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Sariel. Él Inicio De La Eternidad

Sariel. Él Inicio De La Eternidad

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:52
Nilai: 5
nombre de autor: victoria illescas

Sariel portador del séptimo rayo, es elegido por el dios del amor para ser su guardián en la tierra humana, mientras trata de ser el observador cósmico del creador , conocerá la fragilidad de su esencia al conocer el sentimiento que solo los mortales estaban condenados a sentir , él amor , acompaña al guerrero de amatista a encontrar su verdadera misión entre él cielo, la tierra y el infierno en ese extensa línea de la Eternidad

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capítulo 11. Él peso del secreto

Capítulo 11. Él peso del secreto

Tras el regreso de Sariel el orden en los jardines de cristal del tercer cielo continuó, los príncipes celestiales celebraron por días las victorias de Sariel en los confines , pero aquel guerrero que había vuelto ya no era el mismo

Las paredes de la Biblioteca de Uriel y el observatorio de marfil, talladas en un solo bloque de roca lunar, solían ser el único refugio donde Sariel encontraba orden. Pero esa tarde, los techos abovedados parecían cerrarse sobre él.

Miles de códices flotaban en las estanterías superiores, vibrando con el conocimiento de las eras, pero para Sariel no eran más que ruido blanco.

Él estaba sentado en el suelo, rodeado de pergaminos antiguos que hablaban de la fuerza antigua de los Confines. Sin embargo, su mirada estaba perdida en el vacío.

La confesión de Alanis era un veneno de acción lenta, el nombre de Miguel se repetía en su mente como un mantra que borraba cualquier sentido del deber.

Unos pasos rítmicos y familiares rompieron el silencio de la estancia. No necesitaba levantar la vista para saber quién era. El aura de calma y justicia que emanaba el recién llegado era idéntica a la suya, aunque con una calidez de la que él carecía en ese momento.

- La biblioteca suele ser un lugar de respuestas, hermano, pero tú pareces estar hundiéndote en preguntas que no están en estos libros , dijo Zadquiel, deteniéndose a unos metros.

Sariel no respondió. El parecido físico entre ambos era absoluto, pero la postura de Sariel, encorvada y sombría, contrastaba con la rectitud serena de su gemelo.

Zadquiel se acercó y observó los documentos esparcidos. notó de inmediato que Sariel tenía frente a él varios pergaminos , había hecho varias anotaciones

- Hay una preocupación en ti que no pertenece a la estrategia militar , continuó Zadquiel, bajando la voz.

- Te vi regresar de los Confines con una carga pesada, pero lo que veo ahora en tus ojos no es miedo a una guerra. Es dolor.

Sariel cerró los ojos con fuerza y soltó un suspiro tembloroso.

- Ella lo ama a él, Zadquiel , confesó Sariel, y su voz sonó extraña en la inmensidad de la biblioteca. Alanis… su corazón le pertenece a Miguel.

Zadquiel guardó silencio un momento, procesando la vulnerabilidad de su hermano. Sabía que para un ser como Sariel, entregado al análisis y la observación, lo impredecible del amor era la peor de las prisiones.

- El amor de los seres humanos, e incluso el nuestro, no sigue las leyes de la lógica ,respondió Zadquiel con compasión. Duele porque es real, Sariel. Pero no puedes permitir que ese dolor te nuble la vista. Tienes un informe que entregar sobre lo que viste en las sombras.

Sariel miró de reojo el pergamino donde él escribió los nombres de los ángeles que seguían a Luzbel, estaban escritos con tinta de fuego.

Sintió el peso del secreto quemándole las manos, pero la apatía se impuso. Si el cielo era capaz de permitir que Miguel se quedara con lo único que él deseaba, ¿por qué habría de salvarlo de la tormenta que se avecinaba?

- Esto no es nada , mintió Sariel, apartando los documentos de la vista de su hermano. Mis hallazgos en los Confines fueron confusos, meras sombras sin forma. Lo que me tiene aquí encerrado es solo esto… este vacío que dejó Alanis. Dijo Sariel tocándose el pecho.

Zadquiel lo estudió con detenimiento. Sabía que su gemelo ocultaba algo más tras ese muro de tristeza, algo relacionado con la luz que comenzaba a menguar en los niveles inferiores, pero decidió no presionar.

- Tómate tu tiempo, hermano , dijo Zadquiel, poniendo una mano sobre su hombro. Pero recuerda que las sombras crecen cuando dejamos de mirar hacia la luz.

Zadquiel se retiró, dejando a Sariel nuevamente a solas con sus libros. Sariel observó la puerta cerrarse y luego volvió a mirar los informes sobre Luzbel. Con un gesto de desprecio, los cubrió con un manto de seda negra. En ese momento, el destino del Reino de la Luz no le importaba tanto como el silencio de un corazón que ya no le pertenecía.

Sariel permaneció inmóvil tras la partida de su hermano. La biblioteca, con su eco eterno, parecía burlarse de él. Cada tomo a su alrededor contenía verdades universales, leyes físicas y crónicas del inicio de los tiempos, pero ninguna página ofrecía el remedio para el nudo que le asfixiaba la garganta.

Se puso en pie con movimientos lentos, casi mecánicos. Sus dedos rozaron el lomo de un libro antiguo, pero su mente estaba en el patio de entrenamiento, imaginando a Alanis observando a Miguel, viendo cómo la luz del sol se reflejaba en la armadura dorada del arcángel mientras ella le entregaba una sonrisa que Sariel jamás lograría arrancar de sus labios.

Sariel caminó hacia el rincón más oscuro de la biblioteca, donde la luz de marfil apenas llegaba. Allí, oculto bajo una losa de piedra, guardaba el cristal de memoria que había traído de los Confines. Al tocarlo, el cristal vibró, proyectando un destello violeta que iluminó sus facciones cansadas.

En el interior de la gema, las imágenes de la traición eran nítidas, Luzbel reuniendo a las legiones en el vacío, susurrando promesas de libertad y rebelión. Zadquiel tenía razón al sospechar el peligro era inminente y catastrófico.

Si Sariel entregaba a Miguel su cristal, o si le entregaba a Uriel sus anotaciones, el cielo entraría en estado de guerra, las fronteras se sellarían y la maquinaria celestial se pondría en marcha.

Pero entregarlos también significaba aceptar su papel como el vigilante abnegado ante la mirada de Luzbel. Significaba salvar un reino donde él siempre sería la sombra a la espalda de Miguel.

- ¿Para qué proteger la luz , si la luz me ha dejado en la oscuridad? ,susurró para sí mismo Sariel

En ese entonces la negligencia era un pecado inusual para un ángel de su rango, pero el dolor que sentía Sariel lo había vuelto en sentimientos casi como un humano en su peor manera posible. Se sentó en la mesa de lectura, ignorando el cristal que seguía latiendo con advertencias desesperadas. En su lugar, tomó una pluma y comenzó a trazar el rostro de Alanis en un trozo de pergamino sobrante.... Continuará

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