Durante días, las hermanas Caroline y Estefany Richi mantenían un romance secreto y prohibido, con los que se supone que son sus enemigos Marco y Fabián Rossi, desafiando el odio ancestral entre sus familias. Sin embargo, cuando un ataque brutal de la Bratva rusa destruye el hogar de los Richi, lo que era un pecado oculto se convierte en la única vía de salvación: un matrimonio oficial para unir a los dos clanes más poderosos de Chicago
Sin embargo, la unión estalla cuando descubren que el patriarca de los Rossi, Dante, fue el autor intelectual del asesinato de Elena, madre de las Richi. Ante la traición, los hermanos Rossi eligen a sus prometidas por sobre su padre, convirtiéndose en fugitivos. Ahora, los cuatro luchan desde las sombras para derrocar a Dante, eliminar a los rusos y reclamar el trono de Chicago.
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Caroline …
El rojo siempre ha sido mi color. No solo por el tono de mi cabello, que cae por mi espalda como una cascada de advertencias, sino porque es el color de la vida que corre por las venas y la que termina en el asfalto. Mi padre, Vittorio Richi, siempre dice que Estefany es la calma y yo soy la tormenta. Lo que él no sabe es que incluso la tormenta más violenta tiene un centro frío y calculador
Esa noche, el aire en el salón principal de nuestra mansión en Chicago se sentía denso, cargado de un perfume caro y el olor metálico de las armas ocultas bajo los esmóquines. Era el "Baile de la Tregua", un evento hipócrita donde los lobos se visten de ovejas y fingen que no quieren degollarse los unos a los otros
— Estás demasiado tensa, Carol — susurró Estefany a mi lado. Ella lucía impecable en un vestido de seda color medianoche que resaltaba su piel pálida y su cabello oscuro. Éramos el negativo de la otra, la luz y la sombra de un legado manchado de sangre
— No es tensión, Chiqui. Es instinto — respondí, ajustando el guante de encaje que cubría la pequeña cicatriz en mi palma — Los Rossi están aquí. Puedo oler el azufre desde el vestíbulo
En ese momento, las puertas dobles se abrieron y el murmullo de la orquesta pareció bajar de volumen. Entraron ellos. Marco y Fabián Rossi. Los hijos de Dante Rossi, el hombre que le arrebató a mi padre el control del puerto hace tres años
Marco, el mayor, caminaba con una arrogancia que me revolvía el estómago y, al mismo tiempo, me obligaba a mirarlo. Era alto, de hombros anchos y una mirada tan oscura que parecía absorber la luz de las arañas de cristal del techo. A su lado, Fabián sonreía de esa manera cínica que lo hacía parecer un ángel caído, pero todos sabíamos que era el ejecutor más despiadado de su familia
Nuestras miradas se cruzaron en medio de la pista de baile. Fue como un choque eléctrico. Marco no me miró como a una enemiga, me miró como si fuera una propiedad que aún no había reclamado
— Vienen hacia aquí — advirtió Estefany, enderezando la espalda. Su voz tembló apenas un milisegundo, pero para alguien que la conocía tanto como yo, fue un grito de guerra
— Sonríe, hermana — le dije entre dientes, sin dejar de mirar a Marco — Que vean que las Richi no solo