NovelToon NovelToon
Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Status: Terminada
Genre:Juego de roles / Venganza de la protagonista / Amor platónico / Completas
Popularitas:19.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Mama Mia

El día de su boda, frente a cientos de invitados, el novio de Alena Balcázar no aparece: prefiere quedarse junto a su hermana, que "se desmayó" en el momento más oportuno. Otra vez. Pero esta vez Alena no llora ni suplica. Toma el micrófono, cancela ella misma la boda ante todos y se marcha con la cabeza en alto... dispuesta a no volver a mendigar amor nunca más.

Repudiada por su familia y sin un centavo, su caída dura poco. Un encuentro inesperado la lleva al lado de Nathan Villanueva, el heredero más frío, poderoso y codiciado del país, justo el hombre que su hermana siempre soñó con conquistar. Un contrato de cinco años, un jefe imposible y una regla no escrita: hacerla suya. Si ellos le robaron al prometido, ella seducirá a quien más desean.

Lo que empieza como una venganza perfecta se convierte en un juego de tensión, orgullo y deseo contenido. Y mientras Alena reconstruye su vida y devuelve cada golpe con elegancia letal, un secreto enterrado sobre su verdadero origen amenaza con cambiarlo todo: hay quienes destruyeron a su familia para robarle lo que le pertenece, y ahora tendrán que rendir cuentas.

NovelToon tiene autorización de Mama Mia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

01

.

Alena estaba de pie frente al tocador, envuelta en un vestido de novia blanco de una belleza deslumbrante, con una larga cola que se derramaba hasta rozar el suelo. El encaje temblaba con suavidad cada vez que ella cambiaba mínimamente de postura. El maquillaje ligero de su rostro no alcanzaba a disimular el rubor nervioso que le apretaba el pecho desde hacía rato. Hoy era el día de su boda con Renzo, el hombre con quien llevaba tres años de relación. Y, sin embargo, algo dentro de ella insistía en que estaba a punto de ocurrir una desgracia.

El celular que había dejado sobre el tocador vibró de pronto, rompiendo el silencio justo cuando ella tomaba aire para calmarse. En la pantalla apareció el nombre de Renzo. El corazón de Alena se disparó; ese mal presentimiento que la acompañaba desde temprano la golpeó con más fuerza. Con la mano un poco temblorosa levantó el teléfono, deslizó el ícono verde y se lo acercó al oído.

—Ho...

—¿Alena...?

Antes de que pudiera terminar el saludo, la voz de Renzo, cargada de angustia, le llenó el oído.

—Perdóname, no puedo llegar. Selena se desmayó de golpe camino al hotel.

Los dedos de Alena se cerraron con fuerza. El pecho le retumbó al escuchar aquellas palabras. Su mano izquierda estrujó el costado del vestido hasta arrugarlo.

—Aplacemos la boda, ¿sí? La celebramos cuando Selena salga del hospital.

La mandíbula de Alena se tensó y un destello rojo le cruzó la mirada. ¿Aplazarla? ¿En un momento como este? ¿Cuando todo estaba listo al noventa y nueve por ciento y solo faltaba que él llegara? ¿Renzo había perdido la cabeza?

Cortó la llamada sin responder, sin esperar a oír una palabra más. Los ojos le ardían, el pecho le subía y bajaba conteniendo la rabia. Cerró los párpados un instante y respiró hondo. Aún no lograba serenarse cuando, de golpe...

La puerta del vestidor se abrió de par en par y aparecieron sus padres, con el rostro descompuesto por el pánico.

—¿Alena...? —la llamó su madre, la señora Miranda.

Pero Alena no le dedicó ni una mirada. Ya sabía lo que su madre iba a decir. ¿Qué otra cosa, sino pedirle que fuera comprensiva con lo ocurrido? Sin pronunciar palabra, tomó el celular que había dejado sobre la mesa y salió del vestidor con paso rápido. Los gritos de sus padres llamándola no le hicieron el menor efecto.

* * *

Cuando llegó al salón del hotel donde se oficiaría la ceremonia, los invitados ya llenaban el lugar. Algunos parientes lejanos la miraban de reojo, echando vistazos a la puerta de entrada, y sus murmullos zumbaban como un enjambre de abejas. Alena no les prestó atención.

—Ya pasaron las diez, ¿por qué no llega el novio? —le susurró un invitado a su vecino, mirando el gran reloj de pared.

—No sé. Dijeron que la ceremonia era a las diez, ¿no? Ya se pasó la hora y todavía nada.

—A lo mejor hay tráfico —respondió el otro en voz baja, aunque su expresión también empezaba a delatar inquietud.

Alena caminó hacia el estrado, donde el oficiante aguardaba.

—Ya es la hora, ¿por qué no ha llegado el novio? —preguntó él, consultando el reloj de su muñeca.

Sin contestar, Alena tomó uno de los micrófonos que sostenía un maestro de ceremonias y avanzó hasta el centro del escenario.

—Buenos días, distinguidos invitados —dijo con voz firme, recorriendo con la mirada los rostros que abarrotaban aquel salón imponente.

El señor y la señora Balcázar se acercaron con la cara demudada.

—Alena, ¿qué vas a hacer? ¡No hagas ninguna locura! —exclamó Gustavo Balcázar.

Alena apartó de un manotazo las manos de sus padres, volvió a acercarse el micrófono a los labios y declaró:

—Yo, Alena Balcázar, anuncio hoy que el matrimonio entre el joven Renzo Sebastián y mi persona queda ¡CANCELADO! —su voz resonó, rotunda—. Lo repito una vez más... Nuestra boda queda ¡CANCELADA! No aplazada.

