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Yo, el mafioso y Estela

Yo, el mafioso y Estela

Status: Terminada
Genre:Mafia / Grandes Curvas / Secuestro y encarcelamiento / Completas
Popularitas:42
Nilai: 5
nombre de autor: Afrodite 18

Monique es médica, independiente y decidida. Después de que su ex la traicionara, tomó una resolución radical: tener un hijo sola mediante inseminación artificial en una clínica de Albania. El procedimiento salió bien —o eso creyó—, hasta que un desconocido irrumpió en la sala en el peor momento posible.

Meses después, con una bebé preciosa en brazos y una vida reconstruida al lado de su familia en casa, Monique está convencida de que lo peor ya quedó atrás. Hasta que veinte hombres armados invaden el comedor durante el desayuno.

Al frente de ellos está Drilon Meksi: segundo hijo de la mafia albanesa Exilio, ejecutor implacable y —según él— el verdadero padre biológico de Estela.

Drilon no vino solo a reclamar a su hija. Vino a llevarse a las dos.

Arrancada de su mundo y encerrada en la mansión de una de las familias más temidas de Albania, Monique descubre que su única opción es aprender a sobrevivir entre mafiosos. Pero la matriarca Hana le enseñará que las batallas más importantes no se ganan con rabia, sino con inteligencia. Que el respeto pesa más que la imposición. Y que a veces los muros más gruesos no están en las fortalezas, sino dentro de las personas.

Mientras Monique lucha por proteger a Estela y recuperar su libertad, algo inesperado empieza a crecer entre ella y el hombre que juró odiar: pequeños gestos, conversaciones honestas, un padre que arrulla a su hija con una ternura que contradice todo lo que representa.

¿Puede una mujer libre enamorarse de un mafioso sin perderse a sí misma?

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capítulo 21

Drilon cerró la puerta de la habitación tras de sí. El silencio resultaba cómodo, quebrado apenas por los sonidos suaves de Estela, que permanecía en el regazo de su papá.

La pequeña jugueteaba con los botones de la camisa de Drilon, jalando la tela con sus manitas mientras soltaba algunos balbuceos felices.

Drilon contemplaba a su hija con una sonrisa discreta. Siempre que Estela estaba cerca, el peso de la mafia parecía aligerarse por unos instantes. Monique respiró hondo antes de acercarse.

Estela soltó una risita al conseguir jalar uno de los botones de la camisa de su papá. Drilon le tomó la manita con delicadeza.

DRILON— Eh... eso no, pequeña.

La niña respondió apenas con otro balbuceo animado. Monique observó aquella escena durante unos segundos.

Todavía le resultaba extraño verlos juntos. Hacía pocos meses, jamás habría imaginado que un hombre como aquel, marcado por la violencia, pudiera sostener a su hija con tanto cuidado. Acercó una silla y se sentó frente a él.

MONIQUE— Pasé todo el día pensando.

DRILON— ¿Y llegaste a alguna conclusión?

Ella asintió lentamente.

MONIQUE— Sí. —Drilon permaneció en silencio—. Desde que todo pasó... nuestra vida nunca volvió a ser normal.

DRILON— No.

MONIQUE— Siempre hay alguien observando.

DRILON— Así es.

MONIQUE— Siempre hay alguien esperando una oportunidad.

DRILON— También.

Ella bajó la cabeza durante unos segundos.

MONIQUE— Pensé mucho en Estela.

Drilon dirigió la mirada de inmediato hacia su hija. La pequeña ahora le agarraba uno de los dedos con fuerza.

DRILON— Yo también.

MONIQUE— Merece crecer en paz.

DRILON— Coincido.

MONIQUE— Merece una familia. —Drilon respiró profundamente—. Y merece protección.

DRILON— Todo lo que hago es pensando en ella.

MONIQUE— Lo sé. Hoy me di cuenta de algo.

El silencio volvió a llenar la habitación. Monique contemplaba a Estela. La niña observaba curiosa a su mamá y después volvía a juguetear con la barba de su papá.

DRILON— ¿De qué?

MONIQUE— No importa adónde vaya. —Respiró hondo—. Mientras sea la madre de tu hija... la mafia siempre va a encontrarme. —Drilon no respondió, porque era verdad.

Cerró los ojos un instante.

DRILON— Desafortunadamente.

MONIQUE— Intenté imaginar una salida.

DRILON— ¿Y la encontraste?

Ella tardó unos segundos.

MONIQUE— No. —Otro silencio—. Entonces decidí dejar de huir de la realidad. —Drilon la observaba con atención—. Acepto casarme contigo.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire. Drilon permaneció completamente inmóvil; ni siquiera respondió de inmediato.

Estela golpeó las manitas contra el pecho de su papá, arrancándole una sonrisa involuntaria. Besó la frente de su hija antes de volver a mirar a Monique.

DRILON— ¿Estás segura de lo que dices?

MONIQUE— Sí.

