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La Princesa Que Regresó Para Convertirse En Emperatriz

La Princesa Que Regresó Para Convertirse En Emperatriz

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mundo mágico / Venganza
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: nuestros sueños

Aurelia Rose Everhart lo tenía todo: sangre imperial, belleza y un futuro prometedor. Sin embargo, detrás de las paredes del palacio se escondían conspiraciones, traiciones y personas que deseaban verla desaparecer.
A los diecinueve años, Aurelia es acusada de traición y condenada a muerte. Pero cuando abre los ojos después de morir, descubre que ha regresado al pasado, al momento en que tenía apenas ocho años.
Con todos los recuerdos de su primera vida intactos, Aurelia decide que esta vez no será una princesa manipulada por los demás.
Esta vez cambiará su destino.
Aprenderá magia, construirá alianzas, descubrirá los secretos de su familia y se enfrentará a aquellos que algún día la traicionarán.
Porque Aurelia ya no quiere simplemente sobrevivir.
Quiere convertirse en la mujer que gobierne el Imperio de Elarion.
Pero cambiar el destino tiene un precio...
Y quizá, entre conspiraciones, magia y una peligrosa historia de amor, Aurelia descubra que su primera vida escondía secretos mucho

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Capítulo 2 — El primer movimiento

Aurelia permaneció frente a la ventana durante varios minutos.

El Palacio Imperial se extendía ante sus ojos como una enorme ciudad de mármol blanco, torres doradas y jardines perfectamente cuidados.

Todo parecía igual.

Pero para ella, nada volvería a serlo.

Había regresado al pasado.

A los ocho años.

Exactamente doce años antes de su ejecución.

Doce años.

Aurelia tenía tiempo suficiente para cambiarlo todo.

—Princesa...

La voz de Mireya la hizo regresar a la realidad.

—¿Sí?

—¿Está segura de que se encuentra bien?

Aurelia se giró.

Mireya la observaba con preocupación.

En su primera vida, aquella joven había sido una de las pocas personas que permanecieron a su lado hasta el final.

Aurelia recordaba perfectamente el día en que Mireya fue arrestada.

La acusaron de ayudar a la princesa a escapar.

Fue torturada durante días para obligarla a revelar dónde se encontraba Aurelia.

Nunca dijo una palabra.

Y terminó muriendo antes que ella.

Aurelia apretó los puños.

Esta vez sería diferente.

—Estoy bien —respondió suavemente—. Solo tuve un sueño extraño.

—¿Una pesadilla?

Aurelia negó con la cabeza.

—No. Fue más bien... un recuerdo.

Mireya inclinó la cabeza, confundida.

Aurelia sonrió.

—No te preocupes.

La niña regresó a su escritorio y tomó una hoja de papel.

—Necesito que hagas algo por mí.

—Lo que sea, princesa.

—Quiero saber todo lo que ocurre dentro del palacio.

Mireya parpadeó.

—¿Todo?

—Quién entra, quién sale, qué nobles visitan a mi padre, qué reuniones tienen los ministros y qué personas trabajan para la emperatriz.

Mireya parecía completamente sorprendida.

—Pero eso es información política.

—Exactamente.

Aurelia tomó una pluma.

—Y quiero saberla.

---

Aquella misma tarde, Aurelia salió de su habitación.

Su pequeño vestido rosa se movía mientras caminaba por los pasillos.

Los sirvientes se apartaban para dejarla pasar.

—Buenos días, princesa.

—Buenos días.

—Qué hermosa está hoy.

—Gracias.

Aurelia respondía amablemente a todos.

Pero mientras caminaba, observaba.

Los guardias.

Las puertas.

Las cámaras.

Los sirvientes.

Los nobles.

Todo.

En su primera vida había sido demasiado confiada.

Ahora conocía una verdad que ningún maestro le había enseñado:

En el palacio, incluso las paredes tienen oídos.

Aurelia llegó finalmente al salón de reuniones.

La puerta estaba entreabierta.

Escuchó voces.

—El príncipe Adrian debería comenzar su entrenamiento militar el próximo año.

Aurelia se quedó quieta.

Adrian.

Su hermano.

El recuerdo de su muerte apareció inmediatamente en su mente.

En su primera vida, Adrian había muerto cuando tenía diecisiete años.

Un accidente durante una expedición.

Al menos eso decía la versión oficial.

Pero Aurelia sabía que no había sido un accidente.

Habían saboteado su carruaje.

El problema era que no recordaba exactamente quién lo había hecho.

Solo recordaba una cosa.

Un hombre con un anillo negro.

Aurelia observó el interior de la sala.

Su padre estaba sentado en la cabecera de la mesa.

A su lado estaba Seraphine.

La emperatriz.

Aurelia sintió que su corazón se aceleraba.

La mujer que había contribuido a destruir su vida estaba allí.

Y era exactamente igual que la recordaba.

Hermosa.

Elegante.

Sonriendo.

—Aurelia.

La pequeña princesa se sobresaltó.

Su padre la había visto.

El emperador Lucien la observaba desde el otro lado de la sala.

—Entra.

Aurelia respiró profundamente.

Luego entró.

Hizo una reverencia perfecta.

—Buenos días, padre.

—¿Cómo te sientes?

—Mucho mejor.

Seraphine sonrió.

