Cuando sus mundos chocan, la atracción es inmediata, explosiva y peligrosa. Lo que comienza como una misión para Scarlett se convierte en una obsesión mutua donde la línea entre el deber y el deseo se desdibuja peligrosamente.
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CAPÍTULO 14
El almacén se vacía lentamente.
Los hombres de Marcos desaparecen uno a uno, dejando solo el eco de sus pasos y el olor a humedad y sangre. Scarlett permanece inmóvil, el arma aún en su mano, aunque ya sin munición. La entregó cuando aceptó el trato. Fue lo único que pidió Marcos. Y ella lo hizo.
Ahora está sola con el hombre que quiere destruirlos.
Marcos la observa desde el otro lado del almacén, apoyado contra una pared, los brazos cruzados. Hay algo en su mirada que Scarlett no logra descifrar, no es solo deseo, no es solo crueldad. Es curiosidad. Como si ella fuera un espécimen extraño que necesita estudiar.
—¿Sabes?
dice finalmente.
—nunca entendí qué vio él en ti.
Scarlett no responde.
—Quiero decir, eres hermosa, eso está claro. Pero hay muchas mujeres hermosas. Él podía tener cualquiera. Y sin embargo, eligió a la única que podía destruirlo.
Sonríe.
— Es casi poético.
—¿Vas a matarme?
—¿Matarte? No.
Marcos se acerca lentamente
— Sería un desperdicio. Eres demasiado valiosa.
—¿Valuable para qué?
—Para todo. Para negociar con el FBI. Para negociar con Alejandro, cuando vuelva a buscarte. Porque volverá, ¿sabes? Ese idiota volverá. Y cuando lo haga, tú serás mi mejor carta.
Scarlett siente un escalofrío. No por la amenaza, sino por la certeza de que Marcos tiene razón. Alejandro volverá. Y cuando lo haga, caminará directamente hacia la trampa.
—No vendrá
miente.
— Me odia. Cree que lo traicioné. eso le dijiste no?
—Sí. pero no me creyó.
Marcos ríe.
—Lo conozco desde que éramos niños. He visto cómo te miraba. Ese hombre está perdidamente enamorado de ti. Vendrá aunque sepa que es una trampa. Vendrá aunque le cueste la vida.
—Entonces lo matarás, verdad?
—Eventualmente. Pero primero quiero verlo sufrir. Quiero que te vea a mi lado. Que piense que elegiste quedarte. Que lo cambiaste por mí.
Se inclina, rozando su mejilla con los dedos, donde ella está sentada.
—Será hermoso.
Scarlett aparta el rostro con violencia.
—No me toques.
—Oh, te tocaré. Y más. Pero no hoy. Hoy solo quiero que conozcas tu nuevo hogar.
La casa de Marcos es una mansión en las afueras, tan lujosa como la de Alejandro pero con una diferencia fundamental, esta llena de maldad. Los cuadros son oscuros, las habitaciones frías, los sirvientes caminan con la cabeza gacha y los ojos vacíos.
Scarlett es conducida a una habitación en el segundo piso. No está cerrada con llave, pero eso no importa, hay hombres en cada puerta, cámaras en cada rincón, y ella está embarazada. No puede arriesgarse a una huida que ponga en peligro a su hijo.
—Quédate aquí
dice el hombre que la escolta.
— Marcos vendrá más tarde.
Cuando la puerta se cierra, Scarlett se deja caer en la cama. Por primera vez en horas, está sola. Por primera vez en horas, puede llorar. Y llora.
Llora por Alejandro, por no saber dónde está, por no saber si está herido, si está vivo. Llora por su hijo, por haberlo puesto en peligro. Llora por ella misma, por haberse enamorado del hombre equivocado en el momento equivocado.
Pero cuando las lágrimas se secan, algo cambia en su interior.
La agente Scarlett O'Connor no se rinde. La mujer que ha capturado a criminales no se rinde. La madre que lleva un hijo en el vientre no se rinde.
Se levanta, se seca la cara, y comienza a observar.
La habitación tiene una ventana, pero está a dos pisos de altura y da a un jardín custodiado. La puerta tiene un cerrojo simple, pero seguro que hay hombres al otro lado. Las opciones de escape son mínimas.
Pero no necesita escapar hoy. Necesita información. Necesita conocer la casa, las rutinas, los puntos débiles. Necesita prepararse.