DRILON— Porque esto cambia tu vida.

MONIQUE— Lo sé.

DRILON— La cambia para siempre.

MONIQUE— Lo sé.

DRILON— Y no hay vuelta atrás.

MONIQUE— También lo sé.

Drilon respiró profundamente. Era imposible ocultar la felicidad: ella había aceptado. Pero al mismo tiempo, veía el peso de aquella decisión estampado en el rostro de Monique.

No se trataba de una propuesta de matrimonio común. Era una elección dictada por la necesidad, por la supervivencia, por su hija.

DRILON— Monique... —Ella levantó los ojos—. Me alegra oír eso. —Esbozó una sonrisa discreta—. Mucho. —Sus ojos encontraron los de ella—. Pero no voy a obligarte a hacer nada.

Monique frunció el ceño.

MONIQUE— No me están obligando.

DRILON— ¿Estás segura?

MONIQUE— Sí.

DRILON— Porque si estás aceptando solo por miedo... —Negó con la cabeza—. Entonces no quiero este matrimonio.

Ella se sorprendió.

MONIQUE— ¿Qué?

DRILON— Dije que no voy a obligarte.

MONIQUE— Pero esto puede proteger a Estela.

DRILON— Puede.

MONIQUE— Entonces, ¿por qué dices eso?

Drilon volvió a mirar a su hija. Estela ahora jugaba con su propio calcetín, completamente ajena a la conversación.

DRILON— Porque conozco la diferencia entre una elección y un sacrificio. —Monique permaneció en silencio—. Jamás quiero mirarte y pensar que destruí tu libertad.

MONIQUE— No la destruiste.

DRILON— Todavía estás a tiempo de arrepentirte.

MONIQUE— No.

DRILON— Piénsalo unos días más.

MONIQUE— Lo pensé todo el día.

DRILON— Un día no es suficiente.

MONIQUE— Para mí lo fue. —Acercó la silla—. Drilon... —Él la encaró—. Sé exactamente quién eres. Sé en qué mundo vives y conozco los riesgos. Sé de los enemigos y sé que nada de eso va a desaparecer. —Respiró profundamente—. Pero también sé quién eres cuando estás con Estela. —Drilon permaneció callado—. Ella sonríe diferente cuando está en tus brazos, y sé que harías cualquier cosa por ella.

DRILON— Sin pensarlo dos veces.

MONIQUE— Te creo. —Esbozó una sonrisa discreta—. Por primera vez... realmente te creo. —Drilon bajó la cabeza; aquellas palabras tenían un peso enorme—. Ya iniciaste el reconocimiento de Estela.

DRILON— Sí.

MONIQUE— No necesitabas hacerlo tan rápido.

DRILON— Sí necesitaba.

MONIQUE— ¿Por qué?

DRILON— Porque es mi hija. —Respondió sin vacilar—. Y quería que el mundo entero lo supiera.

Monique sonrió por primera vez en toda la conversación.

MONIQUE— Ella tiene suerte.

DRILON— No. —Le acarició el cabello a la pequeña—. El afortunado soy yo.

Estela abrió una sonrisa desdentada y le tomó la cara a su papá. Los dos rieron.

MONIQUE— Ella te ama.

DRILON— Yo la amo mucho más.

Monique contempló la escena durante unos segundos.

MONIQUE— Entonces déjame hacer esto.

DRILON— ¿Estás segura?

MONIQUE— Sí.

DRILON— Aun sabiendo que habrá reglas.

MONIQUE— Sí.

DRILON— Que mi familia las protegerá.

MONIQUE— Lo sé.

DRILON— Que tu rutina va a cambiar.

MONIQUE— Valdrá la pena si ella crece segura.

Drilon asintió lentamente.

DRILON— Entonces lo haremos como corresponde.

MONIQUE— ¿Cómo?

DRILON— Anunciaremos el matrimonio y esperaremos la boda de Altin. Iremos avanzando sin obligaciones más allá de las necesarias para protegerlas. Y si algún día sientes que tomaste la decisión equivocada, hablaremos de nuevo.

Monique se emocionó. Esperaba imposiciones, órdenes, exigencias, pero encontró respeto.

MONIQUE— Gracias.

DRILON— No me las des.

MONIQUE— ¿Por qué?

DRILON— Porque yo también estoy ganando. —Observó a Estela y después devolvió la mirada a Monique—. La oportunidad de construir una familia de verdad.

Monique esbozó una sonrisa discreta. Estela, sin entender absolutamente nada de lo que sus padres conversaban, soltó un balbuceo fuerte y aplaudió con sus palmitas, arrancándoles una carcajada a los dos.

En aquel instante, entre las sombras de la mafia y las amenazas que aún rodeaban sus vidas, había una pequeña niña de siete meses que unía dos destinos improbables.

Y por primera vez, tanto Monique como Drilon creyeron que quizá todavía existiera un camino para transformar un matrimonio de conveniencia en una verdadera familia.

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