En un mundo donde la magia determina el valor de una persona, Eryan ha aprendido desde pequeño que sobrevivir es más importante que vivir.
Abandonado cuando apenas era un bebé, terminó en el Orfanato Santa Lucía, un lugar que aparentaba proteger a niños sin familia. Pero detrás de sus enormes puertas se escondía una realidad mucho más cruel: los niños eran vendidos como esclavos a nobles, mercenarios y organizaciones clandestinas.
Eryan creció entre golpes, hambre, miedo y trabajos que ningún niño debería conocer.
Sin embargo, desde que tiene memoria, hay algo extraño en él.
Cuando siente miedo, las sombras se mueven.
Cuando se enfada, el espacio parece romperse.
Y algunas noches escucha una voz que le susurra:
«Este mundo no es tu hogar.»
A los diez años, Eryan descubre accidentalmente un secreto que cambiará su vida para siempre.
Existen otras dimensiones.
Durante años creyó que el mundo en el que vivía era el único que existía. Ahora sabe que hay incontables mundos....
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Capítulo 20 — La verdad detrás de la Séptima Puerta
El silencio que siguió a la aparición de Varek fue más aterrador que cualquier grito.
Eryan permaneció inmóvil.
Frente a él estaba el hombre que había perseguido sus pasos desde que abandonó Aetherya.
A su lado se encontraba Seris, con la espada en la mano.
Y detrás de ellos, casi fundida con las paredes de la habitación, permanecía aquella misteriosa mujer de las sombras.
Pero había algo que no encajaba.
Varek no parecía sorprendido de encontrarlos.
Sonreía.
Como si hubiera estado esperando exactamente aquel momento.
—¿Cómo nos encontraste? —preguntó Eryan.
Varek inclinó ligeramente la cabeza.
—Te lo dije antes. Tu poder deja un rastro.
Eryan miró la Llave de Varelon.
La piedra azul estaba apagada.
—Pero la puerta se cerró.
—Las puertas pueden cerrarse.
Varek dio un paso adelante.
—Los caminos, no.
Neria se colocó delante de Eryan.
—No te acerques.
Varek soltó una pequeña risa.
—Siempre protegiéndolo.
—Y siempre intentando utilizarlo.
—Porque es la única forma de salvar los mundos.
Neria apretó los dientes.
—No.
Varek la miró.
—Todavía sigues creyendo que puedes cambiar lo que ocurrió.
—Al menos yo no estoy dispuesto a sacrificar niños.
El rostro de Varek perdió la sonrisa.
—No sabes lo que estás diciendo.
—Sí lo sé.
Neria levantó su arma.
—Y lo sabes tú también.
Seris observaba a ambos en silencio.
Eryan miró al niño de cabello plateado.
Kaien seguía dentro de la jaula.
Parecía confundido.
—Kaien.
El niño levantó la mirada.
—¿Sí?
—¿Conoces a Varek?
Kaien negó.
—Nunca lo había visto.
Varek intervino:
—Pero yo sí sé quién es él.
Eryan sintió un escalofrío.
—¿Quién es?
Varek señaló a Kaien.
—Es el segundo Fragmento.
Kaien palideció.
—No...
—Sí.
—No soy un fragmento.
—Eso es lo que te hicieron creer.
Eryan frunció el ceño.
—¿Qué significa "fragmento"?
Varek respiró profundamente.
—Hace mucho tiempo existía una única dimensión.
Todos quedaron en silencio.
—No existían mundos separados —continuó—. No había puertas. No había barreras. Todo estaba unido.
Eryan recordó la visión.
Los siete niños.
La puerta.
Su madre.
—Entonces...
Varek asintió.
—Las dimensiones fueron creadas después.
---
La mujer de las sombras permanecía inmóvil.
Eryan la observó.
—¿Tú sabes si es verdad?
Ella sonrió.
—Sí.
—¿Quién creó las dimensiones?
La mujer respondió:
—Los primeros Guardianes.
Arkan dio un paso adelante.
—No.
Todos lo miraron.
—Eso es mentira.
La mujer giró hacia él.
—¿Todavía sigues negándolo?
Arkan apretó la mandíbula.
—Los Guardianes no crearon las dimensiones.
—Entonces cuéntales la verdad.
Arkan permaneció en silencio.
Eryan sintió que la rabia volvía a crecer dentro de él.
—¡Habla!
Arkan cerró los ojos.
Durante unos segundos nadie dijo nada.
Finalmente habló.
—Las dimensiones fueron separadas para evitar una guerra.
Eryan frunció el ceño.
—¿Una guerra entre quién?
—Entre los propios mundos.
—¿Por qué?
—Porque todos querían controlar la misma fuente de energía.
Eryan recordó la esfera que había visto durante su entrenamiento.
—¿La energía dimensional?
Arkan asintió.
—Exactamente.
