Verónica se casó enamorada. No imaginaba la pesadilla qué sería ese matrimonio. Después de años de maltratos toma una decisión qué cambiará su destino.
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Capítulo 9
El día comienza con normalidad. Me levanto temprano y preparo el desayuno mientas espero que mis hijas y Rodrigo bajen.
- Hoy llevaré a las niñas al colegio- me avisa- Será así hasta que considere qué estás completamente recuperada.
- Gracias, ya te sirvo el café.
Mientras desayunan, puedo notar el coraje en la mirada qué me lanza Renata. La conversación de ayer, claramente sigue molestándole.
Los veo marcharse y me dispongo a limpiar la cocina. No tengo apetito, me limito a beber una segunda taza de café.
Al poco tiempo, se escucha la puerta principal abrirse. Reconozco los pasos de Rodrigo acercándose a la cocina. No es normal qué regrese a casa. Debería estar en la oficina y de inmediato viene a mi mente la idea de que alguna de las niñas esté enferma.
Camino para encontrarme con él, justo afuera de la cocina nos topamos de frente. Noto la furia en su rostro.
- ¡Así qué pretendes dejarme y quieres convencer a mis hijas para qué se vayan contigo!- grita mientras me toma fuerte por el cabello.
- ¡No, Rodrigo! ¡Suéltame!
Sin decir palabra, me arrastra hasta la habitación. Me lanza con fuerza sobre la cama y comienza a buscar entre mis cajones.
- ¿Quién te está ayudando? ¡DIME!
- Nadie, no sé de qué estás hablando.
- Remata me lo dijo todo y voy a descubrir quién está detrás de esto.
- Rodrigo, por favor, cálmate.
- ¿Qué me calme? ¡Maldita sea, Verónica! Deja de mentir.
La ropa de los cajones vuela por los aires y el par de tarjetas qué creía haber guardado bien, también.
Rodrigo se percata de ellas y las levanta del piso. Una mirada basta para qué se de cuenta de lo qué se trata.
- Ya veo que además de Sofía, tienes otros cómplices. ¿Qué le diste al doctorcito para qué se involucrara?
No me da tiempo de responder; su puño se estrella contra mi rostro, la fuerza del golpe me hace caer de espaldas sobre la cama.
Rodrigo se abalanza, se sube encima de mí a la altura del torso. Inmoviliza mis brazos y mis piernas con su cuerpo. Me toma por el cuello y comienza a ejercer presión.
Siento que no puedo respirar y tampoco puedo defenderme. Rodrigo está cegado por la ira. De pronto, deja de presionar mi cuello. Con dificultad tomo una gran bocanada de aire.
La furia vuelve, comienza a golpear mi rostro, una y otra vez. La sangre brota de la nariz y de mi boca. Cómo si no fueran suficientes los golpes qué me ha propinado, ahora, golpea todo mi cuerpo.
Por fin se cansa. Apenas consigo mantenerme consciente. Veo a Rodrigo caminar hacia la puerta de la habitación.
- Te advertí qué no hicieras tonterías y no me escuchaste. Ahora, pagarás las consecuencias, no volverás a ver a las niñas.
Dicho esto, abandona la habitación. Escucho como cierra la puerta con llave. Quiero correr, pero no puedo moverme. El dolor es insoportable.
Me quedo sobre la cama hecha un ovillo. Quieta, sin moverme. Pierdo la noción del tiempo, en algún punto, pierdo la consciencia.
Despierto, la habitación está en penumbras. Me percato qué ya es de noche. Pasé todo el día aquí. El silencio es abrumador.
Me levanto con dificultad. Me cuesta respirar. Siento el sabor de la sangre en mi boca. Camino hasta la puerta, sigue cerrada con llave.
Forcejeo por unos minutos con la cerradura, no cede. Llamo a Rodrigo un par de veces, sin gritar, no quiero asustar a las niñas. Deduzco qué estoy sola aquí.
Como puedo, llego al cuarto de baño. Enciendo la luz, mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad y la luz me deslumbra.
Estoy frente al espejo, mu rostro está desfigurado por los golpes, mi nariz y labios, rotos. Mis ojos hinchados, las marcas de sus dedos en mi cuello.
¿En qué momento el hombre con el que me casé se convirtió en un monstruo? Es la pregunta qué viene a mi cabeza.
Después recuerdo qué amenazó con llevarse lejos a mis hijas y la angustia se apodera de mí. Me apresuro para llegar a la ventana, su auto no está ahí.
Vuelvo a forcejear con la puerta. Comienzo a llorar y caigo al piso de rodillas. Me levanto, voy a la mesa de noche en busca del teléfono fijo, no está ahí. ¿Cuándo se lo llevó?
Pienso en mi celular, no lo tengo, se quedó sobre la mesada de la cocina. Me esfuerzo por recuperar la calma y me repito qué van a volver. Quizá por la mañana regresen.
Paso la noche en vela. Curo mis heridas con lo que encuentro en el botiquín qué hay en el cuarto de baño. El amanecer llega, pero mis hijas y Rodrigo, no.
Así transcurren un par de días. Sigo encerrada aquí, me he cansado de gritar y de pedir ayuda, al parecer nadie me escucha.
La casa es muy grande, tiene ventanas selladas herméticamente y son aprueba de ruido. Después de permanecer aquí tantas horas, he pensado mucho en lo qué me espera y he tomado una decisión. Estoy cansada, no puedo, ni quiero seguir...
Ella dice q no sabe hacer nada, claro q sabe, llevar una casa, calarse las malcriadeces, los desplantes de un enfermo, claro q sabes y puedes