En un mundo donde los humanos conservan los rasgos e instintos de sus ancestros animales, Oleg es una rareza: un hermoso y tierno omega leopardo de las nieves que intenta pasar desapercibido en su último año de universidad. Cuando consigue una pasantía en el departamento de administración de una imponente empresa constructora, su pacífica burbuja se rompe al quedar bajo el mando de Wú Zhìyuān. Zhìyuān es una pantera negra dominante, serio, uraño y temido por todos. Mientras Oleg lucha por esconder sus orejas delatadoras cuando se avergüenza y amasa mantas en secreto para calmar sus nervios, el aroma a café amargo de su jefe empieza a convertirse en su único refugio contra los peligros de la gran ciudad. Una historia de instintos compartidos, secretos de oficina y un amor tan puro y silencioso como las cumbres más altas.
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Capítulo 13: Plumas de colores y el regreso de la discordia
Capítulo 13: Plumas de colores y el regreso de la discordia
El lunes por la mañana llegó con la rapidez de una ráfaga de viento helado, dejando atrás un fin de semana de descanso que Oleg había disfrutado en el silencioso santuario de su apartamento. Mientras el ascensor subía con suavidad hacia el piso doce de la constructora Líu, el omeguita se sentía de un humor excelente. Llevaba un jersey de cuello alto de color azul pálido que combinaba con las motas grises de sus orejas, y su larga y pesada cola invernal se mecía con un vaivén tranquilo tras de él.
Oleg pensó que el día transcurriría con la agradable normalidad de la semana pasada: balances que cuadrar, el aroma a café amargo de su jefe flotando en el pasillo y la seguridad de su cubículo. Pero la tranquilidad corporativa es un hilo sumamente frágil.
Al salir del ascensor, el vestíbulo del piso doce no estaba en su habitual silencio profesional. Había un pequeño tumulto justo en la división entre el departamento de administración y finanzas y el departamento de ventas, que compartían el mismo pasillo lateral. En el centro de las miradas, una voz aguda y melodiosa resonaba con fuerza.
—¡...y por supuesto, mis notas en el proyecto de mercadeo internacional fueron las más altas de la facultad! El director insistió personalmente en que la constructora Líu era el único lugar que estaba a la altura de mis capacidades.
Oleg se detuvo en seco. Sus orejas blancas y moteadas experimentaron un cambio drástico: primero se irguieron por completo con incredulidad y luego se ladearon hacia atrás, tensas. Reconocía esa voz a la perfección.
La multitud de betas y alfas de ventas se abrió, dejando ver a la nueva pasante que acababa de incorporarse esa misma mañana. Era Min Sahara, una suin pavo real común y, al igual que Oleg, una omega. Sahara llevaba un traje sastre de un llamativo color verde esmeralda y, aunque ocultaba su fisonomía animal bajo la ropa, de vez en cuando desplegaba con orgullo unas largas, brillantes y coloridas plumas de pavo real que nacían de su espalda, usándolas como un abanico para llamar la atención de todos a su alrededor. Liberaba un aroma floral dulce, sumamente denso y perfumado, diseñado artificialmente para destacar.
Oleg y Sahara se conocían desde el primer año de la universidad, y decir que no se llevaban bien era un eufismo. Sahara se había ensañado con el omeguita desde el primer día de clases. Era una chica extremadamente competitiva, presumida y encimosa, que necesitaba desesperadamente ser el centro de atención en cualquier habitación que pisara. Sin embargo, su mayor frustración siempre había sido Oleg.
Mientras Sahara alardeaba, usaba ropa costosa de marca visible y buscaba activamente la aprobación de los profesores, Oleg llamaba la atención de toda la facultad sin el menor esfuerzo. Su belleza exótica de leopardo de las nieves, su timidez innata, su andar elegante y su aura de príncipe aristocrático del norte hacían que los alfas y los docentes se fijaran en él de manera natural. Sahara nunca pudo soportar que el "silencioso ermitaño de las montañas" le robara el protagonismo sin siquiera mover un dedo.
