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La Gemela Equivocada

La Gemela Equivocada

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / Secuestro y encarcelamiento / Romance oscuro / Completas
Popularitas:179
Nilai: 5
nombre de autor: Mary Mendes

Stella Rossi siempre fue la gemela difícil. Lengua afilada, temperamento indomable y una lealtad feroz hacia su hermana Luna. Cuando la familia Lombardi entrega a Luna en un matrimonio arreglado con Takeo Akira —el temido Kumichō de la Yakuza japonesa—, Stella toma su lugar sin pensarlo dos veces.

Lo que no calculó fue a Takeo.

Frío, calculador y obsesionado con la venganza contra los Lombardi, Takeo descubre el engaño en la noche de bodas. La mujer que tiene frente a él no es la dócil Luna que eligió como peón de su plan. Es Stella: insolente, desafiante y absolutamente imposible de controlar.

Atrapada en una mansión-fortaleza en Tokio, sin aliados y sin escapatoria, Stella se niega a quebrarse. Pero la guerra entre ellos comienza a cambiar de forma. El odio se mezcla con el deseo. La desconfianza se enreda con la necesidad. Y lo que empezó como una alianza de sangre se convierte en algo mucho más peligroso: un vínculo que ninguno de los dos estaba preparado para sentir.

Mientras Takeo ejecuta un plan de venganza que lleva años construyendo, Stella descubre que el verdadero campo de batalla no está entre familias ni imperios criminales.

Está entre ellos dos.

Y cuando las lealtades se quiebren, los secretos salgan a la luz y la violencia alcance a quienes más aman, ambos tendrán que decidir qué vale más: la venganza que lo consume o el amor que ninguno de los dos pidió.

NovelToon tiene autorización de Mary Mendes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Bonus - Chiara

Chiara

Luna se acerca a mí.

Basta mirar a mi hija para que toda la fuerza que vengo reuniendo amenace con desaparecer.

Mis ojos arden.

Veo una única lágrima escapar y deslizarse por su rostro.

Ella sonríe entre el llanto.

—Voy a ser fuerte, mamá.

Llevo las dos manos al rostro de mi hija.

Mis ojos recorren cada detalle de su expresión.

Entonces mi respiración falla.

Como si finalmente viera más allá del vestido... más allá de la sonrisa... más allá de la máscara.

Mis labios tiemblan.

Su nombre escapa en un soplo casi inaudible.

—Stella...

Antes de que logre decir cualquier otra cosa, ella me abraza con toda la fuerza.

Siento sus labios acercarse a mi oído.

—No cuentes... por favor.

Aprieto a mi hija aún más fuerte.

—Lo que hiciste, hija mía...

Siento las lágrimas mojar su hombro.

Por algunos segundos, no logro responder.

Solo hago un pequeño movimiento afirmativo con la cabeza.

Veo a Stella respirar profundamente.

Ella se aleja despacio, se seca el rostro y fuerza una sonrisa para todos.

—Adiós...

No logro responder.

Solo la observo darse la vuelta antes de que el coraje la abandone.

Veo a mi hija caminar rápidamente hasta el novio.

Veo a mi Stella desaparecer por la puerta del salón.

Y, en el instante en que desaparece de mi vista, siento como si arrancaran un pedazo de mi corazón.

Un sollozo fuerte escapa de mis labios.

Entonces mis ojos encuentran a Luna.

Ella ya no puede contener el llanto.

Camina hasta mí y, en cuanto se detiene frente a mí, su voz sale entrecortada por las lágrimas.

—Ella salvó mi vida...

Mi mundo se derrumba.

Jalo a Luna hacia mis brazos y la abrazo con toda la fuerza.

Ella tiembla mientras llora desesperadamente.

Levanto los ojos y veo a Giovanni en estado de shock.

Su mirada va de Luna hasta la puerta por donde Stella acaba de salir.

Su rostro pierde todo el color.

Él entiende.

Las niñas están intercambiadas.

El silencio dura apenas un segundo.

—¿Pero qué mierda hicieron?

