Verónica creé tener una vida de ensueño; dueña de una empresa más importante de la cuidad, una fortuna inmensa y un bebé en camino. Pero de eso nada le sirvió al descubrir la infidelidad de su marido con su empleada. Después de sufrir una depresión, decidió acabar con su vida sin esperarse a que regresará antes de casarse con Andrés.
Se vengara de él con su peor enemigo. Un mafioso que tiene una obsesión con la protagonista.
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Capitulo 7: Hacer inversiones.
La mañana siguiente comenzó con una rutina distinta, no porque el día fuera especial sino porque Verónica había decidido que cada movimiento tendría intención; no había espacio para improvisaciones ni para decisiones tomadas por costumbre. La casa estaba tranquila, Laura aún dormía en la habitación de invitados, y el sonido más constante era el leve tecleo del portátil sobre el escritorio.
Verónica tenía abiertos varios documentos, reportes financieros, proyecciones de mercado, nombres de empresas que en ese momento no eran más que pequeñas apuestas con poco reconocimiento; pero en su memoria ocupaban un lugar completamente distinto. Era hechos que ya habían ocurrido en otra línea de su vida.
Deslizó el cursor con precisión, revisando cifras que en el presente parecían inestables, incluso poco atractivas para un inversionista tradicional; pero ella no estaba interesada en lo que parecía seguro, sino en lo que sabía que iba a crecer.
Laura apareció en la puerta con el cabello aún desordenado.
—¿No has dormido nada? —preguntó con voz adormilada.
Verónica no levantó la vista de la pantalla.
—Dormí lo suficiente.
Laura entró lentamente, mirando la mesa llena de papeles.
—Esto parece una oficina improvisada— Laura se acercó y observó la pantalla—¿Qué estás revisando?
—Opciones de inversión.
Laura arqueó una ceja.
—¿Tan pronto?
Verónica asintió.
—Mientras antes empiece, mejor.
Laura tomó una silla y se sentó a su lado.
—Pensé que te tomarías unos días para descansar después del escándalo.
—No lo necesito. Estoy fuerte como una gelatina.
Señaló la pantalla.
—¿Qué empresa es esa?
Verónica giró ligeramente el portátil para que pudiera ver mejor.
—Una startup tecnológica.
Laura leyó el nombre con atención.
—Nunca la he escuchado.
—Es normal. No es popular.
—¿Y por qué te interesa?
Verónica hizo clic en un documento y lo abrió.
—Están desarrollando un sistema de seguridad digital enfocado en transacciones empresariales; todavía están en fase inicial, tienen pocos inversionistas y no han logrado posicionarse.
Laura frunció el ceño.
—Eso suena arriesgado.
—Eso creen ellos.
—Entonces, ¿por qué invertir?
Verónica apoyó la mano sobre el teclado.
—Porque en poco tiempo van a cerrar un acuerdo importante con una empresa internacional.
Laura la miró con sorpresa.
—¿Cómo sabes eso?
Verónica sostuvo su mirada sin dudar.
—Lo investigué.
Laura no parecía completamente convencida.
—Eso suena más a intuición que a investigación.
—Llámalo como quieras.
Laura cruzó los brazos.
—¿Y cuánto piensas invertir?
Verónica cerró uno de los documentos.
—Lo suficiente para asegurar una participación significativa antes de que suba su valor.
Laura dejó escapar un suspiro.
—Esto es mucho para procesar tan temprano.
Verónica tomó su teléfono.
—Voy a hacer una llamada.
Laura se levantó de la silla.
—Voy a preparar café, creo que lo necesito. Y tú también. Eh.
— Extra fuerte, por favor.
Verónica marcó un número mientras Laura salía de la habitación.
Después de unos segundos, una voz respondió al otro lado.
—Buenos días.
—Buenos días, necesito hablar con el señor Rivas.
—¿De parte de quién?
—Verónica Andrade.
Hubo una breve pausa.
—Un momento, por favor.
La línea quedó en silencio unos segundos hasta que otra voz se unió a la llamada.