—Pobrecita. Me dijeron que se golpeó la cabeza.

Aurelia la miró.

—Sí, madre.

Seraphine se acercó y acarició suavemente su cabello.

—Debes tener más cuidado.

Aurelia sintió un escalofrío.

En su primera vida, aquella misma mano había acariciado su cabeza muchas veces.

Y ella había creído que era cariño.

Ahora sabía que no.

—Lo tendré —respondió Aurelia.

Seraphine sonrió.

—Qué niña tan obediente.

Aurelia bajó la mirada.

Por dentro, estaba pensando.

Ya sé quién eres.

Pero no podía actuar todavía.

No tenía pruebas.

Y una acusación sin pruebas solo la convertiría en una niña paranoica.

Aurelia necesitaba poder.

Aliados.

Información.

Y tiempo.

—Padre —dijo de repente.

—¿Sí?

—Quiero aprender magia.

El emperador levantó una ceja.

—¿Magia?

—Sí.

Seraphine intervino.

—Aurelia todavía es muy pequeña para comenzar estudios mágicos.

Aurelia la miró.

—¿No es cierto que el príncipe Adrian comenzó a estudiar magia a los ocho años?

La sala quedó en silencio.

Lucien observó a su hija durante unos segundos.

—Es verdad.

Aurelia sonrió.

—Entonces quiero estudiar también.

El emperador pareció pensarlo.

—Está bien.

Seraphine perdió su sonrisa durante apenas un segundo.

Aurelia lo notó.

Ese pequeño gesto confirmó algo.

A la emperatriz no le convenía que Aurelia desarrollara su magia.

¿Por qué?

Aurelia todavía no lo sabía.

Pero estaba segura de que descubriría la respuesta.

---

Esa noche, Aurelia regresó a su habitación.

Mireya había colocado varios libros sobre su escritorio.

Aurelia miró la montaña de libros.

—Esto es todo lo que pude encontrar.

—Perfecto.

Tomó el primero.

Historia del Imperio de Elarion.

Lo abrió.

Pero antes de comenzar a leer, una extraña sensación recorrió su cuerpo.

El libro comenzó a brillar.

Aurelia soltó la pluma.

Sus ojos se iluminaron con un tenue resplandor dorado.

Y entonces escuchó nuevamente aquella voz.

«La memoria del destino ha despertado.»

Aurelia se quedó paralizada.

—¿Quién eres?

Silencio.

Después, apareció una imagen frente a ella.

Un enorme árbol cubierto de estrellas.

Y debajo del árbol había seis símbolos.

Fuego.

Agua.

Viento.

Tierra.

Luz.

Y un sexto símbolo que Aurelia jamás había visto.

Una corona rodeada de estrellas.

La visión desapareció.

Aurelia respiró con dificultad.

—¿Magia Astral...?

Había leído sobre ella.

Era una magia legendaria que solo algunos miembros de la Familia Imperial habían podido utilizar.

Pero en su primera vida nunca había manifestado aquella afinidad.

Entonces comprendió algo.

Quizá su regreso no había sido una simple coincidencia.

Quizá había una razón por la que había vuelto.

Aurelia miró sus manos.

—Si el destino me dio una segunda oportunidad...

Sus ojos azules volvieron a brillar.

—Entonces descubriré por qué.

En ese instante, alguien llamó a la puerta.

—Princesa Aurelia.

Era una voz masculina.

Aurelia se acercó.

—¿Quién es?

—Soy el capitán de la guardia.

Aurelia abrió la puerta.

Frente a ella había un joven caballero de cabello oscuro.

Pero no estaba solo.

A su lado se encontraba un niño de aproximadamente nueve años.

Cabello negro.

Ojos rojos.

Expresión seria.

Aurelia lo reconoció inmediatamente.

Kael Draven.

En su primera vida, aquel niño se convertiría en el duque más poderoso de Elarion.

Y también en el hombre que, años después, sería considerado su mayor enemigo.

Pero había algo que Aurelia recordaba perfectamente.

Antes de convertirse en enemigos...

Kael había intentado advertirle sobre la conspiración.

Ella nunca le creyó.

Aurelia lo observó en silencio.

Kael también la miró.

Durante varios segundos, ninguno dijo una palabra.

Entonces él habló.

—¿Tú eres la princesa Aurelia?

—Sí.

Kael entrecerró los ojos.

—Eres diferente de lo que imaginaba.

Aurelia levantó una ceja.

—¿Y qué imaginabas?

El niño respondió con absoluta seriedad:

—Que eras una niña débil.

Aurelia sonrió.

Por primera vez desde que había regresado...

Se divirtió.

—Entonces será interesante demostrarte que estás equivocado.

Kael la observó.

Y por primera vez en aquella segunda vida, Aurelia acababa de conocer a alguien que podría convertirse en uno de sus mayores aliados...

O en su peor enemigo.

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Jarol Nañez Quiñones
pero como puede ser descendiente directo de elara si ella murio hace 300 años?
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
La emperatriz es una serpiente, mala madre 😡
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Excelente inicio, la bruja de la hermana no sabe lo que le espera 🥰🥰
Lerida del carmen Ramos vielma
interesante, vamos bien, sigue así autos le felicito 🥰 ojalá y pueda actualizar pronto 🥰
Lerida del carmen Ramos vielma: autora
total 1 replies
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