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La Debilidad Del Mafioso

La Debilidad Del Mafioso

Status: En proceso
Genre:Madre soltera / Malentendidos / Traiciones y engaños / Reencuentro / Matrimonio arreglado / Amor-odio
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Dane Benitez

Dasha Lincor es la joven y exitosa heredera de un imperio canadiense, una mujer que usa el trabajo para construir un muro contra el dolor de un pasado trágico. Su única luz son los gemelos, Kiara y Kael, de quienes asume la tutela tras la muerte inesperada de su mejor amiga y madre de los niños. Pero la estabilidad de Dasha es atacada: una batalla legal por la custodia, liderada por una abuela implacable, amenaza con arrebatarle a los niños, forzándola a buscar desesperadamente la imagen de "familia" que el tribunal exige

Azrael Smirnova, el millonario ruso y temido lider de una organización criminal, ve en la desesperación de Dasha su oportunidad. Dasha acepta el pacto de conveniencia, sin sospechar que su esposo no solo es un hombre peligroso, sino que el nexo de Azrael con su pasado es un secreto tan oscuro que podría costarle su " nueva familia"

NovelToon tiene autorización de Dane Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 2

EFÍMERA FELICIDAD

La vida es tan cambiante que un día puedes estar reventando de alegría y, al otro, rompiéndote de dolor. El problema es que nunca te avisa cuándo va a descargar el golpe.

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Dasha Lincor

 Marzo | Montreal, Canadá

El aire de marzo en Montreal todavía conservaba el filo de una navaja, pero dentro de la discoteca el calor era sofocante. El sudor se me pegaba a la piel en el escote de mi espalda; con manos torpes, me recogí el cabello en lo alto de la cabeza en un moño improvisado.

—¿Algo más, señorita? —me preguntó el barman cuando me acerqué a la barra.

—Lo mismo de siempre —pedí con una sonrisa.

Las luces de neón cortaban la oscuridad, moviéndose al ritmo de un bajo que retumbaba en el pecho. El olor a humo de cigarrillo se mezclaba con perfumes caros y el vapor del alcohol. Me detuve un momento a observar a la gente bailar. Había cerrado un trato crucial para la empresa y, además, era la víspera de mi cumpleaños.

A mis veintidós años, tras haber sobrevivido a la soledad de un internado después de perder a mis padres a los cinco, valoraba mi libertad por encima de todo. No buscaba un marido ni un hogar tradicional; solo quería esto: mi éxito, mi dinero y la capacidad de decidir mi rumbo sin cadenas.

—Aquí tiene, señorita —Leo, el bartender, me entregó el vaso. El líquido frío con esencia de menta me refrescó la garganta—. Cuidado al salir, dicen que la tormenta de esta noche será el último gran azote del invierno.

—Gracias, Leo. Un par de canciones más y me largo.

...

Eran las cuatro de la mañana cuando el auto de Tristán, mi asistente y amigo fiel, se estacionó frente a mi casa. La nieve de marzo caía pesada, decorando la fachada con un manto blanco.

—Listo, preciosa, ya estás sana y salva —dijo Tristán al abrirme la puerta—. Entra rápido, no quiero que la cumpleañera se me congele antes de tiempo.

Me moví bajo las gruesas mantas al escuchar que mencionaban mi nombre a lo lejos. Las voces infantiles se volvieron más nítidas cuando sentí que el colchón se hundía a mi lado.

—¡Venga, ya ha salido el sol! —exclamaron mientras me sacudían los hombros y me arrebataban la almohada.

Abrí los ojos, acostumbrándome a la claridad que se filtraba por los grandes ventanales.

—¡Oh, Dios mío! ¿Pero quiénes son estos pequeños invasores? —pregunté al aclarar la vista y ver a los dos pequeños sobre mi cama.

—¡Mira lo que te he traído! —dijo la dulce voz del pequeño que se me subió encima.

—Y yo te he hecho esto —soltó la otra con esa vocecita que, joder, me encantaba.

La pequeña de cabello azabache sacudía un dibujo justo frente a mi cara.

—Es nuestra familia —añadió con una sonrisa que me deslumbró más que el sol de la mañana.

—Son tus favoritas —intervino el hermoso niño, mostrándome dos girasoles radiantes.

—Muchísimas gracias, mis preciosos —abrí los brazos para recibirlos a ambos, embriagándome con ese aroma dulce y puro que solo tienen los niños—. Son los mejores regalos del mundo.

No pude evitar llenarlos de besos y hacerles cosquillas, inundando la habitación con el sonido de sus risas. Me incorporé para apreciar sus regalos mientras ellos, con entusiasmo, me explicaban cómo los habían conseguido. Alargué la mano hacia la mesilla en busca de mi móvil y nos tomé una selfie junto a mis adorados sobrinos.

Sin embargo, di un salto al ver la hora: ya pasaba del mediodía.

—¿Dónde está su madre? —les pregunté.

—Prepara la comida —respondió Kiara—, y un pastel —añadió con un guiño de picardía.

—¿A qué hora han llegado?

—Poquito después de que saliera el sol, tía —me informó Kael, y me maldije internamente por haberme quedado dormida.

