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¿Alguna Vez Me Enamore?

¿Alguna Vez Me Enamore?

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Romance / Escuela / Completas
Popularitas:547
Nilai: 5
nombre de autor: JESSE_SDV

Mey nunca imaginó que dejar la ciudad significaría dejar también la vida que conocía. Acostumbrada al ruido de las avenidas, las luces interminables y la rutina acelerada, se vio obligada a empezar de nuevo en un pequeño pueblo rodeado de campos y silencio. Todo allí parecía ajeno… hasta que conoció a Elian.
Arrogante, orgulloso y con una actitud imposible de ignorar, Elian era el tipo de chico que siempre conseguía lo que quería. Desde el primer encuentro, las discusiones entre ambos fueron inevitables. Pero detrás de su mirada desafiante y sus palabras frías, Mey comenzó a descubrir secretos que nadie más veía.
Lo que empezó como un cambio que ella nunca deseó, terminó convirtiéndose en una historia capaz de transformar sus heridas, sus miedos y hasta su forma de amar. Porque a veces, el lugar al que menos quieres ir… termina siendo donde realmente encuentras tu destino.

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Capitulo 14

Desde que comenzaron las actividades extracurriculares, Mey sintió que algo en su vida empezaba a cambiar. Poco a poco, se animaba a abrirse más con los demás. Ya no se sentía tan invisible como al principio. Aunque aún tenía momentos de inseguridad, especialmente cuando veía a Elian y Dana tan cercanos, había aprendido a no encerrarse en sí misma. Fue entonces cuando empezó a hablar más seguido con Guillermo. Tenían una conexión tranquila, sin presiones. Él era comprensivo, atento y tenía un modo de mirar que le hacía sentir escuchada.

Dana y Elian, por su parte, parecían cada vez más cercanos. Siempre estaban juntos en los ensayos de la banda, en los recreos y hasta en los trabajos grupales. A Mey le dolía verlos así, no porque Dana fuera mala amiga, sino porque no podía evitar sentir celos. Había algo en la manera en que Elian miraba a Dana, como si olvidara al resto del mundo. Ella no entendía por qué eso le dolía tanto, pero lo hacía.

Un viernes por la tarde, un grupo de compañeros decidió organizar una salida al río que cruzaba por el borde del pueblo. Era un sitio hermoso, rodeado de árboles y piedras grandes, donde el agua clara corría libremente y se formaban pozas naturales. Aunque Mey no sabía nadar, accedió a ir. No quería quedarse sola otra vez. Además, Guillermo la había animado, prometiéndole que estaría pendiente de ella.

Cuando llegaron, el ambiente era festivo. Algunos chicos ya se habían metido al agua, otros reían desde las piedras. Dana y Elian llegaron juntos, como siempre, compartiendo una botella de refresco. Mey trató de no mirar, pero no pudo evitar que su estómago se encogiera un poco.

—¿Estás bien? —le preguntó Guillermo mientras acomodaba una manta sobre una roca para sentarse.

—Sí... bueno, no sé nadar —respondió ella, un poco apenada.

—No te preocupes, yo te ayudo —le sonrió con amabilidad.

Poco después, él la acompañó hasta una parte poco profunda del río. El agua estaba fría, pero Mey se sintió valiente. Guillermo le tomó la mano con cuidado y le explicó cómo moverse.

—Solo confía en ti —le dijo—. No te voy a soltar.

Ella asintió. Sus pasos eran torpes, pero con la guía de Guillermo comenzó a sentirse más segura. Se reía cada vez que se tambaleaba, y él reía con ella. Pronto, otros compañeros notaron la escena.

—¡Mey y Guillermo se van a casar! —gritó uno de los chicos, provocando carcajadas en los demás.

—¡Besito! ¡Besito! —gritó otro, y la burla se extendió como una ola.

Mey se congeló. Su rostro se tiñó de rojo. Miró a Guillermo, esperando ver burla en su rostro, pero solo vio tranquilidad.

—No les hagas caso —le dijo—. Están molestando porque no tienen nada mejor que hacer.

Desde la orilla, Elian los miraba en silencio. Sentía una molestia que no entendía bien. No estaba celoso... ¿o sí? Algo en su interior se retorcía cada vez que veía a Mey reír con Guillermo. Pero no podía decir nada. Dana estaba a su lado, riendo también.

—¡Ay, mira a esos dos! —comentó Dana, soltando una risa—. Son lindos juntos, ¿no?

