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La Vida Que Nos Falta

La Vida Que Nos Falta

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Reencuentro / Amor prohibido
Popularitas:697
Nilai: 5
nombre de autor: Y.Valeri

Victoria tenía dieciocho años cuando conoció a Stefano.
Él tenía veintidós, una sonrisa imposible de ignorar y demasiadas verdades que decidió callar.

Para ella fue su primer gran amor. Para él, una historia que nunca debió comenzar.

Victoria creyó conocer al hombre del que se estaba enamorando, hasta que descubrió que Stefano guardaba un secreto capaz de cambiarlo todo. Intentó alejarse. Volvió. Lo perdonó. Y cuando finalmente creyó haber aceptado la verdad, descubrió que apenas conocía una parte de ella.

Lo que siguió fueron años de encuentros, despedidas y decisiones que terminaron llevándolos por caminos distintos.

Victoria creció. Amó. Construyó una vida que ya no dependía de Stefano.

Pero algunas historias no terminan cuando dos personas se separan.

A veces solo esperan el momento en que ambos tengan suficiente vida encima para entender lo que realmente perdieron.

NovelToon tiene autorización de Y.Valeri para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La vida seguía

Hubo un momento en que Victoria dejó de medir la semana por las veces que veía a Stefano.

No se dio cuenta cuándo ocurrió.

Tal vez fue la universidad.

Tal vez fue el cansancio.

Tal vez simplemente empezó a tener demasiadas cosas propias ocupándole la cabeza.

Aquel semestre se le juntaron dos exámenes, una exposición y un trabajo en grupo que parecía no avanzar nunca.

Para empeorarlo, una mañana le devolvieron una prueba que ella estaba segura de haber hecho bien.

Sesenta y ocho.

Victoria volvió a mirar la nota.

—No puede ser.

Laura, sentada a su lado, se inclinó un poco.

—No está tan mal.

Victoria giró la hoja.

—Está horrible.

—No perdiste.

—Ese no es el punto.

—¿Cuál es el punto?

Victoria señaló una respuesta marcada en rojo.

—Que esto me lo sabía.

Laura la observó unos segundos.

—Entonces estudiaste otra cosa.

—Gracias por tu apoyo emocional.

—Para eso están las amigas.

Victoria guardó la prueba dentro de la carpeta con más fuerza de la necesaria.

La molestia le duró todo el día.

Llegó a casa, comió casi sin hablar y se encerró a revisar apuntes. Su madre pasó dos veces por la puerta. La primera para preguntarle si quería café. La segunda para decirle que llevaba demasiado tiempo sentada.

—Estoy bien.

—Eso dicen todos antes de quedarse dormidos encima de un cuaderno.

Victoria sonrió sin levantar la cabeza.

—Cinco minutos más.

—Eso dijiste hace media hora.

Su madre siguió caminando por el pasillo.

Victoria volvió a leer la misma página.

Aquella noche terminó estudiando hasta que las letras empezaron a mezclarse.

No pensó en Stefano.

Lo notó hasta el día siguiente.

Y la sensación fue extraña.

No tristeza.

No alivio exactamente.

Solo la certeza de que había pasado un día completo sin preguntarse dónde estaba él.

• • •

Durante las semanas siguientes, la universidad ocupó casi todo.

Victoria empezó a estudiar con Laura en la biblioteca. Se repartieron temas, hicieron resúmenes y se prometieron no hablar de nada que no fuera materia hasta terminar.

La promesa duró doce minutos.

—¿Vos creés que el profesor de verdad lee todo esto? —preguntó Laura.

—Espero que sí. Llevo tres días haciéndolo.

—Yo creo que pesa los trabajos.

Victoria soltó una risa.

—Si pesa más de medio kilo, aprobado.

—Exacto.

Volvieron a estudiar.

A veces Victoria miraba el teléfono por costumbre.

No siempre había algo.

Y cuando Stefano llamaba, no necesariamente podía verlo.

Una tarde lo hizo justo cuando Victoria estaba entrando a la biblioteca.

