Ella puede morir en cualquier momento, pero la presencia del Alfa se convierte en su única ancla para sobrevivir. Kael ha encontrado a su Luna, y destruirá a quien sea necesario con tal de mantener latiendo el corazón de la mujer que ama.
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Capítulo 18
En el gran comedor de la mansión Valenzuela, el ambiente pretendía simular una serenidad absoluta. Un candelabro de cristal iluminaba la mesa servida con manteles de lino y una cena ostentosa, como si apenas unas horas antes el imperio familiar no hubiese sufrido el golpe más devastador de su historia.
Guillermo cortaba su corte de carne con una parsimonia ensayada, aunque la rigidez en sus manos delataba el nerviosismo que intentaba ocultar. Levantó la vista hacia su esposa e hija, dejando los cubiertos sobre el plato.
—¿De dónde Camila pudo conseguir el respaldo de un Alfa? —comenzó a hablar Guillermo, con un tono lleno de frustración e incredulidad—. Esos animales se ligan muy poco con los humanos...
Victoria emitió una risotada amarga, llevando la copa de vino a sus labios antes de responder con absoluto desprecio.
—Tu hija de verdad que sabe cómo inventar... Fue seguro capaz de pagarle bien, sabrá Dios qué hizo —dijo Victoria, encogiéndose de hombros con una sonrisa venenosa, buscando minimizar el peligro que representaba la nueva alianza de su hijastra.
Giselle, que hasta ese momento había permanecido en silencio observando la pantalla de su teléfono, levantó la mirada hacia sus padres. A diferencia de Victoria, su rostro no reflejaba burla, sino una mezcla de envidia y un temor muy bien fundado.
—Los Alfas son muy poderosos, y a veces tienen parejas destinadas humanas... —intervino Giselle, mirando fijamente a su madre con seriedad—. Si Camila se casa con ese Alfa, créanme que entonces será muy poderosa.
Guillermo apretó los puños sobre la mesa ante las palabras de su hija menor, mientras Victoria borraba de golpe la sonrisa de su rostro, sintiendo por primera vez que la sombra de Kael y Camila se cernía sobre ellos de manera inevitable.
Guillermo estrelló la copa de cristal contra la mesa, haciendo que el vino tinto se derramara como una mancha de sangre sobre el mantel blanco.
—¡Eso no va a pasar! —exclamó el hombre, con el rostro desencajado por la rabia—. Camila no es más que una enferma desobediente. Sin el respaldo de la clínica y sin la herencia que le corresponde por ley, no tiene nada que ofrecerle a un hombre de la casta de Kael. ¡Ese tipo se va a cansar de ella en cuanto se dé cuenta de que su corazón no va a durar mucho más!
Victoria, aunque alterada por el arrebato de su esposo, entrelazó sus dedos sobre la mesa y miró a Giselle con los ojos entrecerrados, masticando las palabras de su hija.
—Giselle tiene razón en algo, Guillermo —dijo Victoria en un susurro frío y calculado, recuperando la compostura—. No podemos tomarnos esto a la ligera. Rivas ya no responde al teléfono y algo me dice que el sabotaje al contenedor de transporte no salió como esperábamos. Si ese Alfa descubre que intentamos frenar el trasplante, no va a enviar abogados... nos va a destruir a todos.
—¿Y qué sugieres que hagamos? —preguntó Guillermo, sintiendo una punzada de pavor en el estómago—. Si ese hombre nos audita a fondo, terminará de quitarme las acciones que me quedan.
—Jugaremos con sus propias reglas —sonrió Victoria con malicia—. Mañana mismo irás a buscar a Camila. Te presentarás como el padre preocupado que solo quiere lo mejor para su salud. Le recordarás que la sangre pesa más que cualquier contrato y tratarás de sacarle información sobre sus verdaderos planes con Kael. Necesitamos saber qué tan profundo es el control de ese Alfa sobre ella antes de dar nuestro próximo golpe.