Varek añadió:
—Y para impedir que alguien pudiera controlar toda esa energía, los Guardianes dividieron la realidad en siete dimensiones.
Kaien levantó la cabeza.
—¿Siete?
—Siete.
Eryan sintió un escalofrío.
—Y nosotros...
Varek lo miró.
—Ustedes siete son la llave.
---
La jaula comenzó a emitir una luz tenue.
Kaien retrocedió.
—No quiero ser una llave.
Eryan se acercó.
—No tienes que serlo.
—Pero ellos dicen que lo soy.
—Ellos pueden decir lo que quieran.
Eryan extendió la mano.
—Tú decides quién eres.
Kaien observó su mano.
Finalmente la tomó.
La jaula se abrió.
Kaien salió.
Varek no hizo ningún movimiento para detenerlo.
Eso preocupó a Eryan.
—¿Por qué lo dejas salir?
Varek sonrió.
—Porque todavía no ha despertado.
Kaien miró sus propias manos.
—¿Despertar qué?
Varek respondió:
—Tu verdadera habilidad.
Kaien comenzó a temblar.
La mujer de las sombras se acercó.
—Tu poder está relacionado con los recuerdos.
Kaien levantó la mirada.
—¿Qué quieres decir?
—Puedes entrar en los recuerdos de otras personas.
Eryan comprendió.
—Por eso podía mostrarme mi pasado.
La mujer sonrió.
—No fui yo.
Eryan se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Fue él.
Señaló a Kaien.
El muchacho retrocedió.
—Yo no hice nada.
—Lo hiciste inconscientemente.
Kaien miró a Eryan.
—Lo siento.
Eryan negó.
—No tienes que disculparte.
Pero entonces recordó algo.
La visión.
Los siete niños.
Su madre.
La Séptima Puerta.
—Kaien...
—¿Sí?
—Quiero volver a ver ese recuerdo.
Kaien lo miró confundido.
—¿Cuál?
—El de los siete niños.
Varek intervino:
—No.
Eryan lo miró.
—¿Por qué?
—Porque si lo recuerda completamente, comprenderá lo que realmente ocurrió.
—Eso es precisamente lo que quiero.
Varek levantó una mano.
Seris se preparó.
Neria también.
La tensión volvió a llenar la habitación.
—Eryan —dijo Neria—, tenemos que salir.
—Todavía no.
—¿Qué?
—No voy a irme sin respuestas.
Neria lo miró.
—Las respuestas pueden esperar.
—Yo esperé diez años.
Silencio.
—Ya no quiero esperar.
---
Kaien cerró los ojos.
—Puedo intentarlo.
Eryan asintió.
—Hazlo.
Kaien tomó su mano.
El mundo desapareció.
---
Eryan volvió a encontrarse en aquel lugar blanco.
Pero esta vez podía moverse.
Los siete niños estaban frente a él.
Uno tenía cabello plateado.
Otro tenía cabello rojo.
Una niña tenía ojos verdes.
Otro niño era completamente rubio.
Los dos últimos estaban demasiado lejos para distinguirlos.
Y él...
Él era el más pequeño.
Su madre estaba frente a ellos.
Tenía lágrimas en los ojos.
—Escúchenme.
Los niños permanecían en silencio.
—Algún día olvidarán este lugar.
La mujer respiró profundamente.
—Y quizá también me olviden.
El pequeño Eryan comenzó a llorar.
—Mamá...
Ella se arrodilló frente a él.
—No tengas miedo.
—¿Nos vamos a separar?
La mujer lo abrazó.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque si permanecen juntos, los encontrarán.
Eryan sintió que algo le dolía dentro del pecho.
Entonces la visión cambió.
Un grupo de personas apareció.
Llevaban armaduras.
Los Guardianes.
Uno de ellos sostenía una esfera enorme.
Dentro había siete luces.
—Tenemos que hacerlo ahora.
La madre de Eryan negó.
—Son demasiado pequeños.
—Si esperamos, será demasiado tarde.
—No.
—Ellos son los únicos capaces de cerrar la Séptima Puerta.
La mujer miró a sus hijos.
—No son herramientas.
El Guardián respondió:
—Nunca dijimos que lo fueran.
—Pero eso es lo que harán.
La esfera comenzó a brillar.
Eryan gritó:
—¡No!
La escena cambió nuevamente.
La madre estaba corriendo.
Llevaba a Eryan en brazos.
Detrás de ella había fuego.
Personas persiguiéndola.
—¡Corre!
Ella llegó frente a una puerta.
La abrió.
—Perdóname.
Eryan lloraba.
—¡Mamá!
Ella lo besó en la frente.
—Algún día volveré.
—¡No me dejes!
La mujer lloró.
—Tengo que hacerlo.
Lo dejó.
Y cerró la puerta.
Eryan golpeó desde el otro lado.