—Hola —respondió ella.

—¿Estás ocupada?

Victoria miró los libros que llevaba contra el pecho.

—Mucho.

—Ah.

—Tengo examen.

—Entonces no te distraigo.

Victoria esperó, sorprendida.

—¿Eso era todo?

—Pasaba cerca. Pensé que tal vez tenías un rato.

—Hoy no.

—Está bien.

No hubo reclamo.

Ni preguntas.

—¿Todo bien? —preguntó Victoria antes de colgar.

Hubo una pausa breve.

—Sí. ¿Vos?

—Bien.

—Suerte con el examen.

—Gracias.

Eso fue todo.

Victoria guardó el teléfono y entró a la biblioteca.

Horas después, cuando salió, ya estaba pensando en otra cosa.

• • •

El examen siguiente le fue mejor.

Mucho mejor.

Victoria salió del aula con una ligereza que no sentía desde hacía días.

Laura la alcanzó en el pasillo.

—¿Y?

—Creo que bien.

—¿“Creo” bien o Victoria bien?

—Victoria bien.

—Entonces celebramos.

Terminaron comiendo algo barato cerca de la universidad y hablando de planes para cuando terminaran el semestre.

Laura quería viajar.

Victoria quería dormir una semana completa.

—Qué ambiciosa.

—Tengo metas realistas.

Mientras hablaban, el teléfono de Victoria vibró dentro del bolso.

Lo sacó.

Stefano.

No respondió de inmediato.

Laura siguió contando una historia.

Victoria escuchó hasta el final.

Después miró nuevamente la pantalla.

La llamada ya había terminado.

No sintió urgencia.

Tampoco culpa.

Un rato después, cuando se despidió de Laura, devolvió la llamada.

Stefano contestó rápido.

—Hola.

—Estaba comiendo.

—¿Te fue bien?

Victoria sonrió.

—Creo que sí.

—Entonces te fue bien.

—Qué confianza.

—Alguien tiene que tenerla.

Hablaron unos minutos.

Stefano le contó que había pasado casi toda la mañana manejando por trabajo y que todavía tenía que entregar unos documentos antes de ir a clases.

Victoria se burló de él por estudiar después de pasar el día entero en la calle.

—Vos hacés lo mismo —respondió Stefano.

—Sí, pero yo me puedo quejar.

—Entiendo.

—Qué bueno que entendás.

Se rieron.

No quedaron de verse.

No preguntaron cuándo podrían hacerlo.

Victoria colgó y siguió hacia la parada.

• • •

A finales de esa semana, su madre le pidió que la acompañara a hacer unas compras.

Victoria estuvo a punto de decir que no porque tenía que adelantar una exposición.

Después miró la computadora, los apuntes abiertos y la taza vacía a su lado.

—Está bien. Pero rápido.

—Eso siempre decís vos y después soy yo la que te espera.

—Mentira.

Salieron.

Compraron más de lo planeado.

Discutieron por una marca de cereal.

Su madre insistió en entrar a una tienda que Victoria no necesitaba visitar.

Nada extraordinario.

Y precisamente por eso Victoria disfrutó la tarde.

De regreso a casa pensó en lo distinta que se sentía su vida cuando no estaba pendiente de si Stefano aparecería.

Él seguía ahí.

A veces en una llamada.

A veces en un café.

A veces en un encuentro que aparecía sin demasiada planificación.

Pero ya no estaba en medio de todo.

Victoria tenía cosas que resolver antes y después de él.

Una carrera que terminar.

Notas que mejorar.

Amigas que la sacaban de la biblioteca aunque protestara.

Una madre que seguía entrando a su cuarto para recordarle que comiera.

Planes pequeños que no tenían nada que ver con esperar una llamada.

Stefano seguía importándole.

Mucho.

Pero por primera vez eso no significaba que el resto de su vida tuviera que quedarse quieto hasta que él volviera a aparecer.

Y quizá el cambio empezó ahí.

No cuando dejó de quererlo.

Sino cuando empezó, sin darse cuenta, a necesitarlo un poco menos.

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