Laura murió después de descubrir la verdad.
Durante diez años, su esposo Manuel y su supuesta mejor amiga, Ariana, la engañaron, destruyeron sus sueños y estuvieron detrás de la tragedia que acabó con su familia. Protegidos por el poder de los Betancourt, nunca pagaron por sus crímenes.
Pero Laura despertó diez años atrás.
Esta vez conoce sus secretos. Sabe quiénes son. Sabe lo que harán.
Y no piensa volver a ser su víctima.
Para derrotarlos necesitará el mismo poder que una vez los protegió. Por eso pondrá sus ojos en Don Álvaro Betancourt, el padre de Ariana.
Se convertirá en su amante.
No por amor.
Por venganza.
Laura no vino a negociar. Regresó para destruirlo todo, aunque tenga que quemar su propio corazón en el camino.
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El lugar a mi nombre
Salí de la universidad y el teléfono vibró en mi mano. Un mensaje de Álvaro:
Quiero verte. Sal al parque que queda a una cuadra. Te espero.
Caminé despacio, con el corazón latiendo no de nervios, sino de anticipación. Allí estaba su coche, discreto, estacionado bajo la sombra de los árboles. Subí y apenas cerré la puerta, me tomó la mano y me atrajo hacia sí. Lo besé con fuerza, con pasión, como si me consumiera la necesidad de tenerlo. Él respondió al instante, rodeándome con sus brazos, profundizando el beso hasta que nos faltó el aire.
—Te extrañé tanto —susurró contra mis labios.
Arrancó el coche y conducimos en silencio, hacia una zona bonita, tranquila, de calles arboladas y edificios elegantes. Bajamos juntos y entramos. No por la entrada principal, no. Subimos por un ascensor privado, directo, sin que nadie nos viera. Las puertas se abrieron y él me hizo pasar.
El departamento era pequeño, pero se respiraba lujo en cada rincón: suelos de madera oscura, luces cálidas, muebles finos, todo ordenado y nuevo. Me quedé mirando, sin saber qué decir. Él sacó unas llaves y me las puso en la mano, cerrando mis dedos sobre ellas.
—Este lugar es tuyo, Laura.
Lo miré, abriendo los ojos con sorpresa fingida:
—¿Mío? No… no puede ser… es demasiado…
—Claro que es tuyo —afirmó con firmeza—. Si yo digo que es tuyo, lo es y punto. Está a tu nombre. Puedes venir a vivir aquí. Queda cerca de la universidad, no tendrás que viajar dos horas cada día.
—¿Y mis padres? —pregunté, mordiéndome el labio—. ¿Qué les diré?
—Que conseguiste una residencia universitaria —me acarició la mejilla—. Que así aprovecharás mejor el tiempo. Estarán contentos. Los fines de semana puedes ir a verlos… si yo te dejo.
Me abrazó por la espalda, besándome el cuello:
—Vendrás cuando quieras. Estaremos solos, tú y yo. Lejos de miradas indiscretas. Haciendo nuestra vida, como debe ser.
Me giré hacia él, con esa inocencia que solo yo sabía fingir:
—¿Tú crees que es lo mejor, Álvaro?
Me pasó el dedo por mi rostro, suave:
—Claro que sí, mi pequeña y frágil Laura. ¿Por qué te mentiría?
¿Por qué?, pensé, mirándolo a los ojos. Porque no soy la primera muchacha a la que llevas a un lugar así, ni la primera a la que le juras amor eterno y le prometes dejar a tu esposa. Pero seré la primera a la que sí le cumplirás todo. Aunque no sea por amor.
Sonreí suavemente:
—Está bien, Álvaro. Tú sabes que confío completamente en ti.
Sintiéndose dueño de todo, me levantó en brazos y me llevó hacia la habitación. Me acostó sobre la cama y empezó a besarme despacio, recorriendo mi piel con devoción. Esta vez no me limité a dejarme llevar. Fui más activa, más entregada, aprendiendo lo que le gustaba, guiándolo también, haciéndolo sentir que yo era toda suya. Le acaricié el cabello, lo atraje hacia mí, respondí cada caricia con la misma intensidad. Lo miré a los ojos mientras nos uníamos, y vi en los suyos algo parecido a la adoración. Me entregué a él con un fuego que lo desarmó por completo. Hubo momentos de calma, de susurros, de miradas que se buscaban; y momentos de pasión desbordada, donde solo existíamos él y yo, olvidando todo lo demás. Fue intenso, apasionado, con esa dulzura que lo volvía adicto a mí.
Cuando terminamos, me acurruqué en su pecho y cerré los ojos, fingiendo un sueño profundo. Él me abrazó fuerte, besó mi hombro y murmuró:
—Eres increíble, Laura. No solo eres joven… eres una diosa en la cama. ¿Dónde estabas todo este tiempo?
No respondí. Solo me acerqué más a él, sonriendo en la oscuridad.
Aquí estaba, Álvaro. Esperándote. Y ahora que te tengo… no te soltaré jamás.
es increíble como puede manipular así
espero con ansias los siguientes capítulos
con esa familia , y no termines vos perdiendo tu vida en una trampa de ellos 🤔😕