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Cláusulas Del Corazón

Cláusulas Del Corazón

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Venderse para pagar una deuda / Autosuperación
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: @maryurisve

Renata necesitaba dinero para proteger a su hermana menor, Julián necesitaba redimir a su familia, honrar la memoria del único hombre que creyó en él y salvar a la mujer de la que siempre estuvo enamorado en silencio.
La solución parecía sencilla, firmar un contrato, donde la única condición era no involucrar los sentimientos. Sin embargo, en un juego donde las deudas se saldan con caricias y el pasado esconde un fraude imperdonable, la única forma de sobrevivir al deseo será rompiendo sus propias reglas.

NovelToon tiene autorización de @maryurisve para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8:Habitación 408

En las afueras de la ciudad Renata detuvo su auto frente al discreto hotel, suspiró con resignación, verificó su maquillaje y su cabello en el retrovisor, antes de bajar del vehículo. Cruzó el vestíbulo del lugar, un espacio sobrio y alejado del bullicio de la ciudad Capital, Renata detuvo sus pasos en la entrada, apretando la correa de su bolso contra su traje sastre blanco.

El lugar era una fachada elegante para un sitio diseñado, olía a lirios frescos y evidentemente, para la confidencialidad, avanzó hacia la recepción a paso lento, sintiendo que los tacones de sus zapatos resonaban con demasiada fuerza sobre el mármol.

Tras el mostrador, una recepcionista joven y atractiva, de modales impecables levantó la mirada.

—Buenas tardes, bienvenida —saludó el hombre con una cortesía ensayada que, lejos de calmarla, le erizó la piel.

—Buenas tardes... —la voz de Renata traicionó su aplomo, saliendo en un hilo apenas audible. Aclaró su garganta y forzó la postura, intentando aferrarse a la coraza ejecutiva que la había acompañado toda la mañana—Necesito... una habitación, por favor.

El hombre no pestañeó ni hizo gestos fuera de lugar; porque la discreción era la política del establecimiento, luego tecleó un par de comandos en el ordenador antes de mirarla de nuevo.

—¿Una suite para estadía corta o la noche completa, señorita?

A Renata se le encendió el rostro, y un calor punzante le subió por el cuello, pero se obligó a mantener el mentón en alto para que el temblor de sus manos no quedara al descubierto.

—La noche completa —respondió Renata, entregando su tarjeta de crédito con la firmeza vacilante de quién se lanza a un abismo.

El joven tomó una tarjeta y le extendió la llave de acceso.

—Listo. Suite 408, en el cuarto piso. Por aquí acceda al elevador, disfrute de su estancia.

Renata tomó la tarjeta, murmuró un “gracias” casi inaudible y caminó hacia los ascensores como si llevara una condena sobre los hombros.

Al entrar en la cabina se observó en el espejo y esperó a que las puertas del aparato se cerraran por completo, para dejarse apoyar contra la pared.

Sacó su teléfono celular con los dedos rígidos debido a los nervios, entró al chat con Julián, donde la ubicación que él le había enviado horas antes permanecía en la pantalla. Escribió el mensaje rápidamente, antes de que el arrepentimiento o el orgullo detuvieran su mano: "Llegué. Habitación 408".

Envió el texto y presionó el teléfono contra su pecho, escuchando el lejano sonido del ascensor anunciando la llegada del cuarto piso, su corazón le martillaba en el pecho, mientras daba el primer paso por el pasillo alfombrado, rumbo a la habitación donde, estaba convencida, entregaría su última libertad.

A un par de kilómetros de allí, el teléfono de Julián, estaba sujeto al soporte del tablero de su camioneta, y emitía un breve zumbido, con la mirada fija en el asfalto de la autopista, luego tocó la pantalla para leer la notificación: "Ya estoy aquí. Habitación 408".

Al leer el texto, Julián frunció el ceño, y estaba profundamente desconcertado, levantó ligeramente el pie del acelerador mientras su mente intentaba procesar las palabras en la pantalla: ¿Habitación 408?

Puso una expresión de confusión en su rostro, porque él le había enviado la ubicación del centro de negocios del hotel—un espacio muy discreto y privado que solía utilizar para cerrar acuerdos confidenciales lejos de las miradas de la prensa o la familia Benítez—Y en ningún momento se le cruzó por la cabeza reservar una habitación.

Julián pensó en un primer instante: ¿Por qué Renata pediría una suite?, y eso le provocó un dejo de incomodidad, luego supuso que tal vez ella se sentía demasiado abrumada después del acoso de los deudores de la firma Lozano y preferiría un espacio neutro y aislado para revisar los documentos con calma sin correr el riesgo de ser vistos juntos.

