Segunda parte de Mi hijo tendrá otro padre.
Tras su partida, Laura construye una vida tranquila junto a Marcos, quien la acompaña con ternura durante los meses de embarazo, dándole la paz que tanto anhelaba. Poco a poco, Xander logra acercarse con respeto y paciencia, formando parte de esa nueva etapa sin exigir nada a cambio, demostrando con hechos que ha aprendido la lección. Sin embargo, con el paso del tiempo, los pequeños detalles que antes hacían especial a Marcos empiezan a desaparecer, hasta que Laura descubre que le ha sido infiel.
A pesar de los intentos de él por recuperarla, la presencia de Yina —una persona que no permitirá que vuelva a lastimarla— lo hace imposible. Ante esta nueva realidad, Xander ve surgir la oportunidad que tanto había esperado: demostrar que su amor es verdadero y constante, y luchar por recuperar el lugar que le corresponde junto a la mujer que ama y a su hijo, sabiendo que esta vez deberá ganárselo día tras día.
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Capitulo 10
Todo empezó con un comentario casual de una vecina, mientras Laura regaba las plantas del jardín.
—Ayer vi a Marcos en el centro comercial —le dijo con tono despreocupado—, iba muy distraído caminando por la zona de cafeterías, acompañado de una chica muy elegante. Pensé que eras tú, pero luego vi que se veían muy cómplices, como si ocultaran algo.
Laura sintió un vuelco en el pecho, pero forzó una sonrisa.
—Seguramente era una compañera de trabajo —respondió, aunque la duda ya había quedado sembrada—. A veces tienen que reunirse fuera de la oficina.
Días después, ella misma lo vio pasar en su coche, estacionando frente a un restaurante que no tenía nada que ver con su trabajo, y minutos después salió caminando junto a una mujer que le tomaba del brazo. Se detuvo a observar desde lejos, y aunque no pudo ver sus rostros con claridad, la forma en que se miraban no era la de simples colegas.
Esa noche, cuando Marcos llegó a casa, ella intentó preguntar con calma, sin acusar.
—Hoy pasé por el centro —empezó despacio—. Vi tu coche frente al restaurante del parque. ¿Tuviste alguna reunión allí?
Marcos se tensó de golpe, y tardó unos segundos en contestar.
—Ah… sí, bueno, sí —balbuceó sin mirarla—. Fue un encuentro rápido con unos clientes. No te mencioné nada porque no era importante.
—¿Clientes? —repitió ella suavemente—. Pensé que tu trabajo se hacía siempre en la oficina o en las instalaciones de la empresa. Además, la persona que te acompañaba no parecía nadie de negocios.
Él se puso de pie de golpe, con tono a la defensiva.
—¿Ahora me vas a vigilar también? —reclamó—. ¿No confías en mi palabra? Te digo que era trabajo, y deberías creerme. No tienes por qué darle vueltas a cosas sin sentido.
—No te vigilo —aclaró ella con tristeza—. Solo pregunto porque las cosas no coinciden con lo que me dices. Pero no quiero equivocarme, ni acusarte sin pruebas. Prefiero esperar y ver, antes de decir algo que no sea verdad.
Marcos no respondió más. Se giró y se encerró en la habitación, dejándola sola con esa sensación pesada: aunque ella quería creerle, cada detalle, cada comentario, cada explicación a medias iba alimentando una sombra que ya no lograba apartar de su mente.
Laura se quedó en la sala mucho tiempo después de que él se fuera, con la mirada fija en la ventana y el corazón dividido entre querer confiar y no poder ignorar lo que sus ojos y oídos le decían. No era su intención ponerle trampas ni buscarle fallas: ella solo quería que las palabras coincidieran con la realidad, que no hubiera rincones oscuros en la vida que compartían. Pero la forma en que Marcos se había puesto a la defensiva, sin intentar explicar nada con claridad, solo había aumentado su inquietud.
—Si no hay nada que ocultar —se dijo en voz baja, acariciando su vientre—, ¿por qué te enfadas tanto cuando pregunto? ¿Por qué no puedes darme una razón sencilla que me deje tranquila?
Sabía que el miedo y la inseguridad podían hacerle ver cosas donde no las había, y no quería cometer el error de arruinar lo que tenía sin fundamento. Sin embargo, cada pequeño detalle que no encajaba se iba sumando como una pieza de un rompecabezas que empezaba a tomar una forma que ella no quería aceptar. Decidió entonces no hacer más preguntas por ahora, sino observar con calma, esperando que él mismo fuera claro con ella, o que la verdad saliera a la luz sin necesidad de que ella tuviera que buscarla. Pero en el fondo, una parte suya ya presentía que esa calma que intentaba mantener era solo el preludio de algo mucho más doloroso.