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SIN QUERER, TERMINE COMO LA AMANTE DEL MAFIOSO

SIN QUERER, TERMINE COMO LA AMANTE DEL MAFIOSO

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Lía Castillo solo quería convertirse en una estrella.

Como vocalista de Lumina Hearts, su grupo de idols empieza a conquistar seguidores y cumplir sus primeros sueños. Pero una noche de celebración, unas copas de más y un tropiezo cambian su vida para siempre.

Lía termina frente a un hombre demasiado atractivo para ser real. Sin saber quién es, lo llama guapo, lo besa y pasa la noche con él.

Al despertar, huye convencida de que todo quedó atrás.

Hasta que Dante Varela aparece.

Él es el líder de la familia criminal más poderosa y temida de la región. Y no está dispuesto a olvidar a la mujer que se atrevió a besarlo sin miedo.

Cuando Dante amenaza con destruir la carrera de Lumina Hearts, Lía se ve obligada a elegir entre su sueño y convertirse en la amante del mafioso.

Pero Dante pronto descubrirá que retenerla será mucho más fácil que hacerla enamorarse de él.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Eres mía, Lía

Las palabras se me quedaron atragantadas en la garganta, incapaz de articular una sola frase, de oponer la más mínima resistencia ante la firmeza absoluta con la que él se plantó frente a mí, sin espacio para negociaciones, sin dudas, sin concesiones. No me preguntó si estaba de acuerdo, no me suplicó, no me dio opciones. Simplemente me informó, con la calma de quien dicta una sentencia que nadie puede revocar:

—No, Lía. No hay nada que decidir. Tú sola te metiste en mi mundo. Tú sola gateaste hacia mí aquella noche, sin miedo, sin dudar. Tú sola pediste mi beso, tú sola pasaste una noche de intensa pasión conmigo. Y yo no he decidido que eso vaya a terminar.

Dos lágrimas se me escaparon sin que pudiera detenerlas, rodando suavemente por mis mejillas, impulsadas por el miedo, la confusión y la extraña impotencia que me invadía al tenerlo tan cerca. Él no se apartó, no se burló, no se impacientó. Me sonrió, una sonrisa tranquila, casi tierna, y levantó la mano para secarme las lágrimas con el dorso de sus dedos, con una delicadeza que chocaba brutalmente con la dureza de sus palabras.

—Tranquila —susurró, acariciando mi piel húmeda—. Mientras te portes bien, nada malo te va a pasar.

Lo observé, confundida, el corazón latiéndome desbocado. No entendía nada: la misma persona que me estaba reclamando como si fuera de su propiedad, me hablaba con una suavidad que me desarmaba por completo. No me dio tiempo a formular ninguna pregunta. Me tomó de la mano, entrelazando sus dedos con los míos con firmeza, y dijo simplemente:

—Vamos.

Me guió fuera del departamento, hacia su auto deportivo negro que esperaba en la calle, y durante todo el trayecto no soltó mi mano ni un instante. No hablamos. Yo miraba por la ventana, viendo cómo las calles familiares se alejaban para dar paso a una zona más exclusiva, más silenciosa, hasta que llegamos a una mansión imponente, rodeada de jardines oscuros y muros altos que parecían separarla del resto del mundo. Subimos al cuarto principal, una habitación inmensa, de paredes oscuras y luces tenues, donde el silencio era absoluto y el aire olía a su colonia, a él, a algo que ya empezaba a reconocer como mi nuevo mundo.

Sin soltarme, me llevó hasta el borde de la cama y comenzó a quitarme la ropa, despacio, con una paciencia que me hizo temblar de pies a cabeza. Cada prenda que caía al suelo era una barrera menos entre nosotros, y con cada movimiento, se inclinaba hacia mi oído y susurraba con voz grave y ronca, cargada de deseo:

—¿Cómo ha estado mi bella princesa estos días?… Me has extrañado, ¿verdad?… Tu cuerpo me ha extrañado, lo sé… Dime que nadie… ningún hombre puso una sola mano sobre tu piel…

—Ninguno —respondí, apenas un susurro, perdiéndome en la sensación de sus manos sobre mí—. Nadie… solo tú…

—Bien… muy bien… —murmuraba él, besando mi cuello, mis hombros, cada centímetro de piel que quedaba al descubierto—. Porque eres mía… y nadie más puede tocarte… nadie más puede mirarte…

Y yo respondía a todo, a veces con palabras, a veces solo con gemidos ahogados, callada, entregada sin entender cómo había llegado hasta aquí. No había vuelta atrás. No había resistencia que pudiera ofrecerle. Cuando finalmente nos fundimos en uno solo, todo se convirtió en fuego y sombra: sus susurros constantes contra mi piel, repitiéndolo una y otra vez como un juramento y una advertencia a la vez: Me perteneces… eres mía… no puedes alejarte de mí… nunca… y mis propios gemidos, mi respiración entrecortada, la forma en que mi cuerpo se aferraba al suyo aunque mi mente seguía gritándome que esto estaba mal, que esto era peligroso, que él era peligroso.

Cuando terminó, se quedó a mi lado, rodeándome con sus brazos, y yo me quedé inmóvil, con la respiración aún agitada, el cuerpo ardiendo y la mente hecha un caos. Me sentía confundida, asustada, sabía que estaba atrapada en una situación de la que no sabía cómo salir… pero al mismo tiempo, bajo todo ese miedo, había una sensación extraña, intensa y turbia, un placer tóxico que me recorría al sentirlo tan cerca, al saber que me deseaba con esa ferocidad absoluta. Me apreté un poco más contra él, sin querer, sin darme cuenta, y cerré los ojos, sabiendo que mi vida ya no era la misma, que nunca volvería a serlo.

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