Camila y Rafael viven un romance perfecto, entre tardes de complicidad, risas e historias compartidas, descubren un amor puro y profundo que avanza hacia el compromiso. Sin embargo, en las sombras, la envidia enfermiza transformada en amistad se vuelve una obsesión oscura.
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capitulo 13
La revelación en el Bar del Puerto había sido un golpe devastador, pero también una confirmación. Fernando y Rubén no solo planeaban secuestrar a Camila, ya lo habían hecho antes con otras mujeres. Esa frase, -ya lo hemos hecho, solo debemos tener cuidado como las otras veces, resonaba en la mente de Camila como un eco macabro.
—Norma, ves lo que dijeron
dijo Camila, aún temblorosa mientras caminaban por la calle oscura
— Como las otras veces. Esto no es la primera vez que lo hacen.
Norma apretó los puños.
—Son unos monstruos. Tenemos que encontrar a esas otras víctimas. Si logramos que hablen, tendremos pruebas suficientes para meterlos a la cárcel.
—Pero ¿cómo vamos a encontrarlas?
preguntó Camila
—No sabemos quiénes son, ni siquiera si están vivas.
—Tal vez haya registros, noticias de mujeres desaparecida.
dijo Norma
—Denuncias que no prosperaron, sobre casos de agresión sexual. Si Fernando tiene antecedentes, debe haber más mujeres que hayan hablado.
Camila sintió una chispa de esperanza.
—Tienes razón. Vamos a investigar.
Al día siguiente, Camila faltó a su trabajo y se reunió con Norma en la biblioteca pública. Pasaron horas revisando archivos de periódicos antiguos, buscando noticias sobre agresiones sexuales en la zona donde Fernando vivía. No encontraron mucho, pero una noticia llamó su atención, un artículo de hace dos años sobre una mujer que había sido atacada en las afueras de la ciudad, cerca de un almacén abandonado.
—Escucha esto
dijo Norma, leyendo en voz baja
—Mujer de 23 años fue encontrada semidesnuda y golpeada en un almacén abandonado en la zona industrial. La víctima, que prefirió mantener el anonimato, aseguró haber sido secuestrada por dos hombres que la violaron y la abandonaron. La policía investiga el caso, pero no hay detenidos.
Camila sintió que la sangre se le helaba.
—El almacén. El mismo donde Fernando me llevó en la otra vida.
—Tiene que ser él
dijo Norma
—Es el mismo modus operandi.
—Pero la víctima prefirió el anonimato
dijo Camila, con frustración
— ¿Cómo vamos a encontrarla?
Norma frunció el ceño, pensando.
—Tal vez haya dejado algún rastro. En el artículo no dice su nombre, pero menciona que trabajaba en una fábrica textil cerca de la zona. Podríamos ir a preguntar.
Esa tarde, tomaron un autobús hacia la zona industrial y encontraron la fábrica textil. Era un edificio viejo y ruidoso, con ventanas sucias y un cartel desgastado que decía Textiles del Norte. Camila y Norma entraron y pidieron hablar con el encargado.
—Buenas tardes
dijo Camila, mostrando una sonrisa amable
—Estamos investigando un caso de acoso y nos dijeron que tal vez usted pueda ayudarnos. Buscamos a una mujer que trabajó aquí hace dos años y que fue víctima de un ataque.
El encargado, un hombre de unos sesenta años con bigote canoso, las miró con desconfianza.
—¿Y ustedes quiénes son?
—Somos periodistas independientes
mintió Norma
—Estamos haciendo un reportaje sobre violencia de género en la zona.
El hombre dudó, pero finalmente asintió.
—Sí, recuerdo a esa chica. Se llamaba Luisa. Era una buena trabajadora, pero después de lo que le pasó, renunció y se fue. No volvimos a saber de ella.
—¿Sabe dónde podemos encontrarla?
preguntó Camila.
—No estoy seguro
dijo él
—pero creo que se mudó a la ciudad vecina. Tenía una hermana allí. No recuerdo el nombre.
Camila sintió que la esperanza se desvanecía. Pero Norma no se rindió.
—¿Tiene algún registro de su dirección?
insistió Norma.
—Tal vez en los archivos de recursos humanos
dijo el encargado
—Pero no puedo darles esa información sin una orden judicial.
—Entendemos
dijo Camila
—Pero si recuerda algo más, por favor, contáctenos.
Le dejaron un número de teléfono y salieron de la fábrica. Afuera, el viento frío les azotó el rostro.
—Esto es un callejón sin salida
dijo Camila, con frustración.
—No todavía
respondió Norma
—Vamos a la ciudad vecina. Preguntaremos en los albergues, en las iglesias. Alguien debe saber de ella.
Pasaron el resto del día buscando, pero no encontraron a Luisa. Sin embargo, en un pequeño albergue para mujeres víctimas de violencia, una trabajadora social les dio una pista.
—¿Luisa?
dijo la mujer, una joven de cabello rizado
—Sí, recuerdo a una Luisa Pérez que llegó aquí hace dos años. Estaba muy lastimada, física y emocionalmente. Se quedó unos meses y luego se fue.
—¿Sabe adónde fue?
preguntó Camila.
—Creo que se fue a vivir con su hermana en la capital
respondió la trabajadora social
—Pero no sé más.
Camila sintió que algo se encendía dentro de ella. La capital no quedaba lejos. Tal vez aún podían encontrarla.
—Tenemos que ir a la capital
—dijo Camila, mirando a Norma.
—¿Y el tiempo?
preguntó Norma.
— La boda se acerca.
—Lo sé
respondió Camila
—Pero si encontramos a Luisa, tendremos una testigo clave. Alguien que pueda confirmar que Fernando es un violador y un secuestrador.
Esa noche, mientras empacaban para viajar a la capital, el teléfono de Camila sonó. Era Rafael.
—Camila
dijo él, con voz preocupada
—He estado investigando a Fernando. Encontré algo que deberías ver.
—¿Qué? Por qué lo investigaste?
preguntó ella.
—Por que cada vez que te lo nombro tu semblante cambia, porque el no hace más que hablar que tienes otro y tú me aseguras que no, y quiero confiar en ti.
—Rafa yo... Hay cosas que tenemos que hablar.
—lo haremos, pero mira lo que encontré, una demanda de hace tres años. Una mujer lo acusó de violación. El caso fue desestimado por falta de pruebas. Yo no sabía nada de eso, no sé que pensar.
Camila sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¡Luisa! Estamos buscándola. ¿Sabes dónde está?
—no dice pero lo puedo averiguar
dijo Rafael.
Camila dudó. Aún no le había contado todo a Rafael, pero sabía que ya no podía seguir ocultándole la verdad.
—Rafa
dijo, con voz temblorosa
—Hay muchas cosas que no sabes, el no es mi que tú crees
—cuando estés lista, quiero escucharlo. Pero por ahora, esperaré tranquila.
Camila sintió un alivio inmenso.
—Gracias, Rafa. Te quiero.
—También te quiero
respondió él
—Nos vemos mañana. buscaré esa dirrección.
Colgaron, y Camila miró a Norma con una sonrisa. El camino sería difícil, pero por primera vez, sentía que la luz comenzaba a abrirse paso en medio de la oscurida