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La Diosa Del Veneno: Madrastra Fatal.

La Diosa Del Veneno: Madrastra Fatal.

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / Época
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

La Diosa del Veneno : Madrastra Fatal.

Una asesina letal del siglo XXV, Expertas en venenos y curaciones, muere perseguida y despierta en la época antigua, en un mundo antiguo lleno de prejuicios y abusos. Decidida a sobrevivir, rehacerse y proteger a los cuatro hijos que la otra vida dejó a su cargo, rompe todas las reglas: castiga la crueldad con su propia medicina, se gana el respeto con hechos y construye su propio destino. Una historia de fuerza, justicia y transformación, donde la "mujer débil" se convierte en la ley que nadie se atreve a desafiar.



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CAPÍTULO 11: INSULTOS Y VERDADES OCULTAS

Me lancé contra los asesinos. Mis movimientos fueron tan rápidos que apenas si se distinguía mi figura: me elevé en el aire con un salto que desafiaba la gravedad, y mis manos, ágiles como las de una serpiente, soltaron una lluvia de agujas de plata finísimas empapadas en veneno letal. Silbaron al cruzar la oscuridad de la noche, y antes de que pudieran levantar sus armas, veinte de ellos cayeron al suelo sin un gemido, con la piel ya empezando a oscurecerse por el efecto del tóxico.

Saqué una daga que traía oculta entre la ropa, lista para seguir luchando, cuando Oliver apareció a mi lado. No me dirigió ni una mirada, ni una sola palabra. Su espada de acero negro brilló un instante bajo la luz de la luna, y una ola de energía interna invisible se desprendió de él, arrasando con todo lo que encontró a su paso. Con cada movimiento fluido, preciso y mortal, fue acabando con ellos uno tras otro —veintinueve en total—, sin darles siquiera la oportunidad de defenderse.

Solo quedó en pie el líder, temblando de pies a cabeza. Oliver se acercó a él en un par de zancadas, alzó su espada y, con un movimiento seco, le cortó tres dedos de la mano derecha.

—Responde: ¿quién te envió a atacar a mi esposa? —ordenó con tono de hielo.

El hombre gritó de dolor, cayendo de rodillas, y no tardó en confesar entre sollozos:

—¡Fue el oficial! ¡El mismo que la señora enfrentó en el burdel! ¡Él nos mandó a abusar de ella, matarla y tirar su cuerpo en la entrada de la clínica!

Mi esposo envainó su espada con calma, y por fin me miró:

—Ya confesó. Vaya si que me das sorpresas… tu agilidad es letal, nunca vi tal destreza con las agujas.

—Oliver, te dije que yo podía sola —le respondí molesta—. Odio que me protejan, no me gusta ser la damisela en apuros. Prefiero morir en una batalla.

Él me observó en silencio: Debo matarla. Esta mujer es muy peligrosa, su habilidad no es de este imperio. Debe ser una espía de un reino enemigo. Tenerla cerca es un peligro.

Los chicos nos miraban con los ojos muy abiertos, llenos de admiración:

—¡Papá y mamá son geniales!

Al llegar a la casa, Oliver se volvió a ir sin decir a dónde iba.

Tres horas después de que él se marchara, fui a bañarme a la fuente termal del río para relajarme. Me quité el vestido y me quedé solo con mi ropa interior, disfrutando del calor del agua.

Isabella:

De pronto escuché un ruido entre los arbustos. Saqué mis segundas armas más letales: unas cuchillas venenosas, pequeñas pero afiladas y mortales.

—Definitivamente tengo mala suerte —murmuré—. Más asesinos… no tengo paz en mi vida. En mi vida pasada me pasé casi todo el tiempo en campos de batalla, ni siquiera puedo tomar un baño tranquilo.

En ese momento, un hombre enmascarado que huía de un grupo de perseguidores cayó al agua sin querer, y sus manos terminaron posándose sobre mi pecho.

