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La hija secreta del millonario

La hija secreta del millonario

Status: Terminada
Genre:CEO / Completas
Popularitas:14.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Lautan Biru

Durante dos años, Arabella lo dio todo por el hombre al que amaba: su jefe, el frío y poderoso heredero del Grupo Altamira. Creyó en cada beso a escondidas, en cada promesa susurrada dentro del ascensor. Hasta la mañana en que otra mujer abrió la puerta del apartamento de él... y lo llamó "cariño".

Traicionada y con un secreto latiéndole en el vientre, Arabella desaparece sin dejar rastro. No habrá aborto, no habrá súplicas, no habrá una segunda humillación: se marcha para reconstruirse lejos, dispuesta a criar sola a su bebé.

Cinco años después regresa convertida en otra mujer: una diseñadora exitosa, dueña de sí misma y de una niña de sonrisa idéntica a la del hombre que la abandonó. Pero la capital es pequeña para dos corazones rotos, y Mateo —arrepentido, obsesionado, decidido a recuperar lo que perdió— está a punto de descubrir que la mujer a la que dejó ir nunca estuvo sola.

Él quiere una segunda oportunidad. Ella quiere justicia. Y entre los dos hay una niña que no piensa compartir a su papá con nadie.

NovelToon tiene autorización de Lautan Biru para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Permítame casarme con ella

Había pasado un mes. Mateo gozaba ya de una salud estable y estaba listo para volver a ocupar su trono al frente del Grupo Altamira. El cambio se notaba en cuanto pisaba el vestíbulo de la empresa. Aquella sonrisa que a veces había asomado en su rostro había desaparecido por completo. Caminaba con la mirada fija al frente, envuelto en un aura glacial. Sus ojos se habían vuelto más duros, más temibles, y todos sentían por él un respeto aún mayor, casi temor.

—Su agenda de hoy, señor. —El asistente Darío le tendió la tableta.

—Aplaza todo lo que no sea importante —ordenó Mateo con voz gélida.

Darío se limitó a asentir para cumplir las órdenes de su jefe.

Mateo alzó la vista y clavó los ojos en su asistente.

—¿Y bien? ¿Ya la encontraste? —preguntó, la mirada cargada de esperanza.

Darío bajó la cabeza un instante y volvió a mirarlo.

—Todavía no, señor, pero...

—¡Vete! —La voz de Mateo volvió a helarse; aquella mirada esperanzada se transformó de golpe en una mirada afilada.

—Con permiso. —Darío se marchó. En verdad aún no había dado con el rastro de la exsecretaria de su jefe; o, para ser más exactos, quería confirmar primero el paradero de la mujer que su patrón amaba.

Cuando su asistente se fue, Mateo miró su celular con tristeza. Contempló el fondo de pantalla: el hermoso rostro de Arabella con su dulce sonrisa.

—¿Dónde estás? Perdóname, Ara. Fui un egoísta —susurró, con el pecho oprimido.

Cerró los ojos, y las lágrimas se le escaparon al recordar lo egoísta que había sido entonces. ¿Cómo había podido dejar marchar así, sin más, a la mujer a la que había hecho suya y que tanta calma le había dado? No había pensado ni por un instante en lo que ella sentía, y ahora esa mujer se había ido llevándose a su propia sangre.

Se enjugó las mejillas húmedas y volvió a mirar el teléfono con pena.

—Espérame, aunque sea muy poco probable que quieras perdonarme —murmuró, el corazón atravesado por el dolor.

Doña Ana mecía a su nieta, que día tras día mostraba señales de mejorar. La mujer no dejaba de sonreír al contemplar a la diminuta criatura en sus brazos.

—¿Ya se durmió, mamá?

Samuel apareció de repente por detrás y la sobresaltó.

—Qué susto me diste, Sam —lo regañó ella—. ¿Cómo va todo en el hospital? —le preguntó a su hijo.

—Como siempre. Ara no muestra ningún cambio —respondió Samuel, el rostro agotado.

Hacía ya un mes que Arabella permanecía postrada sin mejoría alguna, por más que Samuel y Aldo le habían procurado el mejor tratamiento posible.

—Tal vez Dios la está castigando —murmuró doña Ana, mirando con tristeza a la bebé dormida.

Samuel se quedó callado. Quizá su madre tuviera razón.

En el hospital, Aldo acompañaba a don Hernán. Desde que el padre de Arabella había llegado, Samuel había preferido volver a casa para hacerle compañía a su madre, y ahora ambos hombres se turnaban para velar a Arabella.

—Aldo, hijo, gracias por haber ayudado a Ara —dijo don Hernán.

Estaban sentados en las sillas de la sala de espera, mientras Arabella permanecía en la unidad de cuidados intensivos, como durante todo aquel mes.

—No es nada, don Hernán. Lo hice de corazón —repuso Aldo.

Aunque le dolía en el alma ver a la mujer que le había robado el corazón, procuraba resignarse.

—No sé qué habría sido de ella sin ti, hijo. Marcharse de casa embarazada y sin casarse... En su momento nos decepcionó muchísimo lo que hizo, pero después de que se fue nos arrepentimos de haberla dejado hundirse sola. —Don Hernán rememoraba aquellos días con la mirada apagada, cargada de remordimiento—. Si tan solo la hubiéramos arropado entonces, nada de esto habría pasado.

Y es que no hay padre que olvide a un hijo; por muy hondas que sean las heridas que les inflijan, siempre acaban perdonando.

—¿Puedo preguntarle algo? —dijo Aldo con tono grave.

Don Hernán se volvió hacia él, aquel hombre que resultaba ser el jefe para el que Arabella había trabajado durante su embarazo.

—Dime. Si puedo responderte, lo haré.

Aldo respiró hondo antes de pronunciar las palabras que dejarían a don Hernán petrificado.

—¡Permítame casarme con Arabella!

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Vanessa Soto Garcia
😂😂😂😂😂😂😂
Vanessa Soto Garcia
😂😂😂😂😂, la niña es astuta y traviesa 🤣🤣🤣
Vanessa Soto Garcia
me gusta la trama hasta este momento
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