Necesita sobrevivir hasta que Alejandro vuelva.
Pasan las horas. Scarlett explora cada centímetro de la habitación, los cajones vacíos, el baño con una pequeña cuchilla de afeitar olvidada que esconde en el sujetador, el armario con ropa que no es suya, claramente comprada para ella.
Cuando cae la noche, la puerta se abre.
Marcos entra con una bandeja de comida.
—Pensé que tendrías hambre.
Scarlett no se mueve.
—No tengo hambre.
—Vamos, no seas tonta. Tienes que comer por el bebé.
Deja la bandeja sobre la mesa.
— Aunque personalmente espero que sea niño. Me encantaría matar al heredero de Alejandro.
La sangre de Scarlett hierve.
—Si tocas a mi hijo...
—¿Qué, Qué vas a hacer?
Marcos se acerca.
—Estás sola, estás desarmada, estás en mi casa. No tienes poder aquí.
—Tengo mi odio. Y es suficiente.
Marcos la mira largamente. Luego sonríe.
—Me gustas. De verdad. Eres la única mujer que ha valido la pena en mucho tiempo.
Se sienta en una silla frente a ella.
—Hablemos.
—No tengo nada que hablar contigo.
—Yo creo que sí. Por ejemplo, podemos hablar de Alejandro. De todos sus secretos. De todo lo que no te contó.
—No me interesa.
—¿No, Ni siquiera lo de su madre?
Scarlett duda. Solo un instante, pero Marcos lo nota.
—Ah, eso te interesa.
Se reclina.
— Su madre no murió de enfermedad, como él seguro te dijo. Su padre la mató. Con sus propias manos. Alejandro lo vio cuando tenía siete años.
El mundo se detiene.
—Mientes...
—Ojalá. El viejo Moretti es un monstruo. Y Alejandro ha pasado su vida tratando de no ser como él.
Marcos se inclina.
—Pero la sangre tira, ¿sabes? Por más que corras, la sangre siempre tira. Él acabará siendo como su padre. Y tú acabarás muerta, como su madre.
Scarlett siente que las palabras la golpean físicamente. Pero se niega a mostrarlo.
—Alejandro no es como su padre.
—No. Aún no. Pero espera. Cuando tenga que elegir entre el poder y tú, veremos qué pasa.
—Ya eligió. Me eligió a mí.
—¿Ah, sí?
Marcos ríe.
— Y sin embargo, aquí estás. Conmigo. Y él, ¿dónde está? Huyendo. Sobreviviendo. O quizás ya muerto. Quién sabe.
—Está vivo.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
—Porque lo sentiría si no lo estuviera.
Las palabras salen sin pensar, pero Scarlett sabe que son verdad. Hay un hilo invisible que la conecta con Alejandro, una cuerda que late con cada latido de su corazón. Si él muriera, ella lo sabría. Lo sentiría romperse.
Marcos la observa con algo parecido al respeto.
—Eres increíble
repite.
— Lástima que tenga que matarte.
Se levanta y se dirige a la puerta.
—La comida se enfría. Come. Necesitas fuerzas.
Se detiene en el umbral.
— Mañana empieza tu nueva vida. Y te aseguro que no va a ser agradable.
La puerta se cierra. Scarlett espera a que los pasos se alejen. Luego toma la bandeja y come. No porque quiera, sino porque el bebé lo necesita.
Mientras mastica sin sabor, su mente trabaja. Marcos la subestima. Cree que es solo una mujer embarazada, indefensa. No sabe que ha sobrevivido a cosas peores.
Y no sabe que Alejandro vendrá. Porque vendrá. Scarlett lo sabe con la misma certeza con la que sabe que el sol saldrá mañana. Y cuando venga, ella estará lista.
En algún lugar de la ciudad, Alejandro sangra. Las heridas del almacén no son mortales, pero duelen. Camina por calles oscuras, evitando las luces, evitando a la gente. No tiene teléfono, no tiene dinero, no tiene nada.
Pero tiene un nombre. Un amigo. El único en quien puede confiar. Tiene que llegar a él. Tiene que recuperar fuerzas. Tiene que volver por Scarlett.
—Espérame
susurra.
— Voy por ti.
Y sigue caminando.
La noche es larga, pero la esperanza es más larga aún.