Dicho esto, devolvió el micrófono al maestro de ceremonias. Luego, recogiéndose con ambas manos el costado del largo vestido para que no le estorbara al caminar, bajó del estrado a toda prisa.

—¡Alena! —la voz de Gustavo Balcázar retumbó atronadora. Pero ella no detuvo el paso.

Gustavo y su esposa Miranda bajaron del estrado y corrieron tras ella.

—¡Deténganla! —ordenó Gustavo a los guardias, que enseguida le cerraron el paso.

Los invitados se pusieron de pie de golpe. Se miraban unos a otros, se preguntaban entre sí. ¿Qué pasaba? ¿Qué estaba ocurriendo? Esa era la duda que asaltaba a todos.

—¡¿Qué acabas de hacer?! —le gritó Gustavo, plantado frente a su rostro, mientras dos guardias le sujetaban los brazos—. ¡Cancelaste la boda de forma unilateral! ¿Te volviste loca?

Alena clavó una mirada afilada en su padre.

—¿Y entonces qué quiere que haga, papá? —preguntó sin parpadear—. ¿Que me quede aquí de pie esperando sin ninguna certeza? Véalo usted mismo, ¡mire ahí!

Señaló con el dedo al oficiante, que seguía esperando.

—El oficiante ya llegó, todo está listo, los invitados esperan, la boda está preparada al noventa y nueve por ciento y solo faltaba que apareciera el novio. ¿Y qué hizo su querido futuro yerno? Aplazar la boda por tiempo indefinido. ¿Y yo tengo que quedarme aquí esperando?

—¡Pero el joven Renzo no la aplazó a propósito! —replicó Gustavo, defendiendo a su futuro yerno. No quería que el matrimonio entre las dos familias, planeado desde hacía tanto, se fuera al traste; si eso pasaba, perdería a un cliente tan importante como Richard Sebastián—. Selena se desmayó, está internada. ¡Es tu hermana! ¿No tienes ni una pizca de empatía? ¿Por qué armas semejante escándalo por una tontería así?

El corazón de Alena pareció latir aún más rápido. La respiración se le agitó y miró a su padre con una furia que ya no podía ocultar. ¿Una tontería, decía? Era su boda, un día sagrado. ¿Y su padre lo consideraba una simple tontería?

—¡Selena, Selena, Selena! —gritó—. ¿Por qué siempre se desmaya en el momento más crucial?

—¡Alena! —bramó la señora Miranda—. ¡Mide tus palabras, es tu hermana!

Alena miró a su madre con una sonrisa torcida y un gesto de burla.

—¿Hermana? —repitió—. Si de verdad fuera mi hermana, no haría algo que me deja en ridículo. Empiezo a dudar de si Selena está enferma de verdad o solo finge. ¿Por qué sus desmayos siempre coinciden justo cuando yo...?

—¡Basta de disparates! —la cortó Miranda antes de que terminara.

—Como quiera, mamá. Lo que está claro es que cancelo esta boda. Selena quiere quitarme a Renzo, ¿no? Díganle que no se moleste en tramar intrigas. Se lo entrego de buena gana. Considérenlo una limosna de mi parte.

—¡ALENA...!

A Alena no le importaron los gritos de sus padres. Varios guardias intentaron cerrarle el paso, pero, veloz como un rayo, se arrancó la tiara de la cabeza y apuntó la punta afilada contra su propio cuello.

—¡Si se atreven a detenerme, me van a ver bañada en sangre aquí mismo!

Los guardias retrocedieron con las manos en alto; ninguno se atrevió a acercarse. Alena echó a andar, serena, y salió del salón del hotel.

—¡Si das un solo paso fuera de este hotel, dejaremos de considerarte una hija de la familia Balcázar!

La amenaza brotó de la boca de Gustavo Balcázar. Pero eso no frenó a Alena en lo más mínimo. Siguió caminando con calma y, sin volverse, se despidió agitando una mano en el aire.

1
Mirla Loyo
y que fue de la vida del ex de Alena y sus papás?🤔
Mirla Loyo
ósea que hasta la casa dónde vivían no les pertenecía?😱
Mirla Loyo
ósea que todo lo que tienen es de Alena?😱
Mirla Loyo
y cuando es que nos vamos a enterar quiénes son los padres o madre se Alena?.. porque el interes de Sebastián por qué se case Renzo?🤷‍♀️
Mirla Loyo
que guerra tan estúpida la de ésta zorra y los idiotas arrastrados por ésas estupideces 🤭
Mirla Loyo
y porque éste idiota tiene que contarle a la zorra?🤷‍♀️
Mirla Loyo
gracias por el consejo Rubén 🤣🤣 éso es lo que sucederá 🤭
Mirla Loyo
interesante el inicio, espero la autora no me decepcione.. acabo de dejar una a la mitad, por las múltiples incoherencias 😏
Lily
El destino te lo pone en bandeja de plata 🤗🤗
Lily
Es que ya no es la misma pende....ja y que crees? Te vas arrepentir 🤭🤭
Leticia Baeza Vazquez
y q la criada nunca pudo decir q ella no era solo la sobrina osea no mames la vieja
Leticia Baeza Vazquez
cómo hay padres alcahuetes y si vergüenzas q son tapaderas de hijas inutiles dan asco
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play