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UN ERROR DE NEON. MI ESPOSO MULTIMILLONARIO

UN ERROR DE NEON. MI ESPOSO MULTIMILLONARIO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio contratado / Amor tras matrimonio / Romance / Completas
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Cristine Gómez es una talentosa diseñadora de Queens que acaba de conseguir el trabajo de sus sueños. Para celebrarlo, viaja a Las Vegas con su novio, sin imaginar que él planea emborracharla para casarse por interés. En el mismo registro civil se encuentra Jacob Fernández, el frío y arrogante heredero del imperio textil Vanguard, quien asiste bajo el chantaje de su ambiciosa prometida.
Un error administrativo de la capilla, sumado a una severa resaca etílica, hace que Jacob y Cristine firmen el acta equivocada. Al despertar, están legalmente casados.
Cuando la foto del escándalo llega a la prensa de Nueva York, las acciones de la multinacional se desploman. Para salvar el imperio, Jacob obliga a Cristine a firmar un contrato de convivencia forzada y fingir que se aman ante la alta sociedad. En un ático lleno de lujo, desprecio e hilos de una pasión secreta e intensa, descubrirán que el peor error de sus vidas fue el diseño perfecto del destino.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 10. AMNESIA Y HUIDAS DE MADRUGADA

El sonido ensordecedor del aire acondicionado y un hilo de luz desértica filtrándose por las pesadas cortinas de la suite de lujo despertaron a Cristine. Tenía la sensación de que un martillo hidráulico golpeaba el interior de sus sienes. Se incorporó con dificultad sobre el colchón de hilos egipcios, llevándose una mano a la cabeza, ahogando un quejido de dolor. La resaca era destructiva. Las imágenes de la noche anterior eran un borrón caótico de luces de neón, cócteles exóticos con ron y el eco de unas risas que no lograba ubicar.

Sintió un peso a su lado. Al girar la cabeza, el corazón le dio un vuelco salvaje que le cortó la respiración por completo.

Tumbado boca abajo, con las sábanas cubriéndole apenas la cintura y mostrando una espalda ancha y esculpida, dormía el imponente desconocido de la barra del casino Wynn. Cristine se quedó paralizada en mitad de la inmensa cama king size. El pánico la dominó al instante. Miró su ropa: seguía llevando el vestido blanco de punto, arrugado y deslucido, pero lo que realmente hizo que se le helara la sangre en las venas fue el destello plateado en su mano izquierda.

Una alianza sencilla de plata brillaba en su dedo anular.

—No, no, no… ¿qué he hecho? —susurró Cristine con la voz rota por el terror, sintiendo que las lágrimas de la desesperación amenazaban con salir.

Miró la mesilla de noche y vio una carpeta oficial del condado de Clark con el sello de Matrimonio Consumado. No tuvo el valor de abrirla. Su mente inocente de veintidós años, bajo el peso de los estrictos consejos de su padre Austin y el miedo a haber destrozado su futuro antes de empezar en Vanguard Textiles, colapsó. La culpa de haber defraudado a su familia y la idea de estar atrapada con un extraño la hicieron reaccionar de forma impulsiva.

Se deslizó fuera de la cama con un silencio absoluto, cuidando de no hacer ruido. Recogió sus zapatos de tacón del suelo, tomó su bolso de lona con manos temblorosas y, sin mirar atrás, salió corriendo de la suite presidencial, arrastrando los pies por los pasillos alfombrados del hotel hasta llegar al vestíbulo. Solo pensaba en una cosa: huir. Necesitaba coger el primer vuelo de madrugada de vuelta a la seguridad de Queens y fingir que aquella noche de locura etílica jamás había existido.

Casi dos horas más tarde, el murmullo lejano del Strip y la insistencia de un teléfono móvil vibrando sobre la madera noble despertaron a Jacob. Se incorporó de golpe, soltando una maldición en voz baja mientras se presionaba las sienes con los dedos. Sentía la cabeza a punto de estallar.

