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Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Reencuentro / Amor eterno
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: vicki hernandez

Una mujer que dice no ama a su esposo. Pero se queda cada día odia menos a su esposo y ve que pueden ser un matrimonio con amor

Un hombre enamorado de su esposa feliz de que su sueño se volvió realidad aunque sabe que su esposa lo odia fingiendo cuando hay invitados o salen como la pareja perfecta, pero luego se da cuenta que su esposa se empieza enamorar de él.

NovelToon tiene autorización de vicki hernandez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El regreso de Thiago

THIAGO

Había sido una semana larga.

Demasiado larga.

Para Thiago, los últimos siete días habían parecido un mes entero. Entre los problemas de la empresa, las reuniones interminables, los números que no cuadraban y el desastre que había descubierto dentro de la compañía, apenas había tenido tiempo para dormir.

Pero, de todos los problemas que había tenido que resolver durante aquel viaje, había uno que seguía rondándole la cabeza incluso cuando cerraba los ojos.

Andrés.

Aquel tipejo siempre había sido como aceite y agua para él.

Nunca se habían llevado bien.

Desde el primer momento en que Luna se lo presentó, Thiago había sentido algo extraño. No confiaba en él. No le gustaba la forma en que la miraba, ni cómo hablaba con ella, ni mucho menos la manera en que se comportaba cuando pensaba que nadie estaba observándolo.

Sin embargo, durante el tiempo que Andrés y Luna fueron pareja, Thiago había fingido.

Había fingido llevarse bien con él.

Había fingido aceptar aquella relación.

Había fingido que no le molestaba verlo junto a Luna.

Todo por ella.

Porque Luna era su mejor amiga.

Y si ella era feliz, Thiago había decidido soportarlo.

O al menos eso se repetía a sí mismo.

Pero después de que terminaron, todo cambió.

Thiago descubrió la verdad.

Descubrió las palabras que Andres le había dicho.

Descubrió que Luna había dejado de comer durante semanas por culpa de aquellas palabras.

Descubrió que la persona que había conseguido hacerle daño no era solamente un idiota que no sabía valorar a una mujer.

Era alguien que había conseguido hacer que Luna comenzara a cuestionar su propio cuerpo.

Y eso Thiago no podía perdonarlo.

Él no quería que Luna fuera más delgada.

Tampoco quería que engordara.

Nunca había visto su cuerpo como algo que tuviera que corregirse.

La quería como era.

La quería con sus curvas, con sus pequeñas imperfecciones, con sus cambios de peso, con los años que fueran a pasar sobre ella.

Si algún día Luna subía de peso, seguiría amándola.

Si algún día bajaba de peso, seguiría amándola.

Si con los años su cuerpo cambiaba por completo, seguiría siendo Luna.

Y eso sería suficiente.

Para Thiago, siempre lo había sido.

—No quiero que cambies —había pensado después de hablar con Andrés —. Quiero que dejes de creer que tienes que cambiar para que alguien te quiera.

Tal vez por eso aquella conversación le había dejado un cansancio diferente.

No era cansancio físico.

Era rabia.

Rabia porque alguien había hecho llorar a Luna.

Rabia porque ella había sufrido en silencio.

Y rabia consigo mismo por no haberlo descubierto antes.

Pero la semana finalmente había terminado.

El avión atravesaba las nubes mientras Thiago observaba por la ventana.

El cielo estaba teñido de tonos anaranjados y dorados.

Había sido un viaje agotador.

Cerró los ojos.

Solo quería descansar.

Cinco minutos.

Eso se dijo.

Cinco minutos.

Pero el cansancio acumulado pudo más.

Antes de darse cuenta, se quedó dormido.

Cuando el avión aterrizó, Thiago apenas consiguió abrir los ojos.

Se sentía agotado.

Su cuerpo parecía pesar el doble.

Después de recoger sus cosas y abandonar el aeropuerto, encontró a su chófer esperándolo.

El hombre llevaba años trabajando para la familia Del Monte.

Elías conocía a Thiago desde que tenía cinco años.

Había visto al niño convertirse en adolescente, al adolescente convertirse en hombre y, durante todos aquellos años, había aprendido a reconocer incluso sus silencios.

—Joven Thiago —saludó Elías al verlo—. ¿Cómo estuvo su viaje?

Thiago dejó escapar un suspiro.

—Pesado.

Elías sonrió ligeramente.

—¿Muchos problemas?

—Demasiados. Estuve limpiando un desastre.

—¿Lo pudo resolver?

Thiago abrió la puerta del automóvil y entró.

—Sí.

Elías asintió.

—Eso es lo importante.

