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Pasado Y Caos

Pasado Y Caos

Status: En proceso
Genre:Maldición / Terror / Mundo de fantasía
Popularitas:231
Nilai: 5
nombre de autor: Reylocura@2004

Pasado y Caos es una novela de terror psicológico y suspenso que se mueve entre el dolor humano y lo inexplicable. Sigue a Evan, un niño marcado por una pérdida temprana, mientras el mundo a su alrededor intenta dar explicaciones racionales a hechos que parecen negarse a ser entendidos del todo.
La historia avanza entre recuerdos rotos, silencios incómodos y una presencia que nunca se muestra del todo, pero que se siente en cada página. No se apoya en el terror fácil, sino en la incomodidad de lo que persiste: la culpa, la memoria y aquello que se hereda sin querer.
Es una novela oscura, íntima y emocional, donde el verdadero miedo no siempre viene de afuera, sino de lo que uno guarda cuando deja de hablar.

NovelToon tiene autorización de Reylocura@2004 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO EXTRA – “La Página Que No Recuerdo”

Elena estaba hasta el cuello de cansada. Había pasado toda la tarde arreglando con Jacinta los juguetes viejos que tenían metidos en un armario del pasillo de atrás – el que huele siempre a humedad y a cosas que no se usan hace años. Ahora en su cuarto, con la ventana entreabierta y el viento trajo el olor a tierra mojada de afuera, solo quería agarrar su cuaderno y escribir un ratito, así se le iba un poco lo que se acumulaba en la cabeza.

Ese cuaderno negro le daba siempre una mano. No sabía bien por qué – quizás porque cuando escribía, las cosas del orfanato se ponían en su sitio un poco, aunque la mayoría no las entendiera de todos modos.

Se sentó en la cama, se apoyó en la pared y lo abrió donde creía que había dejado la frase que no terminó ayer: “Los niños de acá tenemos algo en común, aunque nadie lo dice…”

Pero no. El cuaderno no se abrió ahí.

Una hoja más adelante, con un pliegue en la esquina que ella no recordaba hacer nunca, se abrió sola como si alguien la hubiera dejado así a propósito.

En cuanto vio el dibujo, le subió un escalofrío por la espalda que la hizo estremecer hasta los dedos de los pies.

Se quedó mirándolo un buen rato sin decir nada. No podía.

El trazo era oscuro, tan fuerte que el lápiz había marcado hasta la hoja de abajo. Parecía hecho con prisa, con miedo – no como cuando ella se sentaba tranquila a dibujar flores o las casitas que imaginaba para cuando fuera grande. Ni con paciencia, ni con ganas de hacerlo bien.

Elena– Yo… esto no lo hice – murmuró, pero la voz le salió tan chiquita que casi no la escuchó ella misma. Como si en el fondo no quisiera que nadie la oyera preguntándose qué diablos era eso.

La figura del dibujo era demasiado larga, desproporcionada, con los hombros torcidos para un lado como si llevar ese cuerpo fuera un peso que no se podía aguantar. Los ojos estaban cerrados, o cosidos, o algo raro que no llegaba a entender – solo sabía que no tenían cara de ojos normales.

Y la sonrisa…

La sonrisa era lo que más le daba vuelta la panza. Una curva grande y fea, como si se la hubieran pegado por encima con un cuchillo, sin importarle nada.

Elena se tragó la saliva que se le había quedado en la garganta. Intentó acordarse – se acordaba de todo lo que hacía con el cuaderno, siempre lo guardaba bien debajo de la almohada – pero no, nunca dibujó nada así. Ni siquiera sabía dibujar tan rápido, tan desesperado.

Se inclinó un poquito para verlo mejor, y vio que entre los trazos oscuros había líneas blancas que parecían fisuras, como si el cuerpo de esa cosa estuviera roto por dentro, como una estatua vieja que se va a partir en pedazos en cualquier momento.

Un ruido la sacó de ahí. Un pasito suave, como de chancla vieja rozando el suelo del pasillo.

Elena– ¿Jacinta? – susurró, poniéndose toda tiesa.

No hubo respuesta. Solo el ruido del viento y el crujido de alguna cosa en el techo.

Cerró el cuaderno de golpe, tanto que le dolió un poco la mano. Lo apretó contra el pecho como si así lo pudiera hacer desaparecer. El corazón le latía tan fuerte que le temblaban las costillas.

No tenía ni idea de qué era esa cosa, ni quién la había dibujado. Pero sí sabía una cosa clara: ahora que lo había visto, ya no se sentía sola en el cuarto.

Le pasó algo por el cuerpo después – una especie de idea que no parecía ser suya, tan callada que casi era un susurro en la cabeza:

Te estaba esperando.

Elena no tuvo valor de abrir el cuaderno de nuevo en toda la noche. Se lo guardó debajo de la almohada, pero no lo pudo tapar del todo – se quedó escuchando como si alguien moviera las páginas en la oscuridad.

 

NOTA DE ELENA

(nota: esta ilustración no es cómo es de verdad el monstruo. Es cómo Elena Varessi lo ve cuando la entidad se le aparece a ella)

No sé cuándo hice este dibujo. No sé si lo hice yo en serio.

Me da miedo mirarlo. Cada vez que abro esta página siento como si algo me estuviera viendo, aunque los ojos del dibujo estén cerrados. La sonrisa… no entiendo por qué tiene que sonreír así.

No quiero que las otras niñas lo vean. Menos Jacinta

Elena – ella ya tiene cosas suficientes en la cabeza.

Voy a cerrar el cuaderno hoy. Y mañana lo voy a guardar en el armario de atrás, donde está todo lo que no queremos ver.

–fin de la nota de Elena

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