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Dos Mundos, Un Destino

Dos Mundos, Un Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Aventura / Completas
Popularitas:507
Nilai: 5
nombre de autor: anónimo 2710

En los pasillos del Instituto Amanecer, Alexandra es una estudiante dulce, amable con todos y que prefiere la tranquilidad de un buen libro y pasar desapercibida. Por su parte, Santiago es el carismático capitán del equipo de natación, el chico popular de hombros anchos y sonrisa fácil que siempre está rodeado de ruido y amigos. En la vida real, apenas cruzan miradas y sus mundos parecen completamente opuestos.
​Pero al caer la noche, todo cambia.
​Cuando las pantallas se encienden y se sumergen en el vasto universo de fantasía de su MMORPG favorito, se transforman por completo: ella es Lady Sol, una guerrera feroz, terca e implacable que defiende el frente de batalla con armadura brillante; y él es Sombra22, un mercenario cínico, astuto y bromista que prefiere las sombras y disfruta al máximo sacarla de quicio. Sin saberlo, son el dúo más explosivo y divertido del servidor, compartiendo horas de risas, peleas virtuales y una química innegable a través del chat de voz.
​Mientras la ten

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Capítulo 7: Chismes de pasillo y hermanas traviesas

Perspectiva de Santiago

Al día siguiente, la alarma sonó y me levanté un poco más tarde de lo habitual. Como hoy tenía el entrenamiento de natación programado para la tarde y no a las cuatro de la mañana, me tomé las cosas con un poco más de calma, me arreglé con tranquilidad y salí directo hacia el edificio de clases.

Mientras caminaba por el pasillo principal hacia el aula, alcancé a ver a Oswaldo recostado contra los casilleros, esperándome con una sonrisa de oreja a oreja y cara de haber hecho una travesura. Apenas me vio llegar, aceleró el paso para interceptarme.

—¡Buenos días, capitán! ¿Cómo amaneció la parejita más tóxica del servidor? —soltó Oswaldo burlándose antes de que pudiera decir una sola palabra.

Lo miré fulminándolo con la mirada, cruzándome de brazos.

—Eres un imbécil y un chismoso de primera, Oswaldo. ¿Sabes el problema en el que me metiste anoche? ¡Ahora medio mundo en el chat del directo me está preguntando el nombre de mi supuesta novia! —le reclamé golpeándole suavemente el hombro con la carpeta.

Oswaldo se rio a carcajadas, encogiéndose de hombros sin pizca de arrepentimiento.

—¡Viste que admites que sí es tu novia! Pero ya hablando en serio, relájate —respondió intentando calmar la risa—. Aunque, la verdad, el verdadero problema que tienes no es por mí...

Lo quedé mirando con el ceño fruncido, sin entender a qué se refería.

—¿De qué hablas? ¿Cuál problema? —le pregunté.

—Ayer estuve pensando en eso que me preguntaste de quién era el usuario ProSlayer2026, el que comentó en el chat preguntando si habías jugado a otro juego antes del directo... —dijo Oswaldo rascándose la nuca con una sonrisita nerviosa—. Pues resulta que esa es mi hermana menor, Carolina. Tiene diez años, es súper fan de tus directos y, no sé cómo, pero vio tu perfil y conoce tu usuario del otro juego. Quería saber cómo te había ido en la misión anterior, pero como yo no quise contestarle en pleno vivo para no arruinar la sorpresa, ella se metió al chat a preguntar. Y yo, bueno... aprovechó la oportunidad para fastidiarte un poquito a ti y al fandom, ¿qué te puedo decir?

Me quedé en completo silencio, mirándolo con incredulidad.

—¿Me estás diciendo que todo este rollo del chisme se lo inventó o lo provocó una niña de diez años que resulta ser tu hermana menor, Carolina? —le pregunté frotándome la frente con fastidio.

—¡Exactamente! Los niños son el futuro, Santiago. Deberías agradecerle el contenido que le dio al directo —bromeó él mientras abríamos la puerta del salón de clases.

Nos adentramos en el aula y nos dirigimos directamente a la última fila, a nuestros pupitres de siempre. Dejé caer la mochila al suelo y eché un vistazo hacia adelante, buscando instintivamente los dos puestos de enfrente.

Me di cuenta de que Alexandra todavía no había llegado. Vaya, pensé con una sonrisa inevitable dibujándose en los labios, parece que hoy se volvió a quedar dormida otra vez.

Oswaldo se sentó a mi lado, notando mi mirada hacia el pupitre vacío, y me dio un codazo cómplice mientras el profesor de la primera hora terminaba de acomodar sus papeles en el escritorio.

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