En mi vida pasada, fui humillada, golpeada y obligada a soportarlo todo por el hombre que amaba: mi esposo, el Rey. Perdí a mis hijos por su culpa y, cuando dejó de necesitarme, me ejecutó para convertir a su concubina en Reina.
Pero regresé al pasado.
Ahora, él es solo mi prometido: el príncipe heredero. Y esta vez no seré la prometida ni la esposa obediente que todos esperan.
No seguiré las reglas de mi familia, de la sociedad… ni las suyas.
Si en mi primera vida fui la víctima, en esta seré la villana de sus pesadillas.
—¡Desaparezcan de mi vista, escorias!
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CAPÍTULO 12 — Que Problemática
No supe exactamente en qué momento perdí el conocimiento.
Solo recuerdo aquella sensación de que mi cuerpo estaba a punto de romperse bajo el peso de toda aquella energía...
Y después...
Nada.
......................
Cuando finalmente abrí los ojos, lo primero que percibí fue una agradable sensación de calor.
Parpadeé lentamente.
Mi visión todavía estaba borrosa.
Entonces me di cuenta que no estaba acostada sola.
Estaba recostada entre los brazos de alguien.
—¿...?
Mi cuerpo se quedó completamente rígido.
Bajé lentamente la mirada.
Un brazo rodeaba mi pequeño cuerpo y mi cabeza descansaba sobre el pecho de alguien.
Levanté los ojos.
Era Valtherion.
Estaba acostado junto a mí en mi cama.
¡¡¿Qué?!!
Mi rostro se puso rojo de inmediato.
¡¿Estoy en los brazos de un hombre?!
Aquello era demasiado indecente.
¡¿Qué clase de situación es esta?!
Mi corazón comenzó a latir a toda velocidad.
¡Pum, pum, pum, pum!
¡Esto no puede estar pasando...!
Entonces una idea cruzó por mi mente.
Me quedé inmóvil.
Esperé.
Y pensé detenidamente.
No.
¡Espera!
Ahora mismo tengo diez años.
Por lo tanto...
¿No es completamente normal que una niña abrace a un chico?
—...
Mi rostro dejó de estar rojo durante exactamente dos segundos.
Entonces volví a mirar a Valtherion.
Pero él no es un niño...
Mi cara volvió a ponerse roja.
¡Aaaah!
Por suerte, solo lo grité dentro de mi cabeza.
Intenté tranquilizarme y, mientras permanecía entre sus brazos, terminé observando detenidamente su rostro.
Dormido se veía muy diferente.
Su largo cabello plateado caía desordenadamente alrededor de su rostro. Sus facciones eran delicadas y hermosas, casi demasiado perfectas para alguien de apenas catorce años.
Sus ojos estaban cerrados y su expresión, normalmente arrogante y confiada, se encontraba completamente relajada.
Es muy lindo...
No pude evitar pensarlo.
En mi vida anterior también había sido extremadamente guapo.
Sin embargo, su personalidad egocéntrica hacía que se aislara constantemente de los demás. Apenas había tenido oportunidad de verlo una vez durante aquella vida.
Pero ahora...
Lo tenía literalmente a unos centímetros de mi rostro.
—...
Me quedé contemplándolo durante unos segundos.
Hasta que una pregunta llegó finalmente a mi mente.
Una pregunta que, sinceramente, debí haberme hecho desde el principio.
¡Espera!
¿Qué hace mi maestro aquí?
¡¿En mi habitación?!
¡¿En mi cama?!
¡¿Acostado junto a mí?!
Mi rostro volvió a arder.
¡¿Qué está pasando?!
Fue entonces cuando los ojos de Valtherion se abrieron.
Me quedé petrificada.
Él me observó durante unos instantes.
Y entonces una sonrisa lenta apareció en sus labios.
—¿Vas a pasar toda la noche mirándome, discípula?
—¡¡¿Qué?!!
Mi rostro alcanzó un tono rojo prácticamente sobrenatural.
—¡N-no estaba mirándote!
Me aparté inmediatamente de su brazo.
O, al menos, intenté hacerlo.
Porque en cuanto intenté incorporarme...
—¡Ah!
Un dolor recorrió todo mi cuerpo.
Mis brazos temblaron.
Mis piernas no respondieron.
Y terminé cayendo nuevamente sobre el colchón.
—¡Ugh...!
Valtherion suspiró.
—No te muevas.
Se incorporó tranquilamente y me acomodó sobre la cama.
Después tomó la sábana y la colocó sobre mi cuerpo.
—Mira todo el desastre que provocaste.
Seguí la dirección de su mirada.
Y entonces lo vi.
Mi habitación estaba completamente destrozada.
Había libros por todas partes, muebles desplazados, objetos fuera de su sitio y grietas que recorrían algunas de las paredes.
Incluso mi bata blanca...
Estaba manchada de sangre.
—...
Me llevé una mano a la boca.
Ahora entendía aquel extraño sabor metálico que había sentido.
Con razón.
Había sangre en mi boca.
—¿Yo hice todo esto...?
Valtherion no respondió.
Simplemente chasqueó los dedos.
Chas.
Una luz dorada recorrió la habitación.
En cuestión de segundos, todo comenzó a regresar a su lugar.
Los muebles volvieron a acomodarse.
Los objetos regresaron a sus posiciones.
Las grietas desaparecieron.
El desorden se desvaneció.
Incluso mi bata volvió a estar completamente limpia.
Me quedé mirando aquello con la boca abierta.
—...
¡Qué conveniente es tener un maestro archimago!
Valtherion cruzó los brazos.
Su expresión se volvió seria.
—Estuviste a punto de morir.
La sonrisa desapareció de mi rostro.