—Qué extraño se siente… suaves y firmes —soltó sin darse cuenta.

—¡Canalla pervertido, te voy a castrar! —grité, lanzándole una cuchilla, pero él la esquivó por poco.

Oliver :

Mierda… esta mujer… su voz me suena conocida. No puede ser… ¿Es mi esposa? ¿Cómo está aquí a estas horas? Viéndola bien, es muy sensual, pensó él.

—Oye tú, vil sujeto —le dije con indignación—, esos asesinos vienen por ti. ¿Qué tal si les ayudo a acabar contigo?

—Señora, fue un error, le juro que no quise tocarla —se defendió él—. He visto mujeres mucho más hermosas.

—¡Desgraciado! ¿Te atreves a decir que soy una mujer común y sin gracia? Si no te castro no me llamo Isabella.

—¡No, señora, no quise decir eso! —corrigió de inmediato—. Usted es hermosa, la más hermosa de todas.

—¿O sea que codicias mi cuerpo? Otra razón para matarte.

Mierda… esta mujer está loca, pensaba él alarmado. Antes de casarnos era sumisa y siempre andaba detrás de mí… pero todo fue una trampa. Bien dicen que no debemos confiar en las mujeres: se hacen las frágiles para tenderte sus redes.

El líder de los perseguidores nos observaba desde la orilla, babeando:

—Qué belleza… a ti te convertiré en mi concubina

—dijo pasándose la lengua por los labios.

—¿Concubina yo? —solté una carcajada fría—. ¡Jajajaja! Haré que me supliques por tu vida.

—Preciosa, mejor obedece —le advirtió él—. Además, tú eres la que anda provocando vestida así.

Oliver, disfrazado, se enfureció de inmediato: Canalla… te atreves a desear a la mujer de otro.

Le lancé una aguja que él esquivó por muy poco:

—Escúchame bien: yo no soy de otro ni de nadie. Soy solo mía. —Me detuve un instante, confundida—: Un momento… ¿cómo sabes que estoy casada?

—Es que… una mujer como usted seguro que está casada con un gran hombre —respondió él con tono fingido.

—¿Casada con un gran hombre? Vaya chiste… me casé con un malnacido.

Oliver sudaba frío: ¿Por qué odia tanto a su esposo?

—A ti no te importa —le dije con sequedad—. Solo sé que hoy serás un eunuco.

Me acerqué al líder de los asesinos:

—Ya que me amenazaste con convertirme en tu concubina, yo te mataré. Lo envenene con mis cuchillas. El veneno que tienes es letal y atrae a los insectos devoradores. Cientos de ellos vendrán a comerte la carne lentamente.

Al instante, enjambres de insectos empezaron a llegar y a devorar su piel, provocándole un dolor insoportable.

Dios mío… esta mujer es muy cruel. ¿Con qué clase de loca me casé?, pensó Oliver, mientras yo le lanzaba una aguja tomándolo desprevenido. Quedó paralizado contra un árbol.

—¿Qué me has hecho? —alcanzó a preguntar.

—Tienes buen físico —le dije, acercándome con malicia—. Y como me faltaste el respeto, yo también te lo faltaré. Le toqué sus abdominales—: Wow… qué marcados los tienes. Le quité la ropa riendo—: Jajaja, te dejaré desnudo en este bosque, te lo mereces por provocarme. No te quitaré la máscara porque no me importas. Dentro de poco serás atacado por los cuervos nocturnos, que te picarán los ojos.

—¡Insolente! —rugió él—. ¡Te atreves… si salgo vivo de esta te haré pagar, arpía! Eres una mujer despiadada.

Me marché con una sonrisa en los labios. Minutos después llegaron dos guardias de las sombras:

—¡Dios mío, mi señor! ¿Acaso ha sido profanado?