—Sí... supongo —respondió Elian sin emoción.

—¿Estás bien? —preguntó ella, notando su tono seco.

—Sí, es solo que me duele un poco la cabeza —mintió.

Dana no insistió, pero desde ese momento, Elian se quedó más callado. Observaba a Mey con disimulo, sintiendo algo que no sabía cómo nombrar. ¿Enojo? ¿Tristeza? ¿Confusión? Todo a la vez, quizás. Y más aún cuando vio que Mey, al salir del agua, sonreía ampliamente mientras se sacudía el cabello mojado.

Más tarde, mientras todos compartían una merienda improvisada al borde del río, Mey se sentó junto a Guillermo. Conversaban sobre películas, sobre libros, sobre cualquier cosa que los hiciera olvidar las burlas. Se sentía a gusto con él, aunque una parte de ella no podía dejar de mirar, de reojo, hacia donde estaban Dana y Elian.

—¿Te gusta alguien? —le preguntó Guillermo de pronto, con una sonrisa pícara.

Mey se atragantó con un trozo de galleta.

—¿Qué? ¡No! —dijo, riendo nerviosamente.

—Solo preguntaba... Aunque si te gusta alguien, está bien. Es normal —respondió él, encogiéndose de hombros.

Ella bajó la mirada, sin saber qué decir. Guillermo no insistió. Solo le ofreció otro trozo de galleta y cambió de tema. Era bueno en eso: en hacerla sentir cómoda, en no presionarla. Mey lo valoraba.

Al final de la tarde, cuando regresaron al pueblo, Mey se sintió extrañamente feliz. Por primera vez desde que llegó, había salido con sus compañeros, había reído, había aprendido algo nuevo. Claro, había tenido un momento incómodo, pero también había tenido a alguien que la apoyara.

Esa noche, mientras miraba el techo de su habitación, pensó en todo lo que había vivido ese día. Pensó en Guillermo, en su amabilidad, en su paciencia. Y pensó en Elian, en su mirada lejana, en ese silencio raro que había tenido. ¿Por qué le importaba tanto lo que él hiciera o dijera?

Cerró los ojos y suspiró. La vida en el pueblo seguía sorprendiendo, retándola, enseñándole. Y aunque a veces dolía, también tenía momentos hermosos. Como esa tarde en el río, como la risa compartida, como la mano de Guillermo guiándola en el agua fría.

Y aunque su corazón aún no sabía a quién pertenecía, una cosa era segura: estaba aprendiendo a vivir, a sentir, a ser ella misma.

Desde aquel día en el río, algo cambió sutilmente en el ambiente entre los chicos. Mey comenzó a sentirse más segura entre sus compañeros. Las miradas de burla se transformaron en sonrisas cómplices, y los silencios incómodos se volvieron conversaciones espontáneas. Guillermo se mostraba más atento con ella, buscándola con la mirada entre clases y sentándose a su lado cuando podía. Ella, por su parte, descubría en él una calidez distinta, una forma de escucharla que le daba valor a lo que decía, como si por fin alguien viera a la verdadera Mey, no solo a la chica nueva que cometía errores.

Elian, sin embargo, no dejaba de lanzar comentarios sarcásticos cada vez que veía a Mey y Guillermo hablando o riendo juntos. Aunque seguía caminando junto a Dana, sus ojos se perdían a veces en la figura de Mey, sobre todo cuando ella se alejaba sin mirarlo. Esa indiferencia le molestaba más de lo que quería admitir. Dana notó el cambio, y aunque no dijo nada al principio, comenzó a guardar cierta distancia, observando con más cuidado las actitudes de Elian. En el fondo, Mey también notaba esas miradas cruzadas, pero decidió concentrarse en su crecimiento personal y disfrutar de los momentos que comenzaban a construir algo más parecido a una amistad real.

La banda del colegio, los entrenamientos de vóley, las clases… todo parecía fluir de una manera diferente. Mey se descubría más fuerte, más decidida, y aunque no todo era fácil —todavía había días grises, aún había cosas que dolían—, cada pequeño paso era una conquista. Se aferraba a los nuevos lazos que iba formando, al apoyo silencioso de Guillermo y al recuerdo de lo que era sentirse protegida, como en el agua del río, cuando él la sostuvo. Lo que no sabía era que ese equilibrio apenas comenzaba a construirse, y que las emociones que estaban despertando entre ellos y en Elian podrían desencadenar una nueva etapa de cambios inesperados.

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