Renata Solis tenía la vida que siempre soñó: un matrimonio estable de veinticinco años con Fernando Lavallée, un próspero ejecutivo, y dos hijos a los que adoraba. Ella era la esposa abnegada que cuidaba del hogar mientras su marido aseguraba el futuro familiar. Sin embargo, una llamada a la una de la madrugada destruye su mundo para siempre.
Tras correr al hospital, Renata no solo recibe la devastadora noticia de que Fernando ha muerto en un accidente de tránsito, sino que descubre que no iba solo: la mujer que viajaba a su lado en el copiloto tampoco sobrevivió. El día del entierro, la verdad sale a la luz de la forma más cruel cuando una compañera de trabajo le confiesa la pesadilla: Fernando llevaba más de tres años manteniéndole una doble vida a su amante, con quien además tenía una hija de año y medio.
Por si la traición no fuera suficiente, Renata descubre que su esposo hipotecó la casa familiar y entregó todo a su amante.
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Capítulo 6: Ricardo Del Solar
Mientras Renata lloraba su desesperación en la soledad de su cuarto, muy lejos de allí, en la zona más exclusiva de la ciudad, la realidad transcurría en un universo completamente distinto.
Dentro de una mansión impresionante de arquitectura moderna y ventanales de piso a techo, el ambiente estaba cargado de tensión. Ricardo Del Solar mantenía una acalorada discusión en la amplia sala de estar. A sus 50 años, el CEO de las poderosas Compañías Del Solar era la definición perfecta de un hombre imponente y atractivo; apasionado por el ejercicio, el buen vestir y la disciplina, conservaba una presencia elegante que imponía respeto a primera vista.
Sin embargo, frente a él, cruzada de brazos y con la mirada llena de desafío, estaba Lisset, su hija menor de 20 años.
—¡Es que no lo puedo creer, papá! —exclamó Lisset, alzando la voz sin ocultar su molestia—. ¡Es ridículo! ¡Es una descarada y tú no te das cuenta!
—¡Ya basta, Lisset! —interrumpió Ricardo, ajustándose los gemelos de la camisa con gesto adusto y tono firme—. Tu hermana nunca me reclama nada y tú te la pasas fiscalizando mi vida privada.
—¡Porque mi hermana tiene su vida, su esposo y su hijo! —le reclamó Lisset, dando un paso hacia él con indignación—. Su hijo, papá... ¡tu nieto! ¿Sí sabes que ya eres abuelo, verdad? ¡¿Como para que tengas una novia de 25 años?! ¡Solo me lleva cinco años a mí! ¡Es una cazafortunas y todo el mundo lo sabe menos tú!
Ricardo apretó la mandíbula, mirando a su hija con la paciencia al límite. La brecha entre el lujo desenfrenado de los Del Solar y el abismo en el que se hundía Renata estaba a punto de cruzarse, sin que ninguno de los dos lo imaginara.
Minutos después de la discusión con su hija, el automóvil de lujo de Ricardo Del Solar se detuvo frente al imponente rascacielos que albergaba la sede principal de las Compañías Del Solar. Ricardo bajó del vehículo ajustándose el saco del traje a la medida, manteniendo la cabeza en alto y esa postura impecable que imponía respeto a cualquiera que se cruzara en su camino.
Al atravesar las puertas de cristal de la oficina ejecutiva en el último piso, su secretaria de toda la vida se levantó de inmediato del escritorio con la carpeta de documentos en la mano, apresurándose a seguirle el paso hacia el despacho principal.
—Buenos días, señor Del Solar. Le notifico que la agenda de hoy está bastante apretada —comenzó a informar la mujer a paso rápido—. A las diez tiene la reunión con la junta de inversionistas y a las dos de la tarde la firma de los contratos internacionales...
—Margarita, espera —la interrumpió Ricardo, deteniéndose justo en la entrada de su oficina y girándose hacia ella con gesto serio.
—¿Sí, señor?
—Antes de revisar la agenda, por favor envía un arreglo de flores a Cony —instruyó Ricardo, pasándose una mano por el cuello—. Anoche fue su desfile de modas y no pude llamarla ni asistir. Mándale algo elegante.
—De inmediato, señor.
Ricardo mantenía desde hacía un año una relación sentimental con Cony Wilson, una hermosa modelo de 25 años que acaparaba las portadas de las revistas más exclusivas. Para el mundo empresarial, Ricardo era el hombre que lo tenía todo: fortuna, poder, un físico envidiable que cuidaba con estricto ejercicio diario y la compañía de mujeres deslumbrantes.
Sin embargo, detrás de esa fachada de éxito absoluto, la realidad era otra. Desde que su esposa Mariana había fallecido quince años atrás —dejando a su hija menor, Lisset, de tan solo cinco años—, Ricardo no había vuelto a enamorarse jamás. Su corazón se había cerrado el día que enterró a la madre de sus hijas.
Lo que sentía por Cony no era amor verdadero, y él lo sabía perfectamente. Era un deseo superficial, la satisfacción de sentirse admirado y la necesidad de estar acompañado por una mujer joven, radiante y llena de vida que alejara el fantasma de la soledad. Mientras caminaba hacia el gran ventanal de su despacho con vista a toda la ciudad,
Renata en este momento camina entre nubes y es muy feliz.
Ricardo con fuegos artificiales hizo su propuesta de pedirle matrimonio a Renata y por supuesto fue un si rotundo.
Todo muy bien Ricardo pero ya tu familia y tu hija lo saben 🤔🤔🤔❓❓❓❓❓❓
Definitivamente no se que haría con Sergio porque es un rebelde sin causa que provoca sacarlo de la casa y dejarlo pasar carencias en la calle para que aprenda a ser más humilde, valorar a su madre y hermano que están haciendo lo imposible para que el pueda seguir estudiando mal agradecido.