Sinopsis
Hay dolores que sanan con el tiempo.
Y hay otros que abren puertas.
En el Japón actual, una serie de desapariciones y muertes inexplicables tiene un inquietante punto en común: todas las víctimas atravesaban un profundo sufrimiento antes de que el horror comenzara.
Cuando una joven, devastada por una ruptura amorosa, empieza a experimentar sucesos imposibles, el investigador Gabriel Salazar descubre que una antigua entidad demoníaca intenta apoderarse de su cuerpo. Pero salvarla no será suficiente. Detrás de esa posesión se oculta un plan mucho más oscuro, capaz de cambiar para siempre el mundo de los vivos.
Porque los demonios no derriban puertas...
Esperan a que alguien las abra.
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Capítulo 15
La hora detenida
Las agujas permanecían inmóviles.
2:17.
Gabriel sostuvo el antiguo reloj de bolsillo entre sus manos mientras el silencio volvía a apoderarse del túnel.
Era pesado.
Más de lo que debía.
Como si en su interior no hubiera un mecanismo, sino una piedra.
Valeria observó el reloj con inquietud.
—Es la misma hora...
Gabriel levantó la vista.
—La estación.
Ella asintió lentamente.
—La que vi detrás de la puerta.
El investigador abrió con cuidado la tapa trasera del reloj.
Esperaba encontrar un mecanismo oxidado.
No encontró ninguno.
En su lugar había una diminuta fotografía doblada varias veces.
La extrajo con delicadeza.
Era una imagen antigua.
En blanco y negro.
Mostraba a cuatro personas de pie frente a un torii cubierto por nieve.
Uno de ellos era Hayato Mori cuando aún era joven.
Otro llevaba un uniforme militar.
El tercero era un sacerdote budista.
El cuarto...
Tenía el rostro rasgado cuidadosamente con una navaja.
Como si alguien hubiera querido borrar su identidad para siempre.
En el reverso de la fotografía había una inscripción.
"Los cuatro juraron que la Puerta jamás volvería a abrirse."
Gabriel sintió un nudo en el estómago.
—No eran uno...
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Hayato nunca trabajó solo.
Siempre pensé que los Guardianes actuaban de forma independiente.
Pero esto demuestra que existía un círculo mucho mayor.
Mientras hablaba, el reloj vibró apenas una vez.
Un movimiento casi imperceptible.
Las agujas no avanzaron.
Pero el cristal comenzó a empañarse desde el interior.
Entonces apareció una palabra escrita lentamente sobre el vidrio.
Minakami.
Gabriel sintió un vuelco en el pecho.
Conocía ese nombre.
Un pequeño pueblo montañoso de la prefectura de Gunma.
Hayato lo había mencionado una sola vez.
Después cambió de tema y nunca volvió a hablar de él.
Valeria observó el reloj.
—¿Es una pista?
Gabriel negó con calma.
—No.
Es una invitación.
Y eso me preocupa más.
Un estruendo recorrió el túnel.
No venía de la puerta.
Venía detrás de ellos.
Las antiguas lámparas comenzaron a balancearse.
El polvo cayó desde el techo.
Gabriel apagó la linterna por instinto.
Los dos permanecieron inmóviles.
Escuchando.
Pasos.
Lentos.
Irregulares.
No eran los del Custodio.
Aquellos eran más pesados.
Como si quien caminara arrastrara algo enorme.
Los pasos se detuvieron.
Después...
Una respiración.
Profunda.
Muy cerca.
Valeria sintió que alguien estaba detrás de ella.
No se atrevió a girarse.
Gabriel hizo un gesto con la mano.
"No mires."
Ella entendió de inmediato.
Permanecieron inmóviles.
La respiración continuaba.
Podían sentir el aire frío rozándoles la nuca.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Una voz masculina habló a escasos centímetros de Gabriel.
—Todavía recuerda cómo tener miedo.
No era la voz antigua que había hablado desde la puerta.
Tampoco era la del Custodio.
Era otra.
Más joven.
Más humana.
Pero había algo profundamente incorrecto en su tono.
Como si cada palabra hubiera sido aprendida observando a las personas, sin comprender realmente qué significaban.
Gabriel no respondió.
La voz soltó una breve risa.
—Hayato eligió bien.
Silencio.
—Aunque llegó demasiado tarde.
Los pasos comenzaron a alejarse.
Uno.
Dos.
Tres.
Hasta desaparecer por completo.
Solo entonces Gabriel encendió nuevamente la linterna.
El túnel estaba vacío.
Pero sobre el polvo del suelo habían quedado marcadas unas huellas.
No eran de pies humanos.
Parecían las de alguien que caminaba descalzo...
Con seis dedos.
Valeria retrocedió sin apartar la vista de ellas.
—Eso no puede ser...
Gabriel se agachó.
Las examinó con detenimiento.
No había marcas de entrada.
Solo de salida.
Como si aquella presencia hubiera estado esperándolos allí desde antes de que ellos llegaran.
Guardó el reloj y la fotografía dentro de su abrigo.
Luego volvió la vista hacia la inmensa puerta.
Seguía cerrada.
Inmóvil.
Pero algo había cambiado.
En la parte inferior apareció una nueva inscripción.
No estaba allí unos minutos antes.
Las letras parecían recién talladas sobre la piedra.
Gabriel acercó la linterna.
Leyó despacio.
"La segunda llave no abre una puerta."
Debajo de esa frase apareció otra, como si alguien la escribiera desde el otro lado de la roca.
"Abre un nombre."
Gabriel sintió un frío recorrerle la espalda.
No entendía el significado.
Todavía no.
Pero estaba seguro de algo.
La llave de hierro que llevaba consigo no servía para abrir aquella puerta.
Servía para encontrar a alguien.
Y si el Umbral estaba buscando a esa persona antes que ellos...
Entonces la carrera acababa de comenzar.