—¡Cállense! —les ordenó él, furioso—. Esa víbora me las pagará. Esta humillación se la cobraré. Isabella, cada vez eres más atrevida… si no le doy una lección, dejo de ser el príncipe regente.

Los guardias le pusieron ropa de inmediato y se lo llevaron de allí.

Cuando entré a la casa, los chicos seguían despiertos:

—Mamá, ¿Dónde estabas?

—Salí a bañarme al río —les respondí.

Poco después entró Oliver, con el cabello todavía mojado:

—Ya llegué. Estaba resolviendo un asunto importante.

—Con el cabello mojado… qué cuento tan absurdo —murmuré escéptica.

—Es que me bañé en casa de un amigo —se inventó él.

—Sí, claro… esa historia cuéntasela a otra. Pero no me importa, estoy demasiado indignada —dije con tono cortante.

—¿Qué pasó, madre? —preguntó Lucía preocupada.

—Lucía, no salgas de noche —le advertí—. Me topé con un vil pervertido, me agarró indebidamente y dijo que yo era una mujer común. Si lo encuentro lo mataré.

Esta mujer está loca, pensaba Oliver mientras se alejaba. Cree que le agarré el cuerpo por gusto… aunque tengo que admitir que es firme y tiene buen porte. Pero no me dejaré seducir por su apariencia. La mataré cuando tenga la oportunidad, es demasiado peligrosa.

Fui a la cama. Un rato después, Oliver se quitó la ropa y se puso una bata de dormir.

—¿Qué haces en esta habitación? —le pregunté molesta.

—Soy tu esposo, es normal que duerma contigo —respondió él con calma.

—¡Ni lo sueñes!

—Tranquila, no te forzaré —dijo encogiéndose de hombros—. Además, tú no me gustas.

—¡Qué bueno! Tú a mí tampoco me gustas —le solté—. Y no cruces esa línea de la cama.

Nos acostamos, pero estaba tan agotada que perdí el control y terminé durmiéndome recostada sobre su pecho.

—Isabella, qué vulgar eres —murmuró él viéndome dormida—. Esta mujer no despierta… me está babeando el pecho. —Me acomodó sin querer—: Tranquila… —Se quedó mirándome con confusión—. Está soñando. Isabella, qué insolente… eres la primera mujer que se atreve a atacarme con agujas, babear mi pecho y tratarme así… ¡Mierda, se me levantó! Tengo una jodida erección. Oliver, no te puedes dejar seducir por esa víbora… la dejaré viva por ahora, solo para vigilarla.

Mientras tanto, Eva estaba en el Templo Fénix. Usó trucos y mentiras para engañar a los sacerdotes y hacerse pasar por la verdadera Mujer Fénix. De pronto, la pantalla del sistema volvió a aparecer frente a ella:

«Anfitriona, has logrado convencer al Templo. Tu siguiente misión es lograr que el General Protector te adopte como su hija. Debes tenerlo como aliado».

—Estos primitivos ridículos me veneran como si fuera una diosa —murmuró ella con desprecio—. Debo conquistar a Oliver y al príncipe heredero: ellos son mi puente para llegar a la cima. Yo seré la Emperatriz que gobernará el mundo entero.

 

Eva:

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Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
inuyasha/ Tomoe🦊
aliado y trasmigrado
Aleida Delgado Santana: Puede ser.
total 1 replies
Elizabeth Yepez
esa emperatriz viuda ya es hora que pague
Elizabeth Yepez
lo tenía bien merecido
Elizabeth Yepez
y esos hijos son de quien entonces
Aleida Delgado Santana: Sobrinos de Oliver.
total 1 replies
Elizabeth Yepez
así es nada de sumisa
Elizabeth Yepez
también viene del futuro
Elizabeth Yepez
que busca la vieja inmunda
Aleida Delgado Santana: Solo busca, joder.
total 1 replies
Elizabeth Yepez
así,se habla esas escorias no merecen perdón
Elizabeth Yepez
vino a poner orden,carajo
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