Anna despierta en el cuerpo de Adalia Mordrith, una noble comprometida con el hermano menor del emperador tirano.
En la historia original, Adalia estaba destinada a morir traicionada y ejecutada por su propio esposo, manipulado por su ambiciosa concubina.
Decidida a cambiar su destino, Anna solo quiere una cosa: romper el compromiso y escapar antes de que la tragedia vuelva a alcanzarla.
Pero el imperio no es tan fácil de burlar.
El emperador Azrael Thorne es frío, implacable y temido por todos. Un hombre cuya sola mirada puede condenar a cualquiera. Exactamente el tipo de persona al que Adalia debería evitar.
Y, sin embargo, por una razón que nadie puede explicar… él puede escuchar sus pensamientos.
En un imperio donde una sola palabra del emperador decide la vida o la muerte,
él escucha lo que nadie más puede oír.
Cuando ella entra a su vida, no imagina que su mente es un libro abierto para el tirano más temido del imperio.
NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 11
Adalia se enderezó de golpe al reconocerlo.
Sin perder tiempo, hizo una reverencia impecable.
—Su Majestad.
Luego levantó la cabeza con una sonrisa educada.
—Qué casualidad encontrarlo aquí.
Por fuera su voz sonaba dulce y correcta.
Pero en su mente otra cosa muy distinta pasaba.
"¿¡Pero qué mala suerte tengo!? Justo ahora tenía la oportunidad de investigar… y tenía que aparecer él."
Azrael la observó con atención.
Sus ojos se entrecerraron ligeramente.
Interesante.
—¿No estabas con Godric? —preguntó con calma.
Adalia mantuvo la sonrisa.
—El príncipe se marchó hace un momento… con su concubina.
En su mente bufó.
"Se fue con esa mujer pegada al brazo como siempre."
Azrael inclinó apenas la cabeza.
—Ya veo…
Hubo un breve silencio antes de que volviera a hablar.
—Entonces… —continuó con tono tranquilo—. ¿No estás triste de que tu prometido prefiera pasar el tiempo con su concubina en lugar de con la que pronto será su esposa legítima?
Adalia mantuvo el rostro sereno.
Pero en su cabeza explotó otra reacción completamente diferente.
"¿Triste?
¿Quién demonios estaría triste por eso?
¡Me hace un favor si ese príncipe inútil se mantiene lejos!"
Azrael escuchó cada palabra con absoluta claridad.
Por un segundo tuvo que contener la reacción que casi se le escapa.
Sus ojos brillaron con una chispa de diversión.
Sin embargo, por fuera su rostro siguió completamente impasible.
Adalia respondió con su tono más correcto.
—El príncipe seguramente necesita su espacio, Majestad. Comprendo perfectamente la situación.
Azrael la miró fijamente.
Qué respuesta tan diplomática…
…y tan diferente de lo que acababa de escuchar en su mente.
Recordaba perfectamente lo que había oído sobre ella.
La prometida de Godric.
Decían que estaba profundamente enamorada de él.
Tan enamorada que su propio tío había utilizado eso como argumento cuando fue al palacio a solicitar que el compromiso fuera aceptado.
Según los rumores…
ella adoraba al príncipe.
Azrael ladeó un poco la cabeza.
—¿Es así?
Su mirada se clavó en ella con interés.
Adalia sostuvo la sonrisa.
Pero en su mente apareció otra queja.
"¿Por qué sigue preguntando?
¿No tiene un imperio que gobernar?"
Azrael casi dejó escapar una risa.
Aquella mujer…
definitivamente no era lo que todos decían.
Y eso lo estaba volviendo muy interesante.
—Dime, señorita Adalia —añadió con calma—. Si no estabas con tu prometido…
sus ojos se deslizaron hacia el muro detrás del cual ella había intentado esconderse.
—¿Qué hacías moviéndote por el jardín como si intentaras evitar ser vista?
El corazón de Adalia dio un salto.
Adalia mantuvo la sonrisa mientras su mente trabajaba a toda velocidad.
"Piensa, Adalia… piensa…"
—Majestad —dijo con una risa nerviosa—. En realidad estaba buscando un pendiente que se me cayó. Jeje… sí, eso… un pendiente.
Azrael la observó sin interrumpirla.
—Debe estar por aquí en algún lugar.
Luego añadió, casi con inocencia:
—Aunque… Su Majestad no debería estar ocupado con asuntos del imperio?
Azrael respondió con total tranquilidad.
—No.
Adalia parpadeó.
—¿No?
—Ya he terminado todo por hoy.
En la mente de Adalia explotó un pensamiento inmediato.
"Ay, vete ya…"
Azrael no pudo evitarlo.
Una sonrisa más amplia apareció en su rostro.
Qué mujer tan honesta… al menos en su cabeza.
Adalia frunció un poco el ceño.
—¿Por qué me mira así?
Pero justo cuando levantó la vista para verlo bien…
se quedó congelada un segundo.
Azrael estaba más cerca de lo que esperaba.
Su presencia era abrumadora.
Alto, imponente… y demasiado atractivo para su propia tranquilidad.
En su mente apareció otro pensamiento traicionero.
"Aunque… qué guapo…"
Sus ojos bajaron sin querer.
"Esos labios…"
Se tapó mentalmente la cara.
"¡Ay, qué cosas digo!"
Azrael escuchó todo.
Cada palabra.
Por primera vez en mucho tiempo, el emperador sintió una risa genuina subirle al pecho.
Se acercó un paso más.
Lo suficiente para invadir ligeramente su espacio personal.
—Señorita Adalia —dijo con una voz suave—.
Ella levantó la vista rápidamente.
—¿Sí, Majestad?
—¿Le apetece dar un paseo?
Adalia se quedó rígida.
"¿Un paseo?
¿Con él?
¿Ahora?
No, no, no… yo tengo que investigar…"
Pero frente a la mirada del emperador tirano…
no tenía muchas opciones.
—Claro… —respondió con una sonrisa algo tensa—. Será un placer, Majestad.
Azrael giró para caminar por el jardín.
Su sonrisa seguía ahí.
Perfecto.
Si ella quería que él se fuera…
entonces definitivamente no pensaba hacerlo.
Y además…
ahora tenía curiosidad.
Mucha curiosidad.
La mujer que caminaba a su lado pensaba demasiadas cosas interesantes.
Y escucharla…
se estaba volviendo peligrosamente entretenido.
•
•
•
•
Lectoras bellas, lamento subir el capítulo tan tarde, estuve algo ocupada hoy, Prometo subir maratón como recompensa 🙏🥰