Jamás imaginó el enorme malentendido que pasaba por la cabeza de ella, apretó las manos sobre el volante, sintiendo una punzada de preocupación en el pecho.

—Tranquila, Renata... ya casi llego —murmuró para sí mismo.

Julián aceleró el motor de ocho cilindros para acortar la distancia, ansioso por entregarle los papeles, sacarla de cualquier duda y devolverle, finalmente, la oportunidad que en el pasado le había brindado el padre de Renata cuando él necesitaba un capital inicial y su propia familia se negó a apoyarlo.

En el hotel, la puerta de la suite 408 se cerró con un suave clic que retumbó en la cabeza de Renata como el golpe de un mazo, el silencio en la habitación se volvió sofocante, matizado apenas por la luz del sol de las cinco de la tarde que se filtraba por el ventanal.

Renata permaneció de pie cerca del cristal, observando la silueta de las montañas a lo lejos, con la espalda recta y las manos entrelazadas al frente, llevaba su impecable traje blanco como una armadura, pero por dentro el pulso de su corazón le martilleaba en el pecho.

Julián detuvo su auto, tomó su maletín y bajó del auto, apresuró su paso, cruzó las puertas del hotel y ni se inmutó ante la elegancia del lobby, entró en el ascensor y pulsó el cuarto piso, mientras intentaba calmar sus pensamientos, notó que la habitación quedaba al final del pasillo, se detuvo frente a la puerta, quiso tocar pero al poner la mano sobre la manija descubrió que no tenía seguro.

El sonido del cerrojo al abrirse rompió la calma, entonces Julián entró a la habitación con paso firme y se detuvo un instante.

Al girarse Renata no pudo evitar sobresaltarse, hacía un par de años que no lo veía en persona y su presencia física la tomó por sorpresa, porque lo recordaba como un muchacho más delgado, sin embargo, el hombre frente a ella era más fornido, usaba un traje oscuro que resaltaba sus hombros anchos, y su presencia ocupaba el espacio de una forma que a Renata la dejó sin aliento.

Julián caminó hacia la mesa auxiliar para depositar el portafolios de cuero donde guardaba las escrituras y el fideicomiso, al volverse hacia ella, se ajustó las gafas de pasta sobre el puente de la nariz con un movimiento torpe, un viejo tic que adoptaba cada vez que estaba nervioso y que contrastaba con su físico imponente.

—Renata... —empezó él, con la voz más grave de lo habitual por la emoción contenida—Francesco me dijo que todo salió bien esta mañana. Los documentos...

—No hace falta que lo adornes, Julián —lo interrumpió ella, levantando una mano con gesto distante.

Su voz sonó firme, aunque las yemas de sus dedos temblaban, caminó hacia él con paso lento, y cada centímetro que acortaba la distancia entre los dos aumentaba la tensión que había en el aire. Se detuvo a escasos centímetros de Julián, levantó su mirada encontrándose con unos ojos oscuros que la observaban con algo parecido a la devoción.

—Sé por qué estoy aquí y lo que has hecho por mi familia —continuó ella, obligándose a no pestañear—Y los Lozano jamás dejamos una deuda sin pagar.

Julián entreabrió los labios, confundido por la frialdad y la resignación en sus palabras, pero antes de que pudiera procesar la frase. Renata se llevó sus manos al primer botón de su chaqueta blanca y lo desabrochó, ese gesto paralizó a Julián por completo.

—¿Renata? ¿Qué...?

Ella no respondió, sino que bajó al segundo botón.

Entonces Julián reaccionó instintivamente y le sujetó las muñecas, sus manos aunque eran grandes, a la vez resultaban  cálidas y firmes, rodeándola con un cuidado extremo que hicieron que Renata sintiera un vuelco en el estómago.

—Detente —susurró él, respirando con dificultad mientras la miraba a escasa distancia— Por favor, detente... No tienes que hacer esto. Yo jamás...

—Por favor Julián, no lo hagas más difícil —pidió ella en un susurro, dejando que su corazón de mujer orgullosa se agrietara por primera vez en todo el día.

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GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
👏👏👏👏🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Cuando se entere, con quién fue que se acostó, y no precisamente para salvar la empresa.🤭🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Que bien, iniciamos otra aventura, que seguramente será maravillosa. Gracias. 👏👏👏🤗🤗🤗🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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