secretos ni barreras; se conocían por completo, en cuerpo y alma.