Sahara giró el rostro y sus ojos fijos se toparon directamente con Oleg. Sus plumas de pavo real dieron un sutil y tenso temblor.
—Vaya, pero miren a quién tenemos aquí —dijo Sahara, cruzándose de brazos y caminando hacia él con un paso exageradamente seguro, sus tacones resonando en el suelo—. Oleg. No me digas que estás haciendo tus prácticas aquí. Pensé que con lo... discreto que eres, terminarías en una oficina pequeña y archivando papeles en el sótano.
Al tenerla tan cerca, las orejas de Oleg se aplastaron por completo contra su cabello platinado debido a la incomodidad y el desagrado. Por puro instinto de defensa, su gruesa cola gris subió de golpe y la abrazó fuertemente contra su pecho, usándola como un escudo para protegerse de la actitud encimosa de la chica. Sus dedos comenzaron a amasar con nerviosismo la tela de su propio suéter dentro de sus bolsillos.
—Buenos días, Sahara. Sí, estoy en el departamento financiero —respondió Oleg en un hilo de voz, esforzándose por mantener la compostura de su linaje y mostrando sutilmente sus pequeños colmillos superiores por la tensión—. Felicidades por tu puesto en ventas.
—Oh, gracias. Aunque el departamento de ventas es el verdadero motor de esta constructora, ya sabes, donde se necesita verdadera presencia y carisma —respondió ella con una sonrisa de superioridad, acomodándose el cabello—. Espero que no te equivoques con los números, Oleg. Sería una lástima que arruinaras un proyecto importante por estar en las nubes.
Oleg apretó más su cola contra sí. La determinación estoica de su herencia de leopardo le impedía rebajarse a discutir o armar una escena en los pasillos de la empresa, pero el estómago se le hizo un nudo. Saber que tendría que ver la figura presumida de Sahara todos los días, justo al lado de su zona de trabajo, amenazaba con arruinar la paz que tanto le había costado construir.
De repente, la pesada puerta de la oficina del jefe de finanzas se abrió de par en par.
El denso y magnético aroma a café amargo y madera oscura de Wú Zhìyuān barrió por completo el pasillo, opacando el perfume floral de Sahara en un segundo. El alfa dominante pantera negra salió con una carpeta en la mano, con sus orejas negras erguidas y una expresión extremadamente seria y huraña que hizo que los empleados de ventas se dispersaran de inmediato.
Zhìyuān detuvo sus ojos amarillos dorados en la escena. Notó al instante las orejas completamente gachas de Oleg y cómo abrazaba su cola invernal con una mezcla de frustración y timidez, y luego miró a la nueva pasante de ventas, cuyas plumas de pavo real se agitaron en un intento instintivo de llamar la atención del imponente jefe.
—El pasillo de administración no es una pasarela ni una sala de reuniones universitarias —sentenció Zhìyuān con su voz brutalmente profunda y grave, provocando un silencio absoluto—. Si el departamento de ventas no tiene contratos que procesar esta mañana, sugeriría que regresen a sus escritorios antes de que le pida un informe de productividad a su supervisor.
Sahara palideció sutilmente, guardando sus plumas de inmediato ante el aura intimidante de la pantera negra. Hizo una reverencia apresurada y se retiró a toda prisa hacia su sector, lanzándole una última mirada de reojo llena de resentimiento a Oleg.
Zhìyuān trasladó su mirada hacia el omeguita. Al ver que Sahara se había ido, las feromonas del alfa se suavizaron un milímetro, perdiendo su agresividad.
—A mi oficina, Oleg. Los balances del lunes no se van a revisar solos —ordenó la pantera, dando la vuelta.
Oleg soltó un suave suspiro de alivio, un tierno prusten que delató lo agradecido que estaba por la interrupción. Con las orejas levantándose sutilmente y siguiendo los imponentes pasos de su jefe, el omeguita entró al despacho, dándose cuenta de que, aunque Sahara intentara hacerle la vida imposible, en ese piso financiero había una pantera negra que no toleraría que nadie perturbara el territorio de su pequeño leopardo.