—Me daré un baño rápido, espérenme aquí.

Corrí al baño y me puse bajo la regadera de agua fría, buscando que el chorro eliminara el rastro de alcohol y la cara de resaca. Cuando salí ya cambiada, los encontré acostados en mi cama; Kiara se tomaba fotos con mi móvil y su hermano miraba la televisión.

—Vamos con su madre —les dije. Se pusieron de pie de un salto y se lanzaron a mis brazos para que los cargara. Bajé las escaleras con ambos a cuestas; la casa olía a comida recién hecha, olía a hogar.

Al llegar a la cocina, los dejé en el suelo y corrieron hacia Sienna, mi mejor amiga... mejor dicho, mi hermana. Su cabello rojizo caía sobre sus hombros y el vestido de estampado floral resaltaba su belleza.

—Hola, bella durmiente —me saludó con una sonrisa.

—Venga, dame un abrazo —le pedí. Ella me envolvió en sus brazos.

—Feliz cumpleaños, preciosa —me estrechó con fuerza—. Dios bendiga tu vida, hermana de mi corazón.

En sus brazos me sentía de nuevo como una niña pequeña. Sienna era lo mejor que me había pasado en la vida y quien me había dado el regalo más grande: los mellizos, el centro de nuestro mundo.

—Gracias, Sienna. De verdad, gracias.

—Ya está, no te pongas sentimental. Siéntate y disfruta de lo que te he preparado.__simplemente la adoro.

—Huele delicioso.

—Como todo lo que hago —alardeó, haciéndome reír.

Como en los últimos años, estaba siendo un gran cumpleaños. Tenía a mi lado a las personas que más amaba en el universo.

 Reímos mientras me obligaban a posar con un gorro infantil de cartón y los niños me pedían que soplara la vela del pastel de chocolate.

—Venga, niños, vayan a lavarse las manos —ordenó Sienna cuando terminamos de comer.

Los seguí con la mirada hasta que desaparecieron tras la puerta. Mi amiga me tomó las manos por encima de la mesa.

—He visto las noticias, estoy muy orgullosa de ti —dijo, refiriéndose al negocio que cerré—. Sin duda eres la mejor en lo que haces.

—Solo intento dar lo mejor.

—Dasha... —su tono de voz cambió y supe lo que venía.

—Sienna, ya lo sé —la interrumpí—, pero te juro que no bebí tanto, solo quería divertirme.

—No estoy en contra de que salgas, Dasha —dijo con ternura—, pero me preocupa que reduzcas tu vida solo al trabajo y a la fiesta. Tienes que darte la oportunidad de conocer a alguien...

—Ni lo pienses. Sabes que el papel de madre y super_ama de casa es solo tuyo —le aseguré. No mentía; ella era impecable como madre y como profesional —. Sé que te preocupa que me quede sola, pero ¿crees que eso es posible teniéndote a ti y a mis sobrinos?

—Solo quiero que seas feliz, pequeña.

—Y lo soy, Sienna. Te juro que con ustedes lo soy.

La conversación terminó cuando los niños regresaron cargados de energía. Kael se me trepó encima ignorando las advertencias de su madre. Con Kiara a mi espalda y Kael aferrado a mi pierna como una garrapata, nos fuimos al salón para una tarde de películas y palomitas.

Alrededor de las seis de la tarde, sonó el timbre. Sienna fue a abrir mientras yo seguía bailando con Kiara.

—¡Pero miren a quién tenemos aquí! —exclamó una voz a mis espaldas—. ¡A la cumpleañera más sexy del mundo!

Era Tristán, que aparecía con un espectacular ramo de rosas y chocolates.

—¡Oye! —rugió la vocecita de Kael con el entrecejo fruncido—. No le digas así a mi tía Dasha.

—¡Oh! No recordaba que por aquí andaba un pequeño celoso —comenzó a pincharlo Tristán, haciéndonos reír a todos.

—Ya, deja al niño —pidió Sienna divertida.

—¡Pero si no miento! Dasha es la jefa más sexy del planeta.

Tuve que sujetar a Kael cuando intentó lanzarse contra Tristán.

—Tranquilo, pequeño. La tía Dasha es sexy, pero no le hará caso a ningún hombre porque ya tiene a uno al que adora —dije besándole las mejillas y abrazándolo con fuerza.

Kael, desde mis brazos, le sacó la lengua a Tristán y este le imitó. Era su rutina de siempre. Dejé al niño en el suelo para abrazar a mi amigo. Le agradecí el detalle, aunque en el fondo sabía que no necesitaba nada más: el mejor regalo ya estaba allí, compartiendo el día conmigo.

Dasha Lincor

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ana rosa cobos torres
que hermoso espécimen
Nayeli Chab Rodriguez
Su hija a de ser Sienna
Vidash: Te invito a que no te pierdas de ningún capítulo 🥰🤭🤭
total 1 replies
ShaLop
Hermoso el protagonista 🤭🤭
Ana VR
yo siempre me pregunto, de donde salen estos dioses griegos 😍😍
alegra: loo mismo me preguntó yo🤔🥰
total 2 replies
Tere Jimenez
muy guapo gracias por compartir tu novela
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