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Vendida Al Rey Dragón

Vendida Al Rey Dragón

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Dragones
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

Isabela es vendida en matrimonio por su padre, al rey de los dragones, luego de qué su reino cayera en una profunda ruina. Su pueblo se moría de hambre y de frio, así que a la princesa del norte deberá elegir entre traicionar todo lo que conoce, o entregarse al hombre que la compró y salvar a su pueblo de la extinción.

Pero un veneno en su cuerpo, la hace perder completamente la vida y reencarnar en el cuerpo de una sirvienta de su propio palacio.

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Capítulo 4

Isabela sintió que el aire se le atragantaba en la garganta. ¿Preparar sus cosas? No tenía nada que empaquetar, a excepción del frío perpetuo que llevaba grabado en la piel y el profundo rencor que latía en su pecho. Miró a su padre, quien seguía arrodillado en el suelo, encogido y cobarde, incapaz de levantar la vista para ofrecerle una última mirada de despedida.

El sacrificio ya estaba hecho. Valaria se había salvado al precio de su libertad.

—No tengo nada que llevarme —respondió Isabela con la voz firme, aunque las manos le temblaban ligeramente dentro de las mangas—. Lo único que valía la pena en este palacio ya está destruido.

Malakor la observó por un instante más, evaluando su temple con esa mirada animal que parecía capaz de leer hasta sus pensamientos más ocultos. No hizo ningún comentario sobre su respuesta; en su lugar, se giró hacia sus guerreros con un gesto seco.

—Que los suministros prometidos comiencen a descargarse en los graneros del rey. Cada saco de grano, cada cabeza de ganado —ordenó el rey dragón, su voz retumbando con una autoridad inapelable—. Y asegúrense de que llegue hasta la última familia del pueblo. He comprado un reino, no un cementerio.

El rey Aethelgard sollozó de alivio desde el suelo, balbuceando agradecimientos patéticos a las botas del invasor. Isabela sintió una arcada de desprecio. Su padre estaba dispuesto a vender a su propia hija a cambio de saciar el hambre de un pueblo que lo olvidaría en cuanto tuviera el estómago lleno.

Sin darle otra oportunidad a su padre de pronunciar una palabra, Malakor dio media vuelta y la tomó firmemente del brazo, no con la brutalidad de un verdugo, sino con el agarre férreo de quien sujeta algo que le pertenece por derecho.

—Vámonos, princesa —le sopló al oído, tan cerca que el calor de su aliento contrastaba cruelmente con el hielo del ambiente—. El norte ya no es tu lugar.

La arrastró fuera de la sala del trono, atravesando los pasillos de piedra donde los guardias de Valaria se apartaban aterrorizados, incapaces de mirarlos a los ojos. Al salir a las escalinatas principales del palacio, el viento helado golpeó a Isabela de golpe, pero el frío exterior quedó opacado de inmediato por el monstruoso calor que emanaba de la plaza.

Allí, posado sobre los escombros del patio central, se encontraba el dragón de Malakor. Era una masa titánica de escamas color obsidiana y espinas dorsales que brillaban como carbones encendidos. Sus enormes ojos dorados se fijaron en Isabela, exhalando una bocanada de humo espeso que olía a azufre y tormenta. La bestia inclinó ligeramente la cabeza, reconociendo a la nueva carga de su jinete.

Malakor la levantó sin esfuerzo con un solo brazo, ignorando sus protestas y forcejeos, y la depositó sobre el lomo escamado de la criatura, justo detrás de la silla de montar de cuero reforzado. Inmediatamente después, él saltó con una agilidad felina y se colocó al frente, tomando las riendas hechas de cadenas de hierro.

—Agárrate bien a mi espalda, Isabela —advirtió Malakor con una sonrisa salvaje por encima del hombro—. Si caes, el viento te convertirá en polvo antes de tocar el suelo.

Antes de que ella pudiera responder o buscar un punto de apoyo seguro, el dragón desplegó sus gigantescas alas de murciélago, generando una ráfaga de viento huracanada que levantó toneladas de nieve y escombros. Con un rugido ensordecedor que sacudió los cimientos de la montaña, la bestia se impulsó hacia el cielo gris de Valaria.

Isabela, con el corazón latiéndole desbocado en las costillas, no tuvo más remedio que aferrarse con todas sus fuerzas a la cintura musculosa de Malakor, sintiendo el calor abrasador de su piel a través de la ropa mientras el reino de su infancia se iba haciendo cada vez más pequeño, tragado por la tormenta y el olvido.

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Anabel Re
Linda la novela pero sin final, una perdida de tiempo 😡
Dalia. H⚔️: Señora la novela se está actualizando. Por supuesto que no está terminada 🤣🤣🤣
total 1 replies
Dulce maria Canelon
tiene que haber una cura, y deben encontrarla rápido porque el heredero ya tiene que venir en camino hay no que frustración 😘😘
Natalia Vasquez
quiero no Isabella tiene que hablar con malakor, para poder buscar una cura y destruir a los traidores 😠😠😠😠🤔🤔🤔🤔🤔.
Natalia Vasquez
espero que malako le ayude y descubra a esos traidores 😠😠😠😠😠🤔🤔🤔🤔🤔.
Dulce maria Canelon
hayyyy espero que no se la tome algo debe saber ella, algo le debió de transferir la dragona cuando la toco no o se digo yo
Flæka Caviedez
Ayyyyy que no se la tomé
Nena
Uf!!! De una se la soltó
Natalia Vasquez
tantas pruebas que le pone Malakor a Isabela😂😂😂😂🤔🤔🤔🤔🤔🤔👏👏👏👏👏quieres una reina o es una competidora 😂😂😂😂😂.
Natalia Vasquez
uppppps valla ese hombre va al punto 😂😂😂😂🤔🤔🤔🤔🤔🤔👏👏👏👏.
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Natalia Vasquez
ambos son orgullosos y mandones😂😂😂😂😂.
Natalia Vasquez
se quedó mamando la otra pendeja, toma pa que lleves 😂😂😂😂👏👏👏👏👏🤔🤔🤔🤔.
Yolanda Plazola Arroyo: jajajaja y si valla babosada pará que se entretenga 😂😂
total 1 replies
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