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Hollow Creek

Hollow Creek

Status: Terminada
Genre:Terror / Mitos y leyendas / Maldición / Completas
Popularitas:113
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Camila llega sola a Hollow Creek para olvidar la muerte de su madre. Su auto queda destrozado por trampas en el camino y encuentra a cinco jóvenes acampando. Pronto descubre que ese rincón de Texas esconde una familia que lleva generaciones aislada… y algo mucho más antiguo que ellos.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Llevaban un rato caminando cuando el aire cambió.

No fue el olor dulce de siempre. Fue algo más denso, más viejo. Como tierra removida de muy abajo mezclada con carne que lleva años pudriéndose en la oscuridad. Camila lo notó primero. Apretó más el brazo de Tomi y él también lo sintió, porque se tensó a su lado a pesar del dolor.

—Para —susurró ella.

Se detuvieron junto a un grupo de árboles retorcidos. El silencio era absoluto. Ni insectos. Ni viento. Solo su respiración y el leve quejido que Tomi soltaba cada vez que inspiraba hondo.

Después lo vieron.

No salió de golpe. Se fue formando entre los troncos, como si la oscuridad misma se estuviera espesando y tomando forma. Primero fue una sombra más alta que cualquier persona. Después adquirió volumen. Después detalles que no deberían existir.

Era alto. Demasiado alto.

Los hombros anchos y torcidos, como si los huesos no hubieran crecido de forma correcta. La piel —si es que era piel— tenía un color grisáceo oscuro, irregular, con zonas que parecían más duras, casi como corteza, y otras más blandas y brillantes de humedad. No tenía ropa. No necesitaba. El cuerpo era una mezcla de humano y de algo que nunca debió salir a la superficie.

La cabeza era lo peor.

Alargada. Sin pelo. Los ojos no estaban donde debían. Eran dos puntos negros, hundidos, sin brillo, demasiado separados. La boca se abría demasiado abajo y mostraba dientes irregulares, algunos rotos, otros demasiado largos. No cerraba del todo. De ella salía un hilo constante de saliva oscura que goteaba al suelo.

No caminaba como una persona.

Las piernas se doblaban al revés en algunas articulaciones. Cada paso era un movimiento lento y pesado, como si el cuerpo pesara más de lo que la estructura podía soportar. Y sin embargo se movía con una seguridad terrible. Sabía exactamente dónde estaban.

Tomi soltó un sonido ahogado y se apretó más contra Camila.

Ella no pudo moverse. El miedo le había clavado los pies en la tierra. Solo pudo mirar.

La cosa se detuvo a unos quince metros.

Inclinó la cabeza de forma antinatural, casi tocándose el hombro con la oreja. Olió el aire. El sonido que hizo después no fue un gruñido. Fue algo más bajo, más largo, como aire forzándose a través de una garganta que no estaba hecha para hablar. Pero había intención. Los estaba reconociendo.

Camila sintió que las piernas le fallaban.

Todo lo que habían visto hasta ahora —las trampas, la familia, los cuerpos, el santuario— de repente tenía sentido de la peor manera posible. Aquella cosa era lo que alimentaban. Lo que cuidaban. Lo que mantenía el bosque cerrado y podrido. Y ahora los había encontrado.

Tomi habló con un hilo de voz:

—No… no puede ser real…

La criatura dio un paso más.

El suelo crujió bajo su peso. Otro paso. El olor se volvió casi sólido. Camila notó que de la piel de la cosa caían trozos pequeños, como si se estuviera deshaciendo y regenerando al mismo tiempo. En el pecho tenía marcas profundas, viejas cicatrices que formaban símbolos parecidos a los de la cueva.

De pronto giró la cabeza hacia el lado opuesto.

Como si hubiera escuchado algo que ellos no oyeron. Se quedó quieta unos segundos. Después, sin ninguna prisa, empezó a alejarse entre los árboles. No corrió. No los atacó. Solo se fue, arrastrando un poco una de las piernas, hasta que la oscuridad se la tragó otra vez.

El silencio que dejó fue peor que su presencia.

Camila y Tomi se quedaron congelados. El corazón de ella latía tan fuerte que le dolía la cabeza. Tomi temblaba contra su costado, y no solo por la herida.

—Eso… —empezó él, pero no terminó.

Camila lo sostuvo con más fuerza.

—Ya sé. Ya lo vi.

No hicieron falta más palabras.

Los dos entendieron lo mismo en el mismo momento: la familia de las colinas eran solo los perros guardianes. Lo que acababan de ver era el dueño. Y el dueño ahora sabía que seguían vivos.

Camila miró en la dirección en la que se había ido la cosa.

Después miró a Tomi, pálido y sangrando otra vez a través del vendaje.

Y entendió que el tiempo se les acababa de verdad.

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LJ Series
Me gustan este tipo de historias 👀
hey y aparezco ahí, mi nombre también es Leo
LJ Series
Interesante, veamos que tal
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