Evelyn Bellamy ha vivido toda su vida bajo un nombre que quizá nunca le perteneció. Cuando una antigua fotografía, una cinta azul y una serie de muertes inexplicables despiertan recuerdos que creía perdidos, descubre que su pasado esconde una verdad capaz de destruirlo todo. Ahora deberá descubrir quién es realmente antes de que alguien silencie la verdad para siempre.
NovelToon tiene autorización de Angelina Fernández Quesada para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 20: El hombre detrás de la mentira
Edward Laurent no entró inmediatamente.
Permaneció frente a la casa, observando las ventanas como si conociera cada rincón del lugar.
Evelyn estaba detrás de las cortinas.
—Es él —dijo.
Adrian se colocó junto a ella.
—Sí.
—¿Por qué no se va?
—Porque sabe que tenemos el documento.
Alistair cerró las puertas de la casa.
—Entonces no se lo daremos.
Evelyn negó.
—No quiero esconderlo.
Su hermana la miró.
—¿Qué quieres hacer?
—Quiero hablar con él.
Adrian reaccionó de inmediato.
—No.
—Llevamos toda la vida huyendo de este hombre.
—Precisamente por eso no debes acercarte.
Evelyn sostuvo su mirada.
—Ya no soy una niña.
Adrian permaneció en silencio.
Finalmente asintió.
—Entonces no estarás sola.
Evelyn salió al porche.
Su hermana la siguió.
Edward levantó la mirada.
Por primera vez, su expresión perdió la seguridad.
Había esperado encontrar a una sola mujer.
No a dos.
—Así que finalmente están juntas —dijo.
Evelyn no respondió.
Edward sonrió.
—Te pareces mucho a Isabelle.
—No vuelvas a mencionar su nombre.
—¿Por qué? ¿Todavía crees que murió por mi culpa?
Evelyn sintió que la sangre le hervía.
—¿No fue así?
Edward soltó una breve risa.
—Tu madre tomó sus propias decisiones.
Su hermana dio un paso adelante.
—La perseguiste.
—Sí.
—Intentaste matarla.
—No.
Las dos se quedaron inmóviles.
Edward continuó:
—Quería el documento. No su vida.
Evelyn apretó los dedos.
—Pero murió.
—Porque eligió esconderlo.
—¿Dónde?
Edward la observó.
—En ustedes.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Edward bajó la mirada hacia sus muñecas.
—La marca.
Las dos hermanas miraron sus estrellas.
—No era una herencia —dijo Edward—. Era una señal.
Adrian salió al porche.
—No les digas más.
Edward sonrió.
—Tú siempre llegabas tarde, Adrian.
Evelyn se volvió hacia su padre.
—¿Qué quiere decir?
Adrian no respondió.
Edward lo hizo.
—Tu padre no desapareció para protegerlas.
Evelyn sintió un vacío.
—¿Entonces?
—Desapareció porque Isabelle descubrió lo que había hecho.
Adrian levantó la voz.
—¡Basta!
Edward continuó.
—Él entregó a tu madre a cambio de que ustedes vivieran.
Evelyn miró a Adrian.
—¿Es verdad?
Su padre no respondió.
Aquello fue suficiente.
Evelyn sintió que todo se derrumbaba.
—Tú la entregaste.
Adrian cerró los ojos.
—No tuve elección.
—Siempre hay una elección.
—Si no lo hacía, ustedes morían.
Edward intervino.
—Y esa es la parte que nunca te contaron.
Evelyn lo miró.
—¿Qué parte?
Edward dio un paso hacia ellas.
—Isabelle no murió aquella noche.
El mundo pareció detenerse.
Su hermana abrió los ojos.
—¿Qué?
Edward sonrió.
—Murió meses después.
Evelyn respiró lentamente.
—¿Dónde?
Edward señaló a Adrian.
—Pregúntale.
Evelyn se volvió.
—Papá.
Adrian tardó en contestar.
—La llevé a Francia.
—¿Para salvarla?
—Sí.
—Entonces, ¿cómo murió?
Adrian bajó la mirada.
—Por una enfermedad.
Evelyn quedó inmóvil.
No había asesinato.
No había una ejecución secreta.
No había desaparecido en una prisión.
Su madre había sobrevivido al incendio.
Había escapado.
Y había muerto meses después, lejos de ellos.
La verdad dolía.
Pero por primera vez no había una nueva mentira detrás.
Edward observó a Evelyn.
—Ahora sabes todo.
Ella negó.
—No.
—¿Qué falta?
—El documento.
Edward sonrió.
—Ya no lo necesito.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Por qué?
Edward miró a las dos hermanas.
—Porque finalmente entendí algo que Isabelle sabía desde el principio.
—¿Qué?
—La prueba no estaba en el papel.
Señaló sus muñecas.
—Estaba en ustedes.
Evelyn miró la estrella.
Edward continuó:
—Esas marcas son el sello original de los Valemont. La persona que lo posee puede reclamar legalmente las propiedades que fueron robadas.
Alistair comprendió.
—Por eso las buscabas.
Edward asintió.
—Durante años.
Evelyn levantó el documento.
—Entonces esto ya no te sirve.
Edward sonrió.
—No.
Sacó otro papel de su abrigo.
—Pero esto sí.
Lo extendió.
Era un documento de propiedad.
Evelyn lo reconoció.
Era la residencia Laurent.
—¿Qué significa?
Edward miró a las hermanas.
—Que legalmente, la casa pertenece a ustedes.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Por qué nos la das?
Edward sonrió.
—Porque esa casa es exactamente donde encontrarán la última prueba.
Se volvió hacia su carruaje.
—Y cuando la encuentren, descubrirán quién fue realmente Isabelle Valemont.
Edward se marchó.
Evelyn permaneció inmóvil.
Habían conseguido una respuesta.
Su madre había sobrevivido.
Había escapado.
Había muerto por enfermedad.
Y el documento original demostraba los crímenes de Edward.
Pero todavía quedaba algo que ni siquiera él había querido explicar.
La verdadera historia de Isabelle.
Su hermana tomó la mano de Evelyn.
—Volvamos a casa.
Evelyn miró hacia el camino.
—Sí.
Pero esta vez no regresarían para descubrir quién era su madre.
Regresarían para descubrir **por qué Isabelle había ocultado su verdadera identidad incluso de sus propias hijas.**