Kyra nació para ser despreciada.
Hija del alfa de la Manada Lunar, creció a la sombra de una madrastra cruel y de una hermanastra que le robó el cariño de su padre, el respeto de la manada… y, la noche de su transformación, también a su compañero predestinado. Lo que nadie sabe es que Kyra esconde un secreto capaz de cambiarlo todo: no es solo una loba. En sus venas corre la magia de las hadas, un don ancestral que su propia familia aprende a exprimir sin piedad.
Durante cuatro años la usan como una fuente de poder que fingen amar. Hasta que Kyra descubre la verdad detrás de cada sonrisa falsa y decide desaparecer sin dejar rastro.
Su huida la lleva a Ravenna, una aldea perdida entre montañas y niebla donde nada es lo que parece, y donde un hombre de ojos azules y presencia imposible de ignorar lleva demasiado tiempo observándola desde las sombras. Marcos guarda sus propios secretos: es el último lobo de un pueblo que no debería existir… y la Luna acaba de darle a Kyra una segunda oportunidad que él no piensa desperdiciar.
Pero el pasado de Kyra no la deja marchar tan fácil. Cazadores que exterminan criaturas como ella siguen su rastro, viejas traiciones vuelven a llamar a su puerta y un linaje real que creía perdido está a punto de reclamar lo que siempre fue suyo.
Rechazada por quienes debían amarla. Deseada por quien juró protegerla.
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Capítulo 20
No pude resistirlo, tuve que venir a verla al amanecer. Mi lobo insistente da vueltas y más vueltas en mi cabeza, hasta el punto de dolerme de tanta insistencia.
Al verla, aunque sea de lejos, el lobo se calma. Merlin siempre me habló de cómo era el vínculo, pero nunca imaginé que fuera algo tan fuerte.
Me preocupo cuando veo su ventana abierta y a ella tratando de arreglarla; el viento de la noche debió de haber dañado el pestillo.
Es una gran observadora: aun teniendo yo una técnica de camuflaje impecable, ella igual logra notarme.
De la misma forma, Joaquim, el viejo feérico, me vio más temprano, cuando vino a acompañarla.
Todavía no sé cómo lograré enfrentarla en persona, porque tarde o temprano nos veremos aquí en Ravenna.
Pero de algo estoy seguro: no le revelaré que soy su compañero. Primero debo saber qué la trajo a la aldea; tengo todo un pueblo que proteger.
Poco después de que sale con Joaquim, entro a su casa para arreglar la ventana.
No es difícil, pero sí está mal; aun así, es una forma que encuentro de cuidarla hasta que consiga controlarme.
Al entrar, me embriaga su maravilloso olor; todas las habitaciones me atraen.
—¡Jazmín!
Aslan suspira en mi mente.
—Me quedaría aquí sin problema. Es una pena que no siempre hagas lo que te aconsejo.
Agrega.
—Aslan, si siguiera todo lo que dices, probablemente estaríamos siempre en pésimas situaciones.
Aslan sabe que digo la verdad; a veces es impulsivo y no piensa antes en las posibles consecuencias.
—Tengo que hacer esto rápido. Ella puede volver en cualquier momento.
Encuentro algunas herramientas necesarias y subo a su cuarto, donde su olor gana mayor intensidad.
Observo su cama muy bien tendida, los pocos objetos en el tocador, ya que cuando se mudó vi que traía poco equipaje.
Me concentro en lo que vine a hacer.
En pocos minutos dejo el pestillo funcionando de nuevo, recorro con la mirada toda la extensión del cuarto e inhalo con fuerza su olor, todavía esparcido por el aire.
—De verdad tenemos que irnos, Marcos. Ella es nuestra compañera, ¿por qué no la reclamamos de una vez?
—No es el momento ideal. Sabes que primero necesitamos conocer las consecuencias de su transformación; es protección para nuestro pueblo.
—Lo sé. Prométeme que, en cuanto descubras el motivo, ella será nuestra prioridad, Marcos.
—Lo prometo. Si es su voluntad, prometo hacerla mi prioridad.
Guardo todo de nuevo. Sé que ella se dará cuenta de que alguien entró en su casa, porque la ventana está arreglada, pero no percibirá mi olor a lobo.
De la misma forma en que entré, salgo; verifico que la ventana por la que entré quede bien cerrada y me voy.
Ya de vuelta en mi casa, Bruna me pregunta dónde estaba. Sé que es muy precavida, pero ese cuidado está un poco exagerado.
Tal vez sean celos de hermanos, pero la nueva vecina es mi compañera y Bruna tendrá que acostumbrarse.
—¿Dónde estabas? Espera, déjame adivinar.
Hace un suspenso tonto.
—En la casa de la loba solitaria.
—Kyra. Su nombre es Kyra.
Dice Marcos.
—Sí, sí… Pero es una pulguienta, una loba solitaria.
Aslan gruñe en desaprobación.
—¿Qué dije de más para que tu lobo me gruña?
—Hay algo que debes saber; así no volverás a ofender a Aslan con tus comentarios.
—¿Y qué tienen que ver los comentarios que hice con una ofensa a tu lobo?
—Kyra, la loba, es mi compañera predestinada.
Bruna se queda callada. Veo en sus ojos una mezcla de sentimientos que no logro identificar. Hasta que sonríe.
—Ja, ja… Estás bromeando, Marcos. Este no es un buen momento para bromas.
—No estoy bromeando, y a partir de ahora quiero que la respetes.
—No, esto no puede ser verdad. La Diosa Luna no te castigaría dándote una compañera como ella.
—¿Como ella? Pero si ni siquiera la conocemos todavía, ¿cómo puedes juzgarla?
—Yo puedo, porque yo sé lo que es mejor para ti.
Ella se va y me deja solo.