—¡Mamá!
La visión terminó.
---
Eryan abrió los ojos.
Estaba de rodillas.
Las lágrimas caían por sus mejillas.
Kaien también lloraba.
Neria había bajado su arma.
Incluso Arkan parecía afectado.
Eryan miró a Varek.
—Ella no me abandonó.
Varek no respondió.
—Ella estaba intentando protegernos.
La mujer de las sombras sonrió.
—Ahora lo entiendes.
Eryan levantó la mirada.
—¿Dónde está?
La mujer respondió:
—Viva.
Eryan se quedó inmóvil.
—¿Dónde?
—En la Séptima Dimensión.
El corazón de Eryan comenzó a latir rápidamente.
—¿Cómo llego?
Varek respondió:
—Necesitas a los siete.
Eryan miró a Kaien.
Después recordó la imagen.
Los otros cinco.
—Entonces los encontraremos.
Varek negó.
—No entiendes.
—¿Qué?
—No todos quieren ser encontrados.
---
Un ruido estremeció la torre.
BOOM.
El suelo tembló.
La mujer de las sombras levantó la cabeza.
—Ya están aquí.
Neria frunció el ceño.
—¿Quiénes?
Una enorme grieta apareció en el techo.
De ella descendieron decenas de soldados.
No eran Custodios.
Sus armaduras eran blancas.
En sus pechos llevaban un símbolo desconocido.
Arkan palideció.
—Los Heraldos.
Varek se sorprendió.
—No deberían haber podido entrar.
Seris miró hacia la mujer.
—¿Qué hiciste?
Ella sonrió.
—Nada.
Los soldados comenzaron a atacar.
Todo ocurrió en segundos.
Neria disparó.
Kael lanzó una ráfaga.
Arkan bloqueó un golpe.
Eryan tomó a Kaien y corrió.
—¡Tenemos que salir!
—¿A dónde?
—¡No lo sé!
—¡Eso no ayuda!
Eryan vio una puerta.
—¡Por ahí!
Corrieron.
Lina los siguió.
Pero antes de llegar...
una figura apareció delante de ellos.
Un niño.
Tenía aproximadamente once años.
Cabello rojo.
Ojos completamente blancos.
Eryan se detuvo.
El niño lo observó.
—Tú eres el primero.
Eryan sintió que la Llave de Varelon comenzaba a brillar.
Kaien se quedó paralizado.
—No...
Eryan miró al niño.
—¿Eres uno de nosotros?
El niño asintió.
—Soy el tercero.
Kaien retrocedió.
—No deberías estar aquí.
El niño sonrió.
—Ninguno de nosotros debería estar aquí.
Eryan sintió que algo estaba mal.
—¿Quién eres?
El niño respondió:
—Mi nombre no importa.
Y entonces levantó la mano.
Todo el edificio quedó en silencio.
Las armas dejaron de moverse.
Las personas quedaron inmóviles.
Incluso el fuego se congeló.
Eryan no podía mover un músculo.
El niño caminó lentamente hacia él.
—Tardaste mucho.
Eryan consiguió hablar.
—¿Qué... hiciste?
El niño sonrió.
—Detuve el tiempo.
---
Eryan sintió miedo.
No por el niño.
Sino por lo que significaba.
Uno de los siete podía manipular el tiempo.
Otro podía manipular recuerdos.
Y él podía conectar dimensiones.
¿De qué eran capaces los otros cuatro?
El niño levantó una mano y tocó la frente de Eryan.
—Cuando despiertes...
Sus ojos brillaron.
—...no confíes en quien diga conocer a tu madre.
Todo volvió a moverse.
El niño desapareció.
Eryan cayó al suelo.
Kaien lo sujetó.
—¿Estás bien?
Eryan respiró profundamente.
—Sí.
Neria llegó corriendo.
—¡¿Qué pasó?!
Eryan miró hacia el lugar donde había estado el niño.
—Encontramos al tercero.
Arkan palideció.
—¿Dónde está?
Eryan negó.
—Se fue.
—¿Qué dijo?
Eryan recordó sus palabras.
No confíes en quien diga conocer a tu madre.
Miró a Neria.
Después a Arkan.
Después a Varek.
Y comprendió algo.
En aquel viaje ya no podía confiar ciegamente en nadie.
Porque quizá la mayor amenaza no estaba intentando encontrar a los siete.
Quizá...
uno de los siete ya estaba trabajando para ella.
Y muy lejos de Nyxara, en una dimensión que ninguno de ellos conocía todavía, una mujer observaba el mismo recuerdo que Eryan acababa de recuperar.
Tenía el cabello negro.
Los ojos violetas.
Y sostenía entre sus manos una fotografía antigua.
En ella aparecía Eryan cuando era apenas un bebé.
La mujer sonrió.
—Finalmente despertaste.
Continuará...