Esta historia comienza con Daniela y Marcos.
Según la gente, ellos son tío y sobrina. Así los llaman y así los ven desde siempre.
Por eso, cuando empiezan a surgir sentimientos entre ellos, todos creen que es un amor prohibido, porque piensan que Daniela y Marcos son familia y que no pueden estar juntos.
Pero la verdad es otra.
Marcos no es su tío. No existe ningún parentesco familiar entre ellos y no llevan la misma sangre. Él simplemente es amigo de la mamá de Daniela y, como se he criado a Daniela ella comenzo a llamarlo “tío”.
Pero para Daniela y Marcos, la verdad siempre fue diferente: él no es su tío, solo es el amigo de su mamá.
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Capítulo 13 — Una pelea que no terminó bien
Estaba sentado en el sofá de la sala, mirando el televisor sin ponerle mucha atención. Lisbeth no estaba en la casa; había salido a trabajar y Daniela estaba por ahí haciendo sus cosas.
En un momento, Daniela dejó el teléfono sobre la mesa y se fue para la cocina.
Yo me quedé mirando el celular.
No sé por qué lo revisé.
La verdad, ni siquiera tenía una razón. Simplemente lo agarré y empecé a mirar. Sabía perfectamente que no debía hacerlo, pero ya lo había hecho.
Entonces vi un mensaje.
Era una foto de un muchacho.
Y no era precisamente una foto normal.
Me quedé mirándola unos segundos, sintiendo cómo me cambiaba la cara.
—¿Qué carajos es esto? —murmuré.
Seguí leyendo la conversación y vi que el muchacho le había enviado la foto directamente.
Yo, siendo el novio de Daniela, jamás le mandaría algo así.
Sentí una mezcla de rabia, decepción y desconfianza.
Cuando Daniela regresó a la sala, dejó unas cosas sobre la mesa y me miró.
—¿Qué pasó, amor?
Le levanté el teléfono.
—¿Quién es este man?
Daniela se quedó quieta.
—¿Qué?
—Te estoy preguntando quién es él.
Ella miró la pantalla y enseguida entendió.
—¿Usted me revisó el celular?
—¡Eso no importa ahora, Daniela! ¿Quién es ese man?
—¡Claro que importa! ¡Ese es mi celular, Marcos!
—¡Y yo soy su novio! ¡Tengo derecho a saber qué está pasando!
Daniela soltó una risa incrédula.
—No, señor. Ser mi novio no le da derecho a meterse en mi privacidad.
—¿Y entonces qué hago con esto? ¿Hago como si no hubiera visto nada?
—¡No tenías que verlo porque no tenías que revisar mi teléfono!
—¡Pero lo vi!
—¡Porque lo revisaste!
Nos quedamos mirándonos fijamente.
Yo estaba tratando de mantener la calma, pero la rabia me estaba ganando.
—Daniela, a mí no me gusta que otros manes le manden ese tipo de fotos.
—¿Y usted cree que porque me la mandaron significa que yo se la pedí?
Me quedé callado un segundo.
—No dije eso.
—Pero lo estás insinuando.
—Estoy preguntando.
—No, Marcos. Usted ya decidió lo que piensa de mí.
—¡No he decidido nada!
—¡Sí lo hizo!
Daniela me quitó el celular de la mano.
—Ese muchacho es alguien de la universidad. Me mandó eso sin que yo se lo pidiera. Yo ni siquiera le respondí.
—¿Entonces por qué no me lo habías contado?
Ella me miró con una expresión de molestia.
—Porque no tenía por qué contarte cada mensaje que me llega.
—Somos pareja.
—¡Exactamente! Pareja. No dueño y empleada.
Aquella frase me cayó como un balde de agua fría.
—Yo nunca he querido ser su dueño.
—Pues hoy actuaste como si lo fueras.
—Daniela, yo solamente...
—No, Marcos. No me digas que solamente estabas preocupado. Si estabas preocupado, me preguntabas. No me revisabas el teléfono a escondidas.
Apreté la mandíbula.
—¿Y usted qué quería que pensara cuando vi esa foto?
—Que confiaras en mí.
—¡Estoy intentando confiar!
—Pues no parece.
La discusión se puso cada vez más fuerte.
Yo levanté la voz y ella también.
—¡Es que usted no entiende lo que yo siento! —le dije.
—¡Y usted no entiende que yo también tengo límites!
—¡Entonces dime qué quieres que haga!
—¡Que respetes mi privacidad!
Hubo un silencio pesado.
Daniela tomó su celular y se quedó mirando la pantalla.
—Dani...
—No.
—Amor, hablemos.
—No quiero hablar contigo.
—Pero...
—Te dije que no quiero hablar.
La vi subir las escaleras sin siquiera voltearse.
Me quedé sentado en el sofá, completamente solo.
Por un momento pensé en ir detrás de ella, pero sabía que si lo hacía podía empeorar las cosas.
Miré hacia la mesa y solté un suspiro.
Había cometido un error revisando su teléfono.
Pero también me había dolido muchísimo encontrar aquella foto.
Lo peor era que la discusión no había terminado con un abrazo ni con un “perdón”.
Daniela no quería hablarme.
Y por primera vez desde que habíamos decidido estar juntos, sentí que una pelea podía dejarnos realmente distanciados.
Me quedé ahí, mirando al suelo.
—La embarré... —dije bajito.
Pero esta vez, decirlo no arreglaba nada.
como para que no le hubiera dicho a Marcos que era padre de un niño, contarle cómo iba su vida y demás...
definitivamente, la narrativa está de no creerse...
lo dicho, abandonó a Marcos...
quiere decir que no hizo nada por él...
ese era el "amor" que sentía por él?
porqué Matías no conoce a su papá?
sigo leyendo pero decepcionada de la historia...
ojalá que pague la vieja loca de Lizbeth...
que Marcos, rehaga su vida pero que no vuelva con Daniela que no fue capaz de ir a verlo al juicio...
y otra cosa, al inicio dice que Lizbeth tuvo a Daniela a los 11 años...
o fué violada o se pasó de precoz...
sigue preso?
no me gusta que Daniela, diciendo que lo ama lo haya abandonado a su suerte...
no...
o está mal planteada la historia, o no sé...
no hay razón para que padre e hijo no se conozcan...
tanto la madre como la hija, pésimas...
estaba taaan ocupada que no se pudo hacer un "tiempito"???
a menos que su madre le haya mentido...
no hay delito que perseguir...
los dos son mayores de edad, entonces cuál es el problema???