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Al Dejarte Ir, Todo Empezó

Al Dejarte Ir, Todo Empezó

Status: En proceso
Genre:La Vida Después del Adiós / Reencuentro
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: mila1204

Valeria Chanstain creyó que el amor podía vencer cualquier obstáculo. Junto al hombre que amaba construyó un hogar, una familia y una vida que parecía perfecta, hasta que una verdad inesperada hizo añicos todo aquello en lo que alguna vez creyó.

Ahora, entre los recuerdos de un amor que juró ser eterno y el dolor de ver cómo la vida que construyó se desmorona ante sus ojos, Valeria tendrá que aprender a dejar ir aquello que más ama y encontrar la fuerza para comenzar de nuevo.

Porque a veces, perderlo todo no significa que la historia haya terminado... sino que apenas está comenzando.

NovelToon tiene autorización de mila1204 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Dos nuevos destinos

Los murmullos no tardaron en aparecer entre las mesas. Algunos comenzaron a preguntarse qué había llevado al vicepresidente a tomar aquella decisión, mientras que otros, claramente inconformes, optaron por retirarse. Fueron pocos, pero su ausencia no pasó desapercibida.

Ethan permanecía en silencio.

No había dicho una palabra, pero su expresión lo decía todo. No parecía estar de acuerdo con aquella decisión. Miraba hacia el frente con el ceño ligeramente fruncido.

Andrew se puso de pie.

Por un instante, todas las miradas se dirigieron hacia él. Se acomodó el saco y caminó hasta el frente con paso firme, aunque podía percibirse cierta tensión en su rostro.

Al llegar, recibió el micrófono.

No habló inmediatamente.

Primero levantó la mirada hacia su padre.

Sus ojos se encontraron durante unos segundos. Su padre le dedicó una leve sonrisa. El permanecía tan serio.

—Gracias padre.

Después miró a su tío.

—Gracias tío por confiar en mí y por darme esta responsabilidad.

Andrew finalmente se volvió hacia el resto del salón respiró antes de continuar.

—También quiero agradecer a mi madre, a mis hermanos y a toda mi familia. Sé perfectamente lo que significa asumir un cargo como este y no pretendo tomarlo a la ligera.

Hizo una breve pausa.

—Me siento profundamente orgulloso de formar parte de esta compañía y de esta familia. Haré todo lo que esté en mis manos para estar a la altura de la confianza que han depositado en mí.

Los aplausos volvieron a llenar el salón.

Andrew sonrió ligeramente antes de continuar.

—Al parecer, esta noche está llena de sorpresas. Y tenemos otra noticia importante que compartir con todos ustedes.

Miró hacia la mesa donde   nos encontrábamos.

—Es un honor anunciar oficialmente a Ethan Chastian como el nuevo director de la compañía.

El salón volvió a llenarse de aplausos.

—Ethan ha demostrado durante años su compromiso, su capacidad y su dedicación. Estoy convencido de que desempeñará este cargo con la misma responsabilidad con la que ha trabajado hasta ahora.

Andrew extendió una mano hacia Ethan.

—Felicitaciones.

Ethan se levantó.

Los aplausos aumentaron mientras caminaba hacia el frente.

Tomó el micrófono y respiró profundamente.

—Muchas gracias.

Miró primero al señor Davies y luego al señor Robert. Finalmente, sus ojos se detuvieron en Andrew durante unos segundos, antes de volver la mirada hacia el resto de los presentes.

—Quiero agradecer al señor Davies por la confianza que ha depositado en mí. Es un honor asumir esta responsabilidad y prometo trabajar para estar a la altura de lo que esperan de mí.

Después, su mirada buscó entre las mesas hasta llegar a mí. Miré hacia Ethan y él me devolvió la mirada con una sonrisa.

—Pero hay alguien a quien quiero agradecer especialmente.

Sentí que mi corazón se aceleraba.

—A mi amada esposa Valeria Chanstain.

El salón quedó en silencio.

Ethan continuo.

