La vida de Elif se vio trágica cuando el hombre más poderoso del pueblo la obligó a contraer matrimonio. Pero resultaba que era un hombre que cuatriplicaba en edad, por lo que en la consumación, murió de un infarto, quedando ella como heredera de toda esa fortuna.
Elif creyó que todo terminaba ahí, no obstante, aparecieron los familiares de aquel hombre, y la obligaron a contraer matrimonio con el nieto de su difunto esposo, un joven de 23 años, que la odiaba y despreciaba con cada segundo de su vida, por haberse quedado con todo lo que les pertenecía.
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16
Ante aquella verdad, Burak fue a buscar a su primo. Al llegar donde se encontraba Emir, lo giró del hombro y estrelló el puño en el perfecto rostro de su primo. Sin darle tiempo a una reacción, volvió a agarrarlo y estrelló otro puñete.
—¡Eres un maldito violador! La hiciste tuya bajo sustancias ilícitas.
Emir sonrió, escupió la sangre que contenía en su boca y, seguido, pasó el antebrazo por su boca limpiando así el residuo que quedaba.
—Yo solo te abrí los ojos, y recibí mucho dinero por ello —dijo, a lo que Burak inquirió:
—¿Dinero? ¿Quién te pagó?
—¿Quién más? Tu adorado padre. De una u otra manera tenía que convencerte para que accedieras a casarte, y no encontró otra forma que la desilusión. Y no se equivocó: con eso te fuiste derechito a casar. Así que no es a mí a quien debes reclamar, es a él.
Burak no podía creer que todo lo planeó su padre. Estaba al tanto de que deseaba esa herencia, pero jamás imaginó que para conseguirla usara métodos tan bajos y sin importarle que sus hijos fueran los afectados.
Burak llegó a casa, lanzó el bolso a un costado y se dirigió al despacho donde suponía estaba su padre. Cuando abrió la puerta se encontró con Elif ahí. La mirada que le dirigió a la joven fue desdeñosa. ¿Era esa mujer la culpable de todo lo que había sucedido?
—¿Por qué ingresas así?
Por primera vez Elif se alegró de ver a Burak. Aunque la mirada que le dirigió no era agradable, se sintió contenta de que estuviera ahí para poder liberarse de ese hombre que ya la había hecho firmar dos cheques y parecía querer más.
Sin que nadie le dijera nada, Elif se levantó y caminó hacia la puerta. Burak aún se encontraba ahí. Al momento en que ella pasó por su lado la miró de reojo. Ella aceleró el paso, fue hasta su habitación y se encerró ahí.
En la planta baja, Burak lanzó la puerta dejando a Cem aturdido. Caminó hasta el escritorio mirando a su padre con desilusión, bajó la mirada al escritorio y, cuando vio los cheques, los tomó en la mano. Una vez leída la cantidad, los rompió en cuatro partes.
—Pero ¿qué diablos te sucede? ¿Por qué los rompiste? —reprochó mientras veía los pedazos caer sobre la fina madera.
—¿¡Qué diablos te sucede a ti!? —estaba furioso. Su propio padre le había arruinado la vida, había drogado a su novia, a la mujer que amaba, y le había hecho creer que ella lo traicionó, todo para casarlo con una mujer que no amaba—. ¿¡Cómo pudiste!? ¿¡Cómo te atreviste a hacerle algo así!? ¿¡Por qué lo hiciste!? ¿¡Por qué!?
Su rostro se volvió carmesí, sus venas ardían, sus puños deseaban estrellarse en la cara de su padre, pero por respeto a que era su padre y una persona mayor no lo hizo.
—Tu sentimentalismo no te llevará a alcanzar lo que quieres. Si seguías con esa mujer no pasarías de ser un empleado más en la empresa de su padre. Debes agradecerme que evité que te convirtieras en el monigote de Ramírez, porque eso era lo que ibas a terminar siendo.
—¡NO ERA TU PROBLEMA! —gritó más que molesto.
—No me levantes la voz. No olvides que soy tu padre, y por muy grande que estés debes respetarme.
La discusión entre padre e hijo se hizo más fuerte. No existió la violencia por parte de ambos, ya que, a pesar de ser un hombre ambicioso, Cem nunca había golpeado a sus hijos, aunque después de la reacción de Burak ganas no le faltaban.
—Desde hoy trabajaré por mi cuenta —dicho eso, salió.
En cuanto a Cem, se alzó de hombros y agarró el teléfono para llamar a Elif. Esta volvió a bajar, firmó de prisa los siguientes cheques y por ahí mismo salió.
Lo que ese hombre fuera a realizar con ese dinero que le dio no le importaba. Ella solo necesitaba estar en buenas con todos ellos.
Por la noche, cuando Burak volvió, tocó a su puerta. Primero dudó en abrir, pero cuando le habló del documento le dio paso.
—¿Tienes tiempo para firmar?
—Primero necesito saber si puedo volver a la universidad —todos buscaban que ella les firmara cheques, documentos, que les entregara tarjetas y más cosas. ¿Por qué ella no podía solicitar una sola cosa? Y era Burak quien tenía que darle ese permiso, ya que él era quien no la quería en esa misma universidad.
—Está bien, pero mantente lejos de mí. No quiero que se enteren de que eres la mujer con la que me casé.
Elif no tenía problema en eso. A ella no le gustaba ir por la vida hablando de su vida privada, menos si esta no era la vida que soñó y donde no era feliz.
—Tampoco quiero que lo sepan —dijo agarrando el documento y firmándolo. Mientras más rápido lo hacía, más rápido ese hombre salía de su habitación.
Después de esa firma, Burak se convertía en el administrador de todas las empresas de los Demir. Aunque las decisiones que tomara a futuro debían ser cuestionadas por su esposa y los socios, eso no le quitaría que fuera el presidente, y quien estuviera en ese lugar sería destituido apenas terminara la universidad. Ya solo le faltaba un año.
Al día siguiente, Elif se levantó temprano y se dirigió a la universidad. Estaba feliz y contenta porque retomaría las clases, vería a Melisa, su única amiga, la cual había estado al pendiente de ella, llamándola y escribiéndole cada día. Mert también, pero a él no lo conocía; apenas lo vio en el funeral y no sentía esa misma emoción de verlo como ver a Melisa, con quien ya había compartido más días.
Recibió la primera hora, habló con un par de chicas que se mostraron algo interesadas por ella. Hicieron preguntas como: ¿a qué familia pertenecía? Por lo que Elif no supo qué más decir sino que era becada, y eso hizo que todas las que la rodeaban se alejaran.
En espera de la siguiente hora buscó un lugar solitario. Cuando pasaba por una cancha para dirigirse a los árboles, vio a Burak abrazado a una mujer. Se los quedó observando. Él parecía un hombre muy cariñoso, nada del hombre que se mostraba con ella. Cuando la mirada de este se encontró con la suya, Elif evadió la mirada y siguió su camino.