Thiago se acomodó en el asiento trasero y cerró los ojos durante unos segundos.

—¿A dónde quiere que lo lleve? ¿A su casa o a la casa de la señorita Luna?

Thiago ni siquiera necesitó pensarlo.

—A la casa de Luna.

Elías sonrió.

—¿Quiere verla?

Thiago abrió los ojos y miró por la ventana.

—Quiero verla.

Era la verdad.

Había pasado una semana sin verla.

Una semana sin escuchar su voz.

Una semana sin discutir con ella.

Incluso extrañaba que lo mirara con odio.

Porque, por lo menos, cuando Luna estaba frente a él, podía asegurarse de que estaba bien.

Elías arrancó el automóvil.

Durante los primeros minutos hablaron sobre el viaje y sobre algunos asuntos de la empresa.

Después, el chofer notó que Thiago había dejado de responder.

Lo miró por el espejo retrovisor.

Thiago tenía los ojos cerrados.

—Joven Thiago...

No recibió respuesta.

Elías conocía perfectamente aquella señal.

Encendió la música.

Piano.

Era la música que Thiago escuchaba desde pequeño cuando necesitaba relajarse.

El sonido suave llenó el automóvil.

Elías bajó un poco el volumen.

También redujo la velocidad.

Cinco minutos después, Thiago estaba completamente dormido.

Elías negó con la cabeza, divertido.

—Cinco años tenía cuando descubrí que el piano lo hacía dormir —murmuró para sí mismo—. Y parece que todavía funciona.

El viaje continuó en silencio.

THIAGO

Thiago no supo cuánto tiempo había pasado.

Solo sabía que estaba profundamente dormido.

No escuchó cuando el automóvil se detuvo.

No escuchó cuando Elías habló con uno de los guardias de la entrada.

Ni siquiera sintió cuando abrieron la puerta.

Elías observó al joven dormir.

Había sido una semana especialmente pesada para él.

La empresa.

Los problemas familiares.

Andres.

La boda.

Luna.

Todo parecía haberse acumulado sobre sus hombros.

Elías decidió no despertarlo.

Sabía que Thiago necesitaba dormir.

Así que llamó a Gabriel.

El padre de Luna no tardó en comprender la situación.

—Déjalo dormir —ordenó Gabriel—. Que se quede aquí esta noche.

—¿Está seguro, señor?

—Completamente.

Gabriel sabía perfectamente que Elías no podía cargar solo con Thiago.

—Llamaré a dos de los guardaespaldas.

Poco después, dos hombres llegaron hasta el automóvil.

Entre los tres consiguieron sacar a Thiago con cuidado.

Thiago ni siquiera se despertó.

Lo llevaron hasta una habitación de invitados.

Le quitaron los zapatos, el saco y la corbata para que pudiera dormir más cómodo.

Después lo dejaron descansar.

Elías se marchó cuando comprobó que todo estaba bien.

A la hora de la cena, Mateo decidió ir a despertarlo.

—Vamos a ver si el príncipe ya despertó.

Entró en la habitación.

—Thiago.

Nada.

Mateo se acercó a la cama.

—Thiago.

Silencio.

Lo empujó ligeramente del hombro.

—Oye.

Thiago se movió apenas.

—Cinco minutos...

Mateo soltó una carcajada.

—¿Cinco minutos? Llevas horas durmiendo.

Thiago se dio la vuelta.

—No quiero...

—Papá dijo que bajes a cenar.

Nada.

Mateo lo miró incrédulo.

—No puede ser.

Intentó despertarlo nuevamente.

—Thiago, despierta.

—Mmm...

—Hay comida.

Thiago no reaccionó.

—Luna está abajo.

Thiago abrió un ojo durante un segundo.

Mateo sonrió.

—Ah, sabía que esa funcionaría.

Pero el ojo volvió a cerrarse.

—Mañana —murmuró Thiago.

Mateo se quedó mirándolo.

—Definitivamente está muerto.

Salió de la habitación riéndose.

AL DÍA SIGUIENTE

A las seis de la mañana, la alarma del teléfono de Thiago comenzó a sonar.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Thiago ni siquiera se movió.

Luna, que había pasado por el pasillo y escuchó el sonido, entró en la habitación.

Lo encontró completamente dormido.

El teléfono seguía vibrando sobre la mesa.

Luna lo tomó.

Miró a Thiago.

Después miró el teléfono.

—No vas a despertar ni aunque explote el mundo.

Apagó la alarma.

Y, después de pensarlo unos segundos, apagó también el teléfono.

Thiago necesitaba dormir.

No quería admitirlo, pero verlo así le provocó algo parecido a preocupación.

