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El Heredero Del Abismo

El Heredero Del Abismo

Status: En proceso
Genre:Demonios / Viaje a un mundo de fantasía / Apocalipsis
Popularitas:263
Nilai: 5
nombre de autor: El Grillo

¿Crees en un mundo perfecto?
Mateo con su consola sin portada... SI aunque tenga que ser por encima quien sea... Asi sea su familia... Culpable ¿SI o NO?

NovelToon tiene autorización de El Grillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA CONSOLA SIN NOMBRE

La lluvia golpeaba los ventanales del apartamento de los Rivas con una insistencia casi hipnótica. Afuera, la ciudad parecía envuelta en un velo gris, donde las sirenas de la policía se mezclaban con el rumor constante del agua.

Mateo Rivas apenas levantó la vista de su portátil.

Llevaba más de tres horas intentando corregir un error en un programa para la universidad. Estudiaba ingeniería informática y, aunque le apasionaba crear software, aquella noche todo parecía salir mal.

Suspiró.

—No puede ser...

Guardó el archivo y cerró el computador.

Desde la cocina llegó la voz de su madre.

—¡Mateo! La comida está lista.

—¡Ya voy!

Al entrar al comedor encontró a toda la familia reunida.

Su hermana menor hablaba emocionada sobre una excursión del colegio.

Su madre servía sopa mientras sonreía con cansancio.

Solo faltaba una persona.

Su padre.

Como casi todas las noches.

Diez minutos después, la puerta principal se abrió.

Héctor Rivas apareció empapado por la lluvia.

Llevaba el saco arrugado, la barba de varios días y unas profundas ojeras que parecían haberse instalado para siempre en su rostro.

Era uno de los detectives más respetados de la ciudad.

Y también uno de los más obsesionados.

—¿Otro caso? —preguntó la madre.

Héctor dejó las llaves sobre la mesa sin responder de inmediato.

Se sentó.

Respiró hondo.

Luego dijo únicamente:

—Encontramos otro.

El ambiente cambió por completo.

Nadie hizo más preguntas.

Todos sabían de qué hablaba.

Los Sin Rostro.

Durante más de cinco años, aquella organización había sembrado el miedo.

No dejaban cadáveres.

No pedían rescates.

No reclamaban asesinatos.

Simplemente...

Las personas desaparecían.

Y, semanas después, alguien ocupaba su lugar.

Con el mismo nombre.

La misma voz.

Los mismos recuerdos.

Los vecinos juraban que siempre habían sido ellos.

Los documentos coincidían.

Las fotografías también.

Solo los familiares más cercanos comenzaban a notar pequeñas diferencias.

Una mirada.

Una sonrisa.

Una palabra.

Después...

También dejaban de recordarlo.

Como si la realidad hubiera sido reescrita.

Mateo nunca creyó del todo aquellas historias.

Pensaba que su padre exageraba debido al estrés.

Hasta que Héctor habló nuevamente.

—Hoy encontré una fotografía.

Sacó una imagen vieja y la dejó sobre la mesa.

Aparecían cuatro personas sonriendo frente a una casa.

—Éramos cinco —susurró.

Mateo frunció el ceño.

Contó una y otra vez.

Solo había cuatro.

—Papá...

Héctor levantó lentamente la mirada.

—Juro que había otra persona.

Nadie respondió.

La madre tomó la fotografía.

La observó durante varios segundos.

Después negó con la cabeza.

—Siempre fuimos cuatro.

Héctor permaneció inmóvil.

Por primera vez en muchos años...

Dudó de su propia memoria.

A la mañana siguiente, Mateo salió temprano hacia la universidad.

Las clases pasaron lentas.

Algoritmos.

Redes.

Bases de datos.

Nada lograba mantener su atención.

No dejaba de pensar en la fotografía.

Al terminar las clases decidió caminar sin rumbo por el centro de la ciudad.

Le gustaban los mercados de objetos usados.

Siempre encontraba piezas antiguas para reparar.

Relojes.

Radios.

Consolas.

Mientras recorría un estrecho callejón lleno de puestos improvisados, algo llamó su atención.

Una pequeña consola negra.

Era extraña.

No tenía logotipo.

Ni botones identificables.

Parecía fabricada con un material que absorbía la luz.

A su lado descansaba un cartucho completamente negro.

Sin título.

Sin imagen.

Sin marca.

Solo una frase grabada con letras plateadas.

"Solo juega si estás dispuesto a juzgar."

Mateo soltó una risa.

—Qué forma tan rara de vender un videojuego.

El anciano del puesto apareció detrás de él.

Era extremadamente delgado.

Su piel tenía un tono grisáceo.

Y sus ojos parecían demasiado claros.

—No está en venta.

Mateo levantó una ceja.

—Entonces ¿por qué está aquí?

El hombre guardó silencio.

Después respondió:

—Porque estaba esperando a alguien.

Un escalofrío recorrió la espalda de Mateo.

Intentó reír nuevamente.

—¿Cuánto cuesta?

El anciano lo observó durante unos segundos.

Como si estuviera tomando una decisión importante.

—Llévatelo.

—¿Gratis?

—Nada es gratis en la vida.

Sonrió lentamente.

—El precio lo pagarás después.

Antes de que Mateo pudiera preguntar qué significaba aquello, el anciano colocó la consola dentro de una bolsa de tela negra.

—No olvides una cosa.

—¿Cuál?

El hombre inclinó ligeramente la cabeza.

—Cuando empieces...

No podrás detenerte.

Al regresar a casa, encontró el apartamento completamente vacío.

Su madre aún trabajaba.

Su hermana seguía en el colegio.

Su padre continuaba investigando.

Perfecto.

Conectó la consola al viejo televisor de su habitación.

La pantalla permaneció negra durante casi un minuto.

Pensó que estaba dañada.

Entonces...

Una tenue luz roja comenzó a expandirse desde el centro.

No apareció ningún logotipo.

Ninguna empresa.

Ninguna presentación.

Solo una pantalla oscura donde lentamente se dibujó un único mensaje:

BIENVENIDO

Las letras desaparecieron.

Surgió un menú.

No había opciones de configuración.

No existía continuar partida.

Solo una.

NUEVA SENTENCIA

Mateo frunció el ceño.

—Qué juego más raro...

Tomó el control.

Presionó el botón de aceptar.

La pantalla se volvió completamente negra.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

Entonces comenzó a escucharse una respiración.

Lenta.

Profunda.

Como si alguien estuviera justo detrás de él.

Mateo giró rápidamente.

No había nadie.

Cuando volvió a mirar el televisor...

La pantalla mostraba el rostro inmóvil de un hombre desconocido.

Debajo de la imagen apareció una única pregunta.

"¿Estás preparado para conocer la verdad?"

Antes de que pudiera responder, la puerta de su habitación se cerró sola con un golpe seco.

Y el televisor emitió un sonido que no parecía provenir de unos altavoces...

Sino de algo que acababa de despertar al otro lado de la pantalla.

Continuará...

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