Valérie era una bibliotecaria tranquila que encontró un final trágico a manos de un hombre obsesionado con ella. Sin embargo, la muerte no fue el final, sino el comienzo de una pesadilla aún más compleja. Ha reencarnado en el cuerpo de Maeve Cipriano, la recién nacida hija del Primer Ministro del poderoso Reino de las Rosas.
Su nueva vida es un paraíso de opulencia: rodeada de cunas de oro, sirvientas guerreras entrenadas de élite y una catadora de alimentos personal, Maeve vive en el pináculo del poder. Pero su padre, Santiago Cipriano, un hombre marcado por un pasado de pobreza, guerra y una terrible traición familiar que lo llevó a encarcelar a su propio padre, la adora con una intensidad que roza lo asfixiante.
El verdadero horror llega cuando los recuerdos de su vida pasada se aclaran y Valérie comprende dónde está: ha renacido dentro de la trama del segundo libro de una trilogía de fantasía oscura que leyó anteriormente. Y el papel que le corresponde no es el de una heroína salva
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Capítulo 6: Un gato sin correa, estafas en el pueblo y el misterioso Orión
—¡Miau! —maulló con fuerza el pequeño minino que acababa de saltar a mis piernas.
Adivinen quién acaba de adoptar un gato. Sí, yo. Un gato callejero, de esos que andan sin correa y son de quien los vea y los mime primero. Decidí llevármelo a la mansión, y ahora se ha vuelto mi fiel compañero de lectura.
Pero dejando al adorable minino a un lado, desde la última vez que hablé con mi padre sobre el plan de alfabetización y la biblioteca, me he estado moviendo por el pueblo en busca del lugar perfecto. Después de recorrer varias calles, encontré tres locales que me gustaron, ¡y las cosas empezaron a ponerse interesantes!
El primer local que visité parecía perfecto por fuera, pero justo cuando iba a cerrar el trato con el supuesto dueño, el chico de cabello negro y ojos oscuros apareció de la nada.
—Espera un segundo, pequeña bibliotecaria estafada —dijo, cruzándose de brazos y deteniéndome antes de entregar las monedas—. Te estás metiendo en un terreno turbio.
—¿De qué hablas? El caballero dice que este local es suyo —le respondí frunciendo el ceño, confundida.
—Claro que no —respondió él con una sonrisa sarcástica, señalando al supuesto dueño que ya estaba pálido de los nervios—. Este negocio no es de él. Pertenece al vecino de al lado, quien solo le pidió que se encargara de cuidar las llaves mientras viajaba. Este sinvergüenza intentó aprovecharse de que eres una niña de la alta sociedad para robarte el dinero.
El hombre intentó protestar, pero el chico misterioso chasqueó los dedos y miró hacia la esquina de la calle.
—¡Eh, soldado! Acérquese un momento, creo que hay un fraude que resolver aquí —gritó el muchacho con una autoridad que me dejó con la boca abierta. En cuestión de segundos, un guardia real se lo llevó arrastrando, mientras el estafador suplicaba clemencia.
—Vaya... parece que sirves para algo, chico misterioso —le dije arqueando una ceja.
—Para salvarte de que te roben, al parecer sí —respondió él guiñándome un ojo con total desparpajo.
El segundo negocio que me gustó estaba ubicado en una zona muy transitada. Me aseguré de verificar minuciosamente los papeles, comprobando por mí misma que el anciano que lo vendía era el legítimo dueño. Estaba emocionada, hasta que caminé hacia la parte trasera para revisar la estructura.
—Ay, por todos los cielos... —murmuré llevándome las manos a la cabeza al ver las columnas de madera carcomidas.
El chico misterioso, que me había seguido de cerca, se asomó por la puerta y soltó un silbido.
—Vaya desastre. Tienes una plaga gigante de termitas aquí dentro, Maeve.
—Ni me lo digas —suspiré con frustración, mirando los pilares comidos por los insectos—. Los libreros de madera pesada y las termitas son peores enemigos. Si pongo un solo estante con libros antiguos aquí, todo el techo se vendrá abajo en menos de un mes. Descartado.
Por último, visité el tercer local. Era simplemente hermoso, amplio, con una iluminación natural maravillosa y ubicado en el corazón comercial del pueblo. Tenía todo lo que soñaba para mi biblioteca. El único pequeño inconveniente era el precio: estaba exageradamente caro.
—Esto cuesta una fortuna... ni vendiendo todos mis vestidos de seda podría pagarlo tan fácil —admití mirando la tasación con los ojos abiertos de par en par.
—¿Y eso te preocupa a ti? —se burló cruzándose de brazos—. Si mal no recuerdo, tu padre es el mismísimo Primer Ministro del reino. Tu familia tiene montañas de oro guardadas en el castillo.
—Bueno, es verdad... —me crucé de brazos, pensativa—. Mi padre tiene dinero de sobra y me apoya en esto, así que ¿por qué no darnos un lujo y comprar el mejor local de todo el pueblo?
—Esa es la actitud de la futura dueña del monopolio de la lectura —se rió él con picardía.
Hablando de él, en medio de las negociaciones, finalmente le había exigido que me dijera su verdadero nombre. El muchacho de cabello negro me sonrió de forma enigmática y me dijo que se llamaba Orión. Sin embargo, sigo con la mosca detrás de la oreja; su rostro me resulta demasiado familiar, sus actitudes no son las de un simple chico común del pueblo, y no le creo ni la mitad de lo que dice.
Pero con el gato nuevo en brazos, el local perfecto fichado y mi padre dispuesto a financiarlo, vamos a ver cómo siguen las cosas. Mi sueño de la biblioteca está cada vez más cerca de hacerse realidad.