sinopsis de La CEO de Cristal:
La traición: Salma, una CEO exitosa y poderosa, ve su mundo perfecto colapsar cuando descubre un enredo amoroso entre su prometido, Mauricio, y su mejor amiga, Rebeca.
La transformación: Tras este duro golpe, Salma se convierte en una mujer fría, calculadora y distante, levantando una armadura de hielo para protegerse y enfocándose por completo en su imperio corporativo.
El nuevo camino: En su proceso de reinventarse, Salma se cruza con Malik, un hombre reservado y de noble corazón que desafiará su frialdad, mientras enfrenta las intrigas de la prepotente madre de este, Soraya.
El gran secreto: Más allá de las traiciones y el nuevo romance, el verdadero vuelco de la historia ocurrirá cuando salga a la luz el mayor misterio de su vida: Salma no sabe que es adoptada, un secreto que sus tíos Clara y Fernando han guardado por amor.
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Capítulo 5: El telón de la ilusión
Las dudas que habían estado carcomiendo la mente de Salma durante los últimos días se desvanecieron por completo frente al espejo de su vestidor. Mientras se ajustaba el elegante vestido que había elegido para la ocasión, una sonrisa comprensiva cruzó su rostro. Pensó en las llamadas cortadas de prisa, en las miradas esquivas y en el misterio que Mauricio había estado manejando últimamente. *Todo era por esto*, se dijo a sí misma con absoluta tranquilidad, convencida de que los secretos de su novio no eran más que los preparativos de la gran sorpresa que su amiga Rebeca le había anunciado. Su aguda intuición, infalible en el mundo de los negocios, se había dejado adormecer por la ilusión de un amor que creía perfecto.
Cuando Salma llegó al exclusivo restaurante *Dulce Paladar*, el ambiente ya estaba impregnado de una atmósfera íntima y sofisticada. Las mesas estaban rodeadas por sus seres queridos: sus padres, Clara y Fernando, quienes la miraban con un orgullo desbordante; los padres de Rebeca, Carlos y Aurora, que aplaudían su llegada; y los propios padres de Mauricio, aunque Rodolfo mantenía su habitual expresión adusta y Alicia parecía encogerse bajo su mirada.
Mauricio la recibió con una sonrisa deslumbrante, tomándola de la mano y atrayéndola hacia él con una ternura que parecía sacada de un cuento de hadas. Durante los primeros minutos, Salma se dejó llevar por la magia del momento, mostrándose muy acaramelada junto a su prometido, bebiendo champaña y aceptando las felicitaciones anticipadas de ambas familias.
De repente, las luces del salón principal disminuyeron de intensidad, centrando la atención en un sector específico del fondo. Con un suave mecanismo automatizado, un gran telón comenzó a descender lentamente a espaldas de Salma, revelando una decoración de luces titilantes y un camino de pétalos de rosa. En ese preciso instante, una hermosa y delicada melodía comenzó a sonar en vivo por los violines contratados para la ocasión.
—Voltéate, amor —susurró Mauricio al oído, con un temblor fingido pero perfecto en la voz.
Salma se giró lentamente, con los ojos abiertos de par en par ante el hermoso escenario que se desplegaba ante ella. Y justo en ese segundo, cuando la música alcanzó su nota más alta, Mauricio dio un paso atrás, se arrodilló con una parsimonia elegancia sobre el suelo de madera y, abriendo una pequeña caja de terciopelo que contenía un brillante anillo de compromiso, la miró fijamente a los ojos.
—Salma, eres lo mejor que me ha pasado en la vida. ¿Quieres hacerme el hombre más feliz del mundo y casarte conmigo? —preguntó él, proyectando la voz para que todos los presentes pudieran escuchar.
Un nudo caliente se formó en la garganta de Salma. Las lágrimas, puras y genuinas, comenzaron a deslizarse por sus mejillas mientras asentía con la cabeza, incapaz de articular palabra al principio, hasta que finalmente logró pronunciar un rotundo y emocionado:
—¡Sí, sí quiero!
El restaurante estalló en aplausos, vítores y exclamaciones de alegría. Los padres de Salma se levantaron para abrazarla con fervor, y Rodolfo asintió con una suficiencia calculadora, mientras Alicia esbozaba una sonrisa temerosa.
Sin embargo, a pocos metros de la escena, la realidad era completamente diferente. Rebeca aplaudía, pero su rostro contaba otra historia. Aunque en sus labios se dibujaba una sonrisa cordial para el resto de los invitados, su mirada reflejaba una profunda tristeza mezclada con una rabia sorda y contenida. El beso que había compartido con Mauricio horas antes le había dejado una marca imborrable en la memoria, y verlo ahí, entregándole el anillo a su mejor amiga, hizo que sintiera que le arrancaban el aire.
Carlos y Aurora, que conocían a su hija a la perfección, no tardaron en notar la extraña rigidez en su postura. Con una mezcla de preocupación y ternura, Carlos se inclinó hacia ella y le tocó el hombro.
—¿Te pasa algo, mi amor? Estás muy callada, ¿te sientes bien? —le preguntó su padre en voz baja.
Rebeca parpadeó rápidamente, volviendo de sus pensamientos oscuros, y forzó una expresión de conmovida inocencia antes de mirar a sus padres.
—No es nada, papá, te lo juro… Es solo la emoción de ver a mi mejor amiga tan feliz. Me da tanta alegría que no puedo evitar llorar un poco de la impresión —respondió ella, limpiándose una lágrima fingida.
Sus padres, con el corazón lleno de bondad y creyéndole cada palabra, la rodearon con un abrazo cálido y protector, consolando a la supuesta amiga abnegada. Ninguno de ellos, ni los tíos de Salma, ni la propia Salma, que en ese momento brillaba de felicidad con el anillo en el dedo, sospechaban que entre los aplausos y las copas alzadas, la serpiente ya había entrado al jardín.
cómo se vistió Salma