"Él fue mi primer amor y yo el suyo, estuvimos juntos en nuestros peores y mejores momentos, sin embargo ahora me estaba cambiando por alguien más joven."
Karla nunca estuvo preparada para descubrir la infidelidad del hombre que consideraba el amor de su vida, y mucho menos para ser echada a la calle tras una vida entera de entrega. Por si fuera poco, el desprecio de sus propios hijos —al no encajar en su ideal de madre— termina de destrozar su mundo. Con el corazón roto y la vida en ruinas, Karla se encuentra en un punto de no retorno: dejar que el dolor la consuma o reunir las fuerzas para sanar y reconstruirse desde cero.
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Lo estás haciendo muy bien
La magia pronto terminó de manera abrupta. Johan separó sus labios de los míos en un claro gesto de contención. Me sentí tan avergonzada que deseaba salir corriendo y esconderme lejos de todos.
— Lo siento —le dije—. Actué por impulso, no pensé que lo odiarías. Quizás vi mal las señales.
— Deja de disculparte, Karla.
Miré hacia todos lados excepto a Johan; no quería ver el rechazo en sus ojos.
— Lo sé, sé que no soy tan bonita. Yo… no sé por qué lo hice.
Johan sujetó mis mejillas, obligándome a enfrentar su profunda mirada.
— No te besé porque me parezcas fea; es más, desde la primera vez que te vi me pareciste bastante guapa. No lo hice simplemente porque no quiero aprovecharme de ti. Estás borracha y vulnerable. No es lo correcto.
No supe qué decir ante sus palabras. Mi cabeza era un lío; lo único que me hacía sentir mejor era que, por suerte, ya no lo volvería a ver. Mientras trataba de poner algo de espacio entre Johan y yo, llegaron mis amigos.
— ¿Qué está pasando, Karla? —me preguntó Regina.
— ¿Este tipo te está molestando? —dijo Marcus en un tono algo brusco.
— ¿Quieres que le demos una lección? —añadió Jhon mientras se tronaba los nudillos.
Antes de que se hicieran ideas erróneas, decidí poner fin a la escena.
— Es solo un amigo. Creo que ya es tarde, deberíamos irnos.
— Tienes razón —comentó Regina mientras me tomaba de los hombros para guiarme hacia la salida. Le di una última mirada a Johan, quien levantó su copa a manera de despedida—. Me duelen los pies, creo que he bailado lo que no bailé en más de una década.
Solté una risita ante sus palabras, acción que me ganó más de una mirada por parte de los chicos.
— Has llorado, tienes los ojos como un sapo —comentó Marcus.
— Bueno, no creo que sea correcto que ofendas a los sapos, amor —añadió Jhon a manera de burla—. Incluso su cabello está despeinado como si un rayo le hubiera caído encima.
— Creo que parece una bruja, pero no de las sexys, sino de aquellas que te hacen tener pesadillas de noche —sentenció Marcus.
Me asusté ante sus palabras mientras trataba de divisar mi reflejo en la penumbra. Como estaba oscuro, no podía estar segura de qué tan mal me veía.
— En serio, ¿tan mal me veo?
No podía evitar sentirme aún más avergonzada. ¿Cómo pude actuar con este tipo de fachas delante de Johan? ¿Cómo pude siquiera atreverme a besarlo? ¿Cómo no se burló de mí? De seguro pensó que era alguna especie de loca.
Definitivamente, el tipo debía de ser un ángel.
— Cariño, hasta una escoba se vería sexy a tu lado —insistió Marcus.
— Ya dejen de molestarla —intervino Regina.
— ¡Me quiero morir! —exclamé tapándome la cara.
***
Al día siguiente, desperté con un fuerte dolor de cabeza. Todo estaba confuso en mi mente, ni siquiera estaba segura de dónde estaba, por lo que por instinto busque a ciegas el lado de la cama con los ojos aún cerrados.
— Karina, nena, levántate, vas a llegar tarde a la escuela... Karina.
Al no recibir respuesta alguna, abrí los ojos. El lado de la cama estaba vacío. Mis pensamientos poco a poco se aclararon y me di cuenta de que ya no había una Karina a quien despertar. Ella ya no estaba conmigo.
— Cómo extraño a mi niña —susurré mientras me levantaba despacio y me disponía a iniciar el día.
Habían pasado varios días desde la última vez que los vi, por lo que no podía evitar preguntarme cómo estaban, si me extrañaban, si se acordaban de mí o si definitivamente ya no querían saber más de mi existencia.
— Armando no puede negarme ver a mis hijos. Quiero verlos —me dije con firmeza mientras me proponía visitarlos por la tarde—. Tal vez debería llevarle fresas a Karina, a ella le encantan, y a Kian una tarta de chocolate.
Tras vestirme con mi overol de trabajo, me dispuse a ver mi reflejo en el espejo. La mujer que me devolvía la mirada se notaba cansada, con los ojos enrojecidos y la sonrisa marchita. Detesté a esa versión de mí que parecía llena de amargura y desilusión.
No quería seguir siendo esa mujer.
Tomé unas tijeras del cajón y empecé a cortar mi cabello. De nuevo, hice algo que en el pasado consideraba ridículo; tal parece que dispararme en mi propio pie se había convertido en mi nueva manera de vivir. Siempre pensé que las mujeres que se cortaban el cabello después de una mala ruptura eran dramáticas, pero ahora sentía que debía disculparme con todas: no eran tontas ni ridículas, eran valientes y decididas.
Cortarse el cabello era una forma de declararle al mundo que estábamos dispuestas a enfrentar cambios en nuestra vida. Tal como el cabello vuelve a crecer, así también volverá a florecer nuestra autoestima.
Después de terminar, hice algo que tampoco era propio de mí: me apliqué un toque de maquillaje, algo suave que hizo que me sintiera hermosa. Incluso aquellas líneas de expresión que marcaban mi rostro parecieron suavizarse un poco. Podría decirse que me veía más joven.
Por eso, cuando salí de la habitación, a Regina casi se le cae el pedazo de pan que tenía en la boca.
— ¿Me veo mal? ¿El fleco no me queda? ¿O me quedó muy chueco el corte? —pregunté con timidez—. Quería cortarlo un poco, pero terminé dejándolo apenas por debajo de los hombros.
— Te ves hermosísima —soltó Regina con una sonrisa sincera, lo que me hizo sentir un gran alivio—. No sabía que sabías cortar el cabello, te quedó perfecto. Aunque voy a extrañar ver tu melena de Rapunzel.
— Solo quise hacer un cambio, por más pequeño que fuera.
— Lo estás haciendo muy bien. Desayuna y luego nos vamos a trabajar.
— Bueno, ¿qué tenemos para desayunar?
— Mermelada y pan —comentó Regina con una sonrisa.
— Y pan con mermelada —añadí, entendiendo el chiste.
Armando y Cristel que quieren ahora 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Ahora llegará acompañada de Johan y Armando se agarrará de allí veremos qué pasará en la fiscalía.
Karla lo mejor que te ha pasado es haber salido de ese parásito bueno para nada tienes ahora a tus hijos, a Johan que te está conquistando y de paso te ganas la lotería mejor imposible.