—Valeria, llevamos diecinueve maravillosos años juntos. Has estado conmigo en cada etapa de mi vida, en mis triunfos y también en mis momentos más difíciles.

Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.

—Nada de lo que he conseguido habría sido igual sin ti soy lo que soy por ti.

Varias personas comenzaron a aplaudir. Ethan extendió su mano hacia mí.

—Gracias, cariño, por permitirme estar contigo estos diecinueve años. Te amo.

Más tarde, estaba acostada en la cama junto a Ethan, pero no podía dormir. No sabía por qué. Por más que cerraba los ojos, el sueño simplemente no llegaba. Habían sucedido demasiadas cosas aquella noche y mi cabeza no dejaba de darles vueltas todo se mezclaba en mi mente.

Me giré en la cama por enésima vez  aun  no podía dormir pero por qué.

—¿Todavía estás despierta?.

—No puedo dormir.

Abrió los ojos lentamente y me observó durante unos segundos.

—Ven aquí.

Giré hacia él. Ethan se colocó frente a mí y, sin decir nada más, me acosté sobre su pecho.Suspiré. Apenas me acomodé, rodeó mi cintura con uno de sus brazos.

—En que tanto piensas —murmuró.

—No lo sé es difícil explicar.

—Entonces déjame distraerte un poco.

Sonreí antes de que sus labios buscaran los míos.

El me beso suavemente casi tranquilo, pero poco a poco se volvió más intenso. Cuando nos separamos, tomé aire. Ethan se acomodó sobre mí y pude sentir su respiración, tan cerca de mi rostro, así como el aroma que siempre lograba envolverme.

Sus dedos comenzaron a recorrer mi rostro antes de inclinarse para besar mi cuello. Tomé su mano cuando descendió hasta mi pecho y la dejé allí, mientras sus dedos acariciaban mi seno sobre el camisón.

Él me acercaba aún más a su cuerpo. Mis manos rodearon su espalda y cerré los ojos, Por un momento dejé de pensar. Simplemente me dejé llevar Por él y por todo lo que me hacía sentir.

A la mañana siguiente, me detuve frente al espejo mientras terminaba de aplicarme el lápiz labial. Por unos segundos me quedé contemplando mi reflejo. Algo había cambiado. Entrecerré los ojos y me acerqué un poco más al espejo. Note que Mis canas. Habían aumentado.

Cada vez eran más visibles, incluso entre el cabello que todavía conservaba su color. Levanté una mano y me pasé los dedos lentamente entre las hebras las canas parecían brillar realmente estoy envejeciendo.

Bajo la luz parecían aún más evidentes.

Carajo tengo que retocarme el cabello… —murmuré.

Bajé lentamente la mirada hacia mi rostro.

Las arrugas alrededor de mis ojos estaban aún más marcadas. Toqué una con la yema de los dedos y después otra. No sé por qué pero recordé cuando podía sonreír sin que esas pequeñas líneas aparecieran alrededor de mis ojos. Llevé la mano hasta mis labios. Estaban un poco secos y más delgados.

Tragué saliva.

¿Cuándo había envejecido tanto?

Sentí un poco de tristeza, pero creo es normal.

Pronto cumpliría cuarenta.

Cuarenta.

El número resonó en mi cabeza por demasiado tiempo.

—Qué cruel es el tiempo… —susurré.

En solo un instante mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

no quería llorar. Pero no sabía exactamente qué me dolía más: las canas, las arrugas o la sensación de que los años habían pasado demasiado rápido mientras yo estaba ocupada intentando sostenerlo todo.

Y ahora, frente al espejo, me preguntaba cuánto de aquel «después» me quedaba.

Una lágrima resbaló por mi mejilla.

La limpié rápidamente.

—¿Por qué me pongo así? —me reproché en voz baja.

Respiré profundamente y cerré los ojos durante unos segundos.

No.

No iba a permitir que una edad escrita en un calendario decidiera cómo debía sentirme conmigo misma. Me hice una trenza y regresé al maquillaje. me coloqué un poco más de rubor y volví a pintar mis labios.

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