Después de todo, sabía que había estado trabajando demasiado.

La semana había sido difícil.

Y aunque seguía molesta con él...

No quería verlo agotado.

DIEZ DE LA MAÑANA

La luz del sol entraba suavemente por las cortinas.

Thiago abrió los ojos.

Parpadeó varias veces.

Miró el techo.

No reconocía aquella habitación.

Se incorporó lentamente.

—¿Dónde estoy...?

Entonces escuchó una voz.

—Buenos días, bello durmiente.

Thiago giró la cabeza.

Luna estaba de pie junto a la puerta.

Llevaba ropa cómoda y sostenía una taza de café y un cambio de ropa.

Thiago se quedó mirándola.

Su cerebro todavía estaba intentando procesar la información.

—¿Dónde estoy?

Luna levantó una ceja.

—En mi casa.

Thiago frunció el ceño.

—¿Qué?

—Ayer llegaste y te quedaste dormido en el automóvil.

Thiago recordó vagamente el viaje.

—Oh...

Luna dejó la ropa sobre una silla.

—Elías me contó que apenas tocaste el asiento y te quedaste dormido. No quiso despertarte, así que llamó a mi papá.

Thiago abrió los ojos.

—¿A tu papá?

—Sí. Y mi papá llamó a dos guardaespaldas para que te subieran.

Thiago se pasó una mano por el cabello.

—No...

—Sí.

—¿Me subieron?

—Como si fueras un niño dormido.

Thiago se tapó la cara con ambas manos.

—Dime que nadie me vio.

Luna intentó contener una sonrisa.

—¿Entonces no te dijo que te vieron así?

—Luna.

Ella sonrió.

—Mis hermanos te vieron.

Thiago dejó caer las manos.

—No puede ser.

—Mateo incluso intentó despertarte para que bajaras a cenar.

—¿Y?

—Fue imposible.

Thiago suspiró.

—Qué vergüenza.

Luna soltó una pequeña risa.

—No tienes por qué avergonzarte. Estabas agotado.

Thiago la miró.

Por unos segundos, ninguno dijo nada.

Él observó el café que Luna llevaba en la mano.

—¿Eso es para mí?

—Sí.

Luna se acercó y se lo entregó.

—Toma.

Thiago recibió la taza.

El aroma del café le llegó inmediatamente.

—Gracias.

Luna asintió.

—Por cierto...

—¿Sí?

—Tu alarma sonó desde las seis de la mañana.

Thiago miró su teléfono.

—¿Y por qué no sonó?

Luna levantó la mano.

—Porque la apagué.

Thiago la miró sorprendido.

—¿Tú apagaste mi teléfono?

—Sí.

—¿Por qué?

Luna se encogió de hombros.

—Estabas tan cansado que ni siquiera te despertaste para cenar. Tu alarma llevaba sonando quién sabe cuánto tiempo y tú seguías dormido.

Thiago bajó la mirada hacia su café.

Después sonrió ligeramente.

—Bueno...

Le dio un sorbo.

—Creo que me funcionó dormir un poco más.

Luna asintió.

—Eso parece.

Se dirigió hacia la puerta.

—Bueno, levántate, báñate y vístete. Cuando estés listo, baja a desayunar.

Thiago la miró.

—¿Y tú?

—Yo ya desayuné.

—¿Vas a esperarme?

Luna hizo una pausa.

Lo miró por encima del hombro.

—No te emociones.

Thiago sonrió.

—Nunca me emociono.

—Mentiroso.

Luna salió de la habitación no sin antes tirando su ropa en su cara.

Thiago se quedó observando la puerta cerrada.

Después miró nuevamente el café.

Por primera vez en toda la semana, sintió que podía respirar tranquilo.

Había resuelto los problemas de la empresa.

Había dejado claro a Andrés que no debía volver a lastimar a Luna.

Y ahora estaba allí.

En la casa de ella.

Con su café preparado por sus manos.

Thiago sabía que Luna todavía estaba enojada con él.

Sabía que no lo amaba.

Sabía que aquella boda seguía siendo algo que ella no quería.

Pero aquella mañana no quiso pensar en eso.

Solo quería disfrutar de unos minutos de paz.

Porque después de una semana entera enfrentándose al mundo...

volver a verla era, sin duda, lo mejor que le había pasado.

Y mientras terminaba su café, Thiago sonrió para sí mismo.

—Buenos días, Cerecita.

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Graciela Maldonado
lo odia pero lo ama 🥰🥰
Graciela Maldonado
está muy interesante ya quiero saber el final 👏
Graciela Maldonado
🥰
Graciela Maldonado
es muy interesante muero por saberlo que viene después.
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