—Si no hubiera estado aquí, ya estarías muerta.
Tragué saliva.
—...
Esta vez no pude responder inmediatamente.
La idea de que realmente había estado a punto de morir me hizo sentir un escalofrío.
—Maestro...
Lo miré con atención.
—¿Cómo es posible eso? Yo solo estaba formando un círculo perfecto de maná.
Valtherion me observó.
Por un instante permaneció en silencio.
Y entonces...
Su ceja comenzó a temblar.
—¿Solo?
—¿Eh?
—¿Dijiste «solo»?
Su expresión se volvió cada vez más peligrosa.
—Sí...
—Ven aquí.
—¿Eh?
Antes de que pudiera reaccionar, me tomó de la mejilla derecha.
—¡Ay!
Me pellizcó.
—¡Maestro!
—Esto te pasa por hacer lo que tu maestro no te mandó.
—¡Ay, ay, ay!
—Fui muy claro.
Apretó un poquito más mi mejilla.
—Solo tenías que leerlo.
—¡Lo sé!
—Entonces, ¿por qué decidiste practicarlo?
—¡Porque quería aprender!
—¡No te pedí que aprendieras todavía!
—¡Pero...!
—¡Nada de «pero»!
Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
Esta vez no estaba fingiendo.
Realmente me dolía el pellizco.
—Perdón, maestro...
Mi voz salió pequeña.
—Yo solo quería practicar lo que aprendí en el libro...
Valtherion se quedó quieto.
Su expresión cambió poco a poco.
La dureza desapareció de su rostro.
Suspiró.
Finalmente soltó mi mejilla.
—...
Luego levantó una mano y acarició suavemente mi cabello ondulado de color morado.
—No.
Su voz había perdido toda severidad.
—Es mi culpa.
Parpadeé.
—¿Su culpa?
Valtherion soltó una pequeña risa.
Una risa claramente cargada de ese egocentrismo suyo.
—La verdad es que no pensé que pudieras leerlo.
—...
Lo miré fijamente.
¿Se estaba burlando de mí?
Mis ojos se entrecerraron.
—Maestro...
—¿Sí?
—¿Se está riendo de mí?
—No.
Sonrió.
—Por supuesto que no.
¡Mentiroso!
Era evidente que sí.
Pero decidí no discutir.
......................
Después de unas cuantas llamadas de atención más, Valtherion finalmente comenzó a explicarme qué había hecho mal.
Y entonces descubrí algo todavía más sorprendente.
No solo había estado moviendo mi propio maná.
También había atraído y absorbido el maná puro del mundo al mismo tiempo.
Había intentado controlar ambas corrientes simultáneamente.
Algo que, aparentemente, era extremadamente peligroso.
Pero también...
Extraordinario.
—Es sorprendente que hayas conseguido manejar dos tipos de maná al mismo tiempo —admitió Valtherion.
Sus ojos se entrecerraron con interés.
—Aunque tu método fue completamente absurdo.
—...
Inflé ligeramente las mejillas.
—¿Era necesario decirlo así?
—Sí.
¡Qué maestro tan cruel!
Aun así, presté atención.
Valtherion se sentó frente a mí sobre la cama.
Yo hice lo mismo.
Ambos permanecimos sentados frente a frente, con las piernas cruzadas.
—Ahora haz circular únicamente tu propio maná.
Cerré los ojos.
Respiré profundamente.
—No atraigas el maná del exterior.
Asentí.
—Sí, maestro.
—Siente la energía dentro de tu cuerpo.
Concentré mi mente.
Poco a poco pude percibir aquella corriente.
—Ahora hazla circular.
Seguí sus instrucciones.
Esta vez fue diferente.
No absorbí nada del exterior.
Solo hice circular mi propio maná, lentamente, dentro de mi cuerpo.
Una vuelta.
Después otra.
Y otra.
—Bien.
La voz de Valtherion llegó hasta mí.
—No la fuerces.
Su tono era tranquilo.
—El maná no debe obedecerte porque lo obligues. Debes aprender a guiarlo.
Seguí concentrándome.
—Así...
Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro.
Por primera vez podía sentir que realmente estaba aprendiendo.
Valtherion corrigió cada uno de mis errores.
Una y otra vez.
Me explicó cómo mover la energía, cómo evitar sobrecargar mi cuerpo y, sobre todo, cómo mantener separada aquella misteriosa energía que había atraído inconscientemente del maná que ya poseía.
Yo escuchaba absolutamente todo.
No quería volver a cometer el mismo error.
Y así...
El tiempo comenzó a pasar.
Un reloj de arena.
Luego otro.
Después otro más.
Tres relojes de arena.
Tres horas habían transcurrido sin que me diera cuenta.
Mis párpados comenzaron a pesarme.
Intenté mantenerlos abiertos.
—Maestro...
—¿Qué?
—Creo que...
Bostecé.
—Tengo sueño...
Valtherion me observó.
—Entonces duerme.
—Pero todavía quiero...
Otro bostezo.
Mi cabeza comenzó a inclinarse lentamente.
Intenté resistir.
No pude.
Y, sin siquiera darme cuenta del momento exacto...
Mis ojos se cerraron.
Mi cuerpo se relajó.
Y me quedé profundamente dormida.
......................
Valtherion permaneció sentado frente a Isolde durante unos instantes.
Miró a su pequeña discípula dormida.
Luego suspiró.
—Qué problemática...
Pero en sus labios apareció una pequeña sonrisa.
—Y pensar que la elegí voluntariamente.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
GRACIAS POR SUS REGALOS 🫶🏻💛
ME HACEN MUY FELIZ 🫂
gracias 😍😍❤️❤️❤️