—Señorita Andrade, no esperaba su llamada.
—Señor Rivas, gracias por atenderme.
—El gusto es mío. ¿En qué puedo ayudarla?
Verónica se apoyó ligeramente en el escritorio.
—Estoy interesada en invertir en la empresa que usted está asesorando.
El tono del hombre cambió, ahora más atento.
—¿Se refiere a la startup tecnológica?
—Sí.
—Debo decir que no es una inversión común para alguien en su posición.
—Lo sé.
—¿Qué la hace interesarse en este proyecto?
Verónica mantuvo el tono firme.
—Veo potencial donde otros no lo están viendo.
Hubo un pequeño silencio.
—Eso es interesante.
—Quiero programar una reunión lo antes posible.
—Puedo organizarla para esta misma semana.
—Perfecto.
—Le enviaré los detalles en unas horas.
—Estaré pendiente.
La llamada terminó.
Verónica dejó el teléfono sobre la mesa justo cuando Laura regresaba con dos tazas de café.
—¿Ya estás cerrando negocios? —preguntó con una sonrisa leve.
—Estoy empezando.
Laura le entregó una taza.
—Espero que sepas lo que haces.
Verónica tomó un sorbo. El teléfono vibró sobre la mesa.
Laura miró la pantalla.
—Otra vez Andrés.
Verónica no reaccionó de inmediato.
—Déjalo sonar. Algún día se le acabará la batería y la paciencia.
Laura lo observó unos segundos.
—Ha llamado varias veces desde ayer.
El teléfono dejó de vibrar. Pero segundos después volvió a sonar.
Laura levantó las cejas.
—Creo que no te dejará en paz.
Verónica lo tomó finalmente. Contestó la llamada.
—¿Qué quieres, Andrés?
La respuesta fue inmediata, su tono ya no tenía la calma de antes.
—Necesitamos hablar.
—No.
—Verónica, esto no puede quedarse así.
—Ya se quedó así.
—Mi imagen se está viendo afectada.
Verónica no cambió el tono.
—Eso no es mi problema.
—Claro que lo es, todo esto empezó por tu decisión.
—Empezó por tus acciones.
Hubo un silencio breve.
—No hay pruebas de eso. Yo nunca te he sido infiel.
—No las necesito para saberlo.
Andrés respiró con frustración.
—Estás siendo impulsiva. Podemos arreglar esto.
—No.
—Escúchame bien —insistió él—. Si salimos juntos y aclaramos que todo fue un malentendido, la situación se calmará.
Verónica se recostó ligeramente en la silla.
—No voy a mentir para protegerte.
—No es protegerme, es protegernos.
—No hay un “nosotros”. Estúpido.— Verónica estaba harta de ser neutral con él.
Andrés guardó silencio unos segundos. Es la primera vez que ella lo insulta. Pero el desvío el tema.
—Aún podemos casarnos.
Laura abrió los ojos con sorpresa al escuchar eso.
Verónica ni siquiera dudó.
—No.
—Estás tomando una decisión equivocada. Verónica, piensa bien lo que estás haciendo. Podemos volver a intentarlo.
—No quiero.
El tono de Andrés cambió, ahora más directo.
—Sin mí, tu posición también puede verse afectada.
Verónica sonrió levemente, pero su voz se mantuvo firme.
—Eso no va a pasar. Créeme.
—No estés tan segura de que...—Y Verónica colgó.
Laura la miró en silencio unos segundos.
—Eso fue… intenso.
Verónica dejó el teléfono sobre la mesa. Luego sonrió un poco.
—Se está desesperando.
Laura tomó su taza de café.
—Tengo que admitir algo.
Verónica la miró.
—Dime.
—Nunca te había visto así. Segura, sin dudar, y determinada.
—¿No te agrada?
Laura negó lentamente.
—Al contrario. Me encanta.
Verónica volvió a mirar la pantalla del portátil. Laura se apoyó contra la mesa.
—¿Qué vas a hacer ahora?
Verónica abrió nuevamente los documentos de la empresa tecnológica.
—Invertir. Y después, esperar.
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