Alessia es hielo, poder y control absoluto. Tras la sospechosa muerte de su padre, dirige un imperio multimillonario donde no se permiten las debilidades. Matteo es un genio informático humilde y brillante, un becado universitario ajeno a la crueldad de la alta sociedad. Dos mundos opuestos que colisionan en una alianza digital inquebrantable... y una atracción posesiva que ninguno puede frenar.
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Capítulo 17: Fuego y Almas Desnudas
El silencio que siguió a sus dolorosas confesiones frente a la chimenea no se sintió vacío, sino colmado de una comprensión absoluta. La calidez del fuego pintaba las paredes de la sala con sombras doradas y titilantes. Rompiendo toda distancia, Alessia se movió con agilidad y se subió encima de Matteo, sentándose a horcajadas sobre su regazo en el mueble.
Matteo sintió que el corazón se le salía del pecho. Sus ojos azules se abrieron de par en par detrás de sus anteojos, completamente paralizado por la cercanía de su jefa.
—Signorina... Alessia... —balbuceaba Matteo, con la voz temblorosa por el pánico y la emoción—. Yo... yo nunca he estado con nadie. No sé qué hacer.
Alessia lo miró desde arriba con una sonrisa cargada de una sensualidad arrolladora y dominante. Le acarició la mejilla con firmeza, controlando sus temblores.
—No te preocupes, mi genio —le susurró con voz ronca—. Yo voy a hacer todo el trabajo por esta vez. Solo relájate.
Matteo, abrumado por los nervios, se quedó completamente quieto, incapaz de tomar la iniciativa. Viendo su absoluta pasividad, Alessia decidió guiarlo: le tomó las manos con suavidad pero con firmeza, y se las pasó por encima de su propio cuerpo, obligándolo a recorrer las curvas de su cintura. Acto seguido, se desató la bata de seda y se la quitó, dejándola caer a un lado del sofá.
Al verla bajo la luz del fuego, Matteo se puso rojo como un tomate, completamente embobado y sin aliento. Sus manos subieron con timidez hasta tocar sus senos por encima de la fina tela del camisón. Ante la calidez del toque del chico, Alessia cerró los ojos, soltando un jadeo y un gemido bajo.
Al escuchar ese sonido, el pánico de la inexperiencia golpeó a Matteo. Pensando erróneamente que la había lastimado, quitó rápidamente la mano, asustado.
—¡Lo siento! ¿Te dolió? No sé qué estoy haciendo... —se disculpó a toda prisa.
Alessia soltó una risita suave, divertida por la inocencia de su chico. Con paciencia, se inclinó hacia él, le quitó los lentes con cuidado y los colocó en la mesa de centro para que nada lo distrajera.
—No me dolió, estuvo perfecto —le aseguró, mirándolo fijamente a los ojos antes de darle un beso lento en los labios.
Mientras lo mantenía perdido en el beso, las manos de Alessia comenzaron a quitarle la ropa a Matteo, despojándolo únicamente de su camisa para dejar su torso al descubierto, mientras él aún conservaba intactos sus pantalones y su ropa interior. En un rápido movimiento, Alessia se despojó también del camisón que tenía puesto, quedando únicamente en unas bragas pequeñitas color rojo.
Matteo, completamente desarmado y maravillado por la vista, estiró la mano y tocó los senos de ella, delineando la punta erguida de sus pezones. Alessia, sintiendo la descarga eléctrica de sus dedos, lo miró con fijeza desde arriba y le dio una orden directa en un susurro ronco:
—Chúpalo.
Guiado por sus palabras y perdiendo el miedo bajo su mandato, Matteo se inclinó hacia delante. Alessia echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y disfrutando plenamente de las caricias de su genio. Perdiendo toda timidez, Matteo comenzó a pasarle la lengua por la piel caliente, mordiendo y chupando los pezones con fervor. Con una osadía que no sabía que poseía, pasaba la lengua por uno de ellos y lo mordisqueaba con suavidad, mientras que con la otra mano le sostenía el otro seno, amasándolo con una mezcla de torpeza y deseo creciente.
Mientras él le besaba los pechos con devoción, Alessia se dejaba llevar por la intensa fricción. Llevada por el placer, comenzó a hacer flexión, moviendo sus caderas de forma rítmica y frotándose encima de él, sintiendo el marcado contraste de sus telas mientras Matteo continuaba con los pantalones puestos. El roce constante hizo que el joven ingeniero llegara al límite; su respiración era un caos y sentía que ya no aguantaba más la tensión.
Al notar la urgencia del chico, Alessia tomó la mano de Matteo que tenía en uno de sus senos y, con un movimiento firme, se la metió por dentro de sus bragas, acomodándola en medio de su entrepierna para que él sintiera de golpe la intensa humedad que la cubría.
Matteo contuvo el aliento, completamente sorprendido por lo encendida que ella estaba por él. Animado por esa revelación y perdiendo el temor, el joven genio tomó la iniciativa: introdujo y le metió un dedo por su entrepierna. Alessia dio un fuerte jadeo, arqueando la espalda ante el contacto directo. Al sentir su reacción, Matteo continuá estimulándola sin descanso, usando su boca firmemente en uno de sus senos mientras movía sus dedos dentro de ella. El estímulo fue tan certero que, mientras él le metía el dedo, Alessia llegó a un estremecedor clímax, arqueándose y gimiendo su nombre.
Alessia siguió moviéndose de arriba para abajo con él, aumentando la velocidad de esa fricción ardiente. Sin embargo, al notar lo incómodo que estaba el muchacho con los pantalones debido a su elevada erección, la empresaria decidió liberar toda esa tensión acumulada. Con movimientos ágiles y dominantes, le quitó los pantalones y la ropa interior, dejándolo por fin completamente al descubierto.
Para que él se luciera y se dejara llevar por completo, Alessia se despojó de sus últimas prendas y empezó a estimular y bombardear la erección de él, preparándolo con caricias expertas que hicieron que Matteo se aferrara al mueble, perdiendo la cordura.
Como él era virgen y no sabía qué hacer, Alessia tomó el control absoluto. Se subió de nuevo encima de él y fue introduciendo su hombría lentamente dentro de ella. A Matteo le dolió un poco al principio debido a su total inexperiencia y a la intensidad del momento. Sin embargo, cuando sintió que estaba completamente dentro de ella, soltó un fuerte gruñido que lo terminó de enloquecer de placer.
Alessia comenzó a bajar y subir lentamente, tomándose su tiempo y mirando fijamente la reacción en el rostro de él. Al ver que Matteo ya estaba desesperado por continuar y perder el control, ella elevó la intensidad, subiendo y bajando rápidamente hacia él. Lleno de un impulso irrefrenable, Matteo la tomó con firmeza por la cintura, uniendo sus fuerzas y moviendo él también las caderas con fuerza. Siguiendo ese ritmo frenético y apasionado, juntos llegaron a un clímax infinito que los dejó sin aliento.
Así de agitado como estaba, con la respiración entrecortada y el pecho subiendo y bajando, Matteo la tomó del cuello y le plantó un beso apasionado y salvaje, devorándole los labios con una intensidad que sorprendió a la propia Alessia.
En ese beso, ambos comprendieron sin decir una sola palabra lo que el cuerpo de cada uno exigía: pensaron e intuyeron de inmediato que con una sola vez no saciaban su deseo, No se iban a conformar con una sola vez. Por eso, apenas lograron recuperar un poco el aire y las fuerzas, se bajaron de prisa del mueble de la sala y, sin perder un solo segundo de la tensión acumulada, se fueron directo a la habitación principal para continuar con su noche apasionada.