Lara creía que su loba interna jamás volvería a aullar. Tras ser rechazada por la codicia del Alfa Roderick, su espíritu quedó roto. Obligada a asistir al Baile de la Luna, la gran gala de segundas oportunidades, Lara viaja solo para esconderse en las sombras. Lo que no imagina es que el hilo del destino ya está escrito.En mitad de la gala, el aire se congela con la llegada del Rey Alfa, el soberano absoluto de todos los licántropos. Al clavar sus ojos en Lara, el lazo de segunda oportunidad estalla. Él la reclama como su Reina definitiva, pero Lara, indómita e independiente, se niega a ser la compañera sumisa que la corte espera, desatando una intensa tensión entre ambos.Mientras el Rey lucha por derribar los muros de su corazón, una amenaza avanza desde el norte. El hermano menor de Roderick, manipulado con mentiras sobre la muerte de su hermano, jura venganza eterna contra el Imperio y contra Lara. ¿Podrá el Rey Alfa proteger a su Reina, o la guerra devorará su imperio?
NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPITULO 18. EL DESPERTAR DEL INVIERNO.
El sol de la mañana siguiente cortó la niebla del patio de armas con unos rayos limpios que hicieron brillar la escarcha sobre las losas de piedra. Me encontraba en el centro de la pista de entrenamiento, encadenando una serie de movimientos rápidos y precisos contra los maniquíes de madera. El sudor perlaba mi frente y la fatiga empezaba a entumecer mis músculos, pero no me detuve; cada rastro de cansancio era una victoria sobre la debilidad física que el trauma del pasado me había infligido. Estaba decidida a recuperar la firmeza de mi sangre real y a restablecer la energía perdida.
De pronto, al ejecutar un giro rápido para esquivar un ataque imaginario, una vibración extraña y profunda latió en lo más recóndito de mi pecho. No fue un dolor sordo, sino un chispazo de calor abrasador que corrió por mis venas, haciendo que mi pulso se acelerara de forma instantánea.
En mitad de mi mente, la silueta difuminada de mi loba emitió un gemido sutil, dando las primeras señales de despertarse de su letargo absoluto tras meses de un invierno perpetuo.
Me detuve en mitad de la pista, llevando una mano hacia mi pecho, asimilando el impacto emocional de ese pequeño milagro. Alcé la vista de inmediato al escuchar unos pasos lentos y seguros que cruzaban el patio. Kaelen se acercaba hacia mi posición, despojándose de su capa oscura, desprendiendo esa imponente energía protectora que siempre lograba calmar mis temores. Su semblante, habitualmente serio y severo, reflejaba la rigidez de quien había pasado la madrugada en vela coordinando las fronteras, pero sus ojos fijos se suavizaron por completo al enfocarme.
Se plantó frente a mí, acortando la distancia física sin romper mi espacio, y acunó mi rostro con una suavidad infinita que me caló hasta los huesos.
—Lo has sentido, ¿verdad, Lara? —su voz profunda y ronca resonó en mi cabeza a través de nuestra telepatía, enviándome ráfagas de una calidez reconfortante—. Tu loba está respondiendo al esfuerzo de tu firmeza y entrenamiento. Cada día que pasas en esta pista, los pedazos astillados de tu espíritu vuelven a unirse bajo el amparo de nuestra conexión como pareja destinada.
—Ha dado una señal, Kaelen —le respondí en un susurro trémulo, mirándolo con una devoción pacífica que borró cualquier traza de mi agónica melancolía—. He sentido su calor en mitad de mi penumbra. Pero noto una agitación extraña en tu energía esta mañana. ¿Ha ocurrido algo en la frontera secundaria?
Kaelen tensó levemente la mandíbula, pero sus dedos delinearon mis mejillas con caricias suaves, tiernas y pausadas que me hicieron temblar, sonrojando mi rostro y blindándome de cualquier angustia externa.
Me recliné contra su robusto torso desnudo bajo la túnica, dejándome envolver por su abrazo protector en mitad del patio de armas, saboreando el remanso de seguridad que sus brazos me aportaban.
—A la madrugada, una patrulla de diez soldados del norte intentó ejecutar un asalto clandestino en nuestro primer puesto de control —me explicó Kaelen con un tono bajo que denotaba una severidad implacable—. Mis guardias repelieron la arremetida de forma inmediata, y el fango de la línea divisoria se tiñó con la sangre de los infiltrados. Sin embargo, hay algo sumamente extraño en este movimiento. Todo me indica que esta arremetida frontal no posee el orden ni la fijeza de Jared, ya que él mantiene a sus batallones en una estricta postura de contención en los límites del Imperio Unificado. Siento que hay hilos ocultos moviéndose a espaldas de su liderazgo. Mantendremos a los tres prisioneros bajo custodia estricta en el ala subterránea; espero respuestas claras en el interrogatorio de esta tarde para descubrir quién está intentando forzar el estallido de la guerra civil de forma tan desesperada.
—Jared cree que yo causé la desgracia de su familia por una mentira, Kaelen —le hablé con total firmeza, estrechando nuestro vínculo de forma hermosa—. Si su lobo Fenrir posee el buen corazón que mis padres describieron en el despacho, él no querrá una carnicería basada en una farsa. Debemos resistir en esta línea de contención y encontrar la forma de desenterrar la verdad sobre la codicia de Roderick en ese interrogatorio, antes de que las sombras logren que la sangre devore nuestro mañana.
Kaelen asintió con una parsimonia majestuosa, me abrazo fuertemente contra su pecho, sellando nuestra promesa de defendernos mutuamente, después noas agarramos de la mano. Al caminar a su lado hacia el ala norte, sintiendo el calor constante de su mano entrelazada con la mía, una certeza dulce y reconfortante me llenó el pecho. La promesa de esta segunda oportunidad que la Diosa Luna me había otorgado ya no se sentía como una hermosa irrealidad; era la fuerza real que estaba uniendo nuestros pasos, un refugio inquebrantable listo para sostener mi alma y resistir cualquier tempestad que el norte planeara desatar contra nuestra estirpe.