—Joder… qué dolor —maldijo Jacob con una voz profunda, pastosa por el exceso de alcohol.

Miró a su alrededor, reconociendo la suite del hotel Wynn a la que su chófer privado los había llevado tras la aparatosa huida del registro civil. Esperaba encontrarse con la furia de Sara o el vacío de su soledad habitual, pero el aroma a talco y la sutil fragancia natural que flotaba en las sábanas del lado vacío lo descolocaron. Recordaba unos ojos marrones, una risa fresca que le había aliviado la asfixia del chantaje y la textura de una mano suave aceptando una alianza.

Miró su propia mano izquierda. El anillo de plata estaba allí.

Antes de que pudiera procesar la amnesia que le borraba los detalles exactos de la ceremonia en la capilla, la puerta de la suite se abrió con un golpe violento, estrellándose contra la pared. Sara entró como un torbellino de pura furia, con el rostro desencajado y los ojos inyectados en rabia, flanqueada por un Mikel que lucía igual de histérico y con la corbata desanudada.

—¡¿Se puede saber qué demonios significa esto, Jacob?! —gritó Sara, lanzando su bolso de diseñador contra el sofá con una violencia salvaje—. ¡Nos dejaste plantados en la sala de espera! ¡Fui al tocador cinco minutos y cuando salí habías desaparecido con la carpeta de la licencia! ¡He estado recorriendo los hospitales y los casinos de Las Vegas con este imbécil buscándoos!

Mikel dio un paso al frente, señalando a Jacob con el dedo tembloroso, perdiendo por completo su eterna sonrisa encantadora. Su plan corporativo para quedarse con la presidencia y el talento de Cristine se estaba desmoronando.

—¡Mi novia también ha desaparecido, Fernández! ¡La policía del condado dice que vuestro coche oficial salió a toda velocidad del registro civil! ¡¿Dónde está Cristine?! ¡¿Qué le has hecho a mi prometida?!

Jacob se levantó de la cama despacio, ignorando la desnudez de su torso y el dolor de sienes, recuperando en un segundo esa fachada fría, implacable y altiva de CEO que tanto asustaba a sus rivales en Nueva York. Miró a ambos con unos ojos claros cargados de un desprecio absoluto.

—No sé de qué demonios me estáis hablando —mintió Jacob con una voz de acero, gélida y cortante, ocultando la tremenda confusión que arrastraba por la amnesia—. No sé quién es ninguna Cristine ni me importa tu vida, chaval. Y tú, Sara, bájame el tono. Mi coche oficial me sacó de allí porque estaba harto de tus amenazas y de tus fotografías. Si vuestras parejitas os han dejado tirados en el altar, es vuestro problema, no el mío.

—¡Esto no se va a quedar así, Jacob! —chilló Sara, con el orgullo herido y la mandíbula temblando por la impotencia—. Volvemos a Nueva York ahora mismo en el jet privado. Tu padre Charles ya está al tanto de que saboteaste la boda. Prepárate, porque el lunes vas a pagar muy caro haber jugado conmigo y con las acciones de mi padre David.

Sara y Mikel salieron de la suite pegando un portazo que hizo temblar los cristales. Jacob se quedó solo en mitad de la estancia, respirando de forma agitada. Se miró la alianza de plata en el dedo y apretó el puño con firmeza. No recordaba el rostro exacto de la chica del vestido blanco, ni cómo se llamaba, pero el eco de sus ojos marrones seguía latiendo en su pecho. El viaje a Las Vegas había terminado en un caos absoluto, y mientras los billetes de avión de vuelta a Manhattan comenzaban a marcar la cuenta atrás, Jacob supo que el regreso a Nueva York no traería la paz, sino una tormenta de dimensiones corporativas que Sara misma había programada con sus fotógrafos y que ya era imposible de frenar sobre sus cabezas.

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Helizahira Cohen
Excelente novela corta y buena
Helizahira Cohen
La novela me parece muy interesante, me esta gustando 👏
Perla Arbos
Excelente historia!!!. Felicitaciones!!!
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