Valeria Cárdenas parecía tener una vida estable: un matrimonio envidiable, un hogar tranquilo y un esposo que, alguna vez, la amó de verdad. Pero con el tiempo, las palabras dejaron de ser cariño y empezaron a doler, y el silencio se volvió una forma de castigo que nunca supo cómo enfrentar.
Día tras día, Valeria se fue apagando entre reproches, desprecios, monotonía y culpas que no eran suyas. Sin darse cuenta, dejó de ser ella misma para convertirse en alguien sin alma, solo para no molestar.
Cuando finalmente toma una decisión de la que no hay vuelta atrás convencida de que su ausencia hará todo más fácil para quienes la rodean, entiende demasiado tarde cuánto se había perdido en el camino. Porque a veces el amor no se acaba… solo cambia hasta volverse irreconocible.
Esta es una historia donde el dolor se guarda, donde nadie ve lo que pasa puertas adentro. Y donde comprender lo que ocurrió llega cuando ya no se puede reparar.
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Planes que nacen
El centro comercial estaba lleno, pero Valeria ya no se sentía perdida entre la gente como antes. Caminaba junto a Susana con varias bolsas en la mano, escuchando su voz animada, casi contagiosa.
—A ver, repasemos —decía Susana mientras avanzaban—. Ya tienes tu matrícula, ya tienes ropa nueva, ya tienes dónde vivir lo único que te falta es empezar a creer tu mismo ñ, porque veo que aveces dudas de ti mismo.
Valeria sonrió apenas.
—Todavía me cuesta —admitió—. Es como si en cualquier momento todo fuera a desaparecer.
—No va a desaparecer —respondió Susana, —. Esto no es un sueño. Es tu vida solo que ahora sí la estás viviendo.
Valeria bajó la mirada, pensativa. Esa frase se le quedó dando vueltas.
Caminaron hasta una tienda más donde compraron cuadernos, telas básicas y algunos materiales que le habían pedido en la universidad. Valeria tocaba cada cosa con cuidado, como si no terminara de creerse que todo eso era para ella.
—Nunca pensé que iba a estudiar esto —dijo en voz baja—. Siempre me gustó pero lo veía tan lejos.
—Lo lejos no existe —respondió Susana—. Existe lo que no intentas, te rindes sin haber comenzado..
Valeria la miró.
—Tú siempre tienes una respuesta para todo, ¿no?
Susana soltó una pequeña risa.
—No —dijo—. Solo hablo mucho para no pensar demasiado.
Valeria no entendió del todo, pero tampoco preguntó.
Después de terminar las compras, fueron a un restaurante cercano. Se sentaron en una mesa junto a la ventana. El ambiente era tranquilo, con música suave de fondo.
Valeria respiró profundo.
—Hace días no me sentía así —confesó—. Tranquila.
—Acostúmbrate —respondió Susana—. Porque así debería ser siempre.
Pidieron comida. Mientras esperaban, Susana apoyó los codos sobre la mesa y miró a Valeria con una sonrisa que parecía esconder algo.
—Por cierto —dijo—. Ya mismo vamos donde mi hermano para hablar de tu trabajo.
Valeria parpadeó.
—¿Hoy mismo?
—Claro —respondió Susana—. ¿Para qué esperar?
Valeria dudó.
—No sé¿y si no le parece bien?
Susana soltó una carcajada.
—¿Que no le parece bien? —negó con la cabeza—. Por favor ese trabajo ya es tuyo.
Valeria la miró con desconfianza.
—No digas eso tan segura..
—Es que lo estoy —respondió Susana—. A mí nunca me dice que no.
Valeria sonrió un poco, pero aún se notaba nerviosa.
—Aun así, me da cosa.
—Normal —dijo Susana—. Pero confía en mí.
La comida llegó. Comieron con calma. Por momentos, Valeria se quedaba en silencio, observando a las personas alrededor, como si estuviera aprendiendo otra vez a estar en el mundo.
—Oye —dijo de pronto Susana, cambiando de tema—. ¿Te imaginas trabajar con mi hermano todos los días?
Valeria la miró, sin entender.
—¿Por qué lo dices así?
—Porque lo vas a ver seguido —respondió Susana—. Y créeme no es cualquier cosa.
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Susana sonrió con picardía.
—Que es guapo —dijo sin rodeos.
Valeria casi se atraganta con la bebida.
—¡Susana!
—¿Qué? —rió ella—. Es la verdad.
Valeria negó, un poco avergonzada.
—No empieces con esas cosas..
—No empiezo nada —continuó Susana—. Además, te cuento algo…tiene 37 años y jamás nos ha presentado una novia.
Valeria abrió los ojos, sorprendida.
—¿En serio?
—En serio —respondió Susana—. Mi mamá ya hasta sospecha cosas y piensa que es gay.
Valeria no pudo evitar sonreír.
—Tal vez simplemente no ha encontrado a la persona indicada.
Susana la observó en silencio unos segundos.
—Tal vez —dijo finalmente.
Pero su sonrisa tenía algo más.
Valeria no lo notó.
Siguieron comiendo. La conversación se volvió más ligera, pero en la mente de Susana, algo ya se estaba formando.
Mientras Valeria hablaba de la universidad, de lo que quería aprender, de cómo imaginaba diseñar ropa algún día..
Susana la miraba.
La observaba con atención.
—Eres perfecta para él —pensó.
Bajó la mirada hacia su plato, ocultando su expresión.
—Y él, es perfecto para ti..
Suspiró muy suavemente.
—Si todo sale bien, no vas a volver a estar sola nunca más...
Levantó la mirada otra vez, recuperando su actitud de siempre.
—Oye —dijo de pronto—. Cuando empieces a estudiar diseño de moda, me vas a ayudar con mi marca.
Valeria sonrió.
—Claro que sí.
—No lo digo en broma —añadió Susana—. Mi marca “DeSux” va a crecer en tus manos , lastima que yo no estaré para verlo.
Valeria frunció el ceño.
—¿Por qué dices eso?
Susana hizo un gesto despreocupado.
—Nada, solo cosas mías.
Valeria la miró con duda, pero no insistió.
Terminaron de comer. Salieron del restaurante y caminaron hacia el estacionamiento.
El ambiente había cambiado un poco. El sol ya bajaba, tiñendo todo de un tono cálido.
—¿Lista? —preguntó Susana.
Valeria asintió.
—Lista.
Subieron al auto.
Durante el trayecto, Valeria miraba por la ventana, más tranquila que otras veces. Su mente ya no estaba llena de recuerdos dolorosos, sino de ideas nuevas.
—Tal vez sí puedo empezar de nuevo…—pensó.
Mientras tanto, Susana conducía en silencio.Pero su mente iba por otro lado.
—Esto tiene que salir bien —pensó.
Apretó suavemente el volante.
—Valeria necesita a alguien que la cuide, alguien que la valore y le de seguridad que tanto necesita..
Su mirada se volvió seria por un instante.
—Y Víctor necesita alguien que lo saque de su mundo solitario..
Respiró hondo.
—Yo solo tengo que acercarlos, hacer ahora la función de cupido conquistador para esos dos...
Sonrió levemente.
—Lo demás, vendrá solo.
Miró de reojo a Valeria.
Ella estaba distraída, tranquila.
—No tienes idea —pensó Susana—. Pero te voy a dejar en buenas manos.
El auto siguió avanzando.
Y sin que Valeria lo supiera,
Algo más que su futuro académico y laboral estaba empezando a tomar forma.
Algo que no tenía que ver con el pasado.
Sino con lo que venía.Y esta vez, no era dolor.