La voz de Giovanni retumba por el salón.

Todos se vuelven hacia él.

Luna se encoge aún más en mis brazos.

Mi marido permanece inmóvil, mirando fijamente hacia donde Stella salió.

Veo la culpa, el shock y la desesperación estampados en su rostro.

Y, en ese instante, todos entendemos la dimensión del sacrificio que Stella acaba de hacer.

Stella...

Desde pequeña, siempre protegió a su hermana.

Incluso cuando eran niñas, era ella quien asumía la culpa por las travesuras de Luna. Era ella quien la defendía de todo y de todos.

Pero nunca imaginé que un día llegaría a este punto.

Luna levanta el rostro, completamente destruida por el llanto.

—Nosotras... nosotras intercambiamos lugares en cuanto supimos del matrimonio.

Niego con la cabeza, incrédula.

Las palabras tardan en hacer sentido.

—No...

Mi voz falla.

—Noté que estaban diferentes... Pero pensé que era solo por la boda.

Las dos siempre fueron idénticas.

Solo quien convivía con ellas lograba percibir las pequeñas diferencias.

Y yo... la madre de ellas... creí que el cambio en la forma de actuar era solo miedo, nerviosismo, ansiedad.

Cierro los ojos un instante.

¿Cómo no me di cuenta?

¿Cómo no vi que mi hija se estaba despidiendo de mí?

Luna vuelve a llorar.

—Stella no me dio opción. Ella dijo que yo tenía toda una vida por delante... y que jamás permitiría que me casara con el hombre que secuestró a Fiorela.

Mi corazón se parte una vez más.

Mi niña...

Ella eligió cargar sola el peso de ese sacrificio.

Para salvar a su hermana.

Como siempre hizo.

Me acerco a Luna una vez más.

Con las manos temblorosas, sostengo su rostro entre las mías.

Ella llora sin poder mirarme a los ojos.

Veo la culpa estampada en sus ojos.

Niego con la cabeza lentamente.

—Mírame.

Ella obedece poco a poco.

Seco sus lágrimas con los pulgares.

—Escucha bien lo que voy a decirte.

Respiro hondo, reuniendo toda la fuerza que aún me queda.

—Para todos los efectos... ese hombre se casó con Luna.

Mi voz falla por un instante, pero continúo.

—Fue ese el nombre que él escuchó en el altar. Fue ese el nombre que está en el acta de matrimonio. Y es ese el nombre que todos van a seguir creyendo que es el de su esposa.

Sostengo su rostro con más firmeza.

—Esto no sale de aquí, hija mía.

Mis ojos recorren a cada persona presente en el salón.

Giovanni permanece inmóvil, con el rostro tomado por la culpa.

A partir de hoy, este secreto nos pertenece a todos.

Echo una última mirada a la puerta por donde Stella salió.

Ella ni siquiera miró atrás.

Si hubiera mirado... tal vez no habría podido partir.

Mi pecho se aprieta con tanta fuerza que apenas puedo respirar.

Mi niña...

Ella pasó la vida entera protegiendo a su hermana.

Cuando eran pequeñas, era Stella quien asumía los castigos.

Quien escondía las lágrimas de Luna.

Quien enfrentaba cualquier problema para que su hermana nunca sufriera.

Y ahora...

Ella entregó su propia vida.

Cierro los ojos lentamente.

Uno las manos frente al pecho.

En medio del silencio del salón, hago lo único que aún puedo hacer por mi hija.

Rezo.

Dios...

Cuida a mi Stella.

Protege cada paso suyo.

No permitas que Takeo descubra la verdad.

Dale fuerzas para que soporte este matrimonio y encuentre un camino de vuelta.

Y, si es necesario, quita años de mi vida... pero devuélveme a mi hija.

Una lágrima se escurre por mi rostro.

Abro los ojos despacio.

El dolor sigue ahí.

No disminuye.

Tengo la terrible sensación de que, en el momento en que Stella atravesó aquella puerta, dejé de abrazar a mi hija... y pasé a esperar, todos los días, por el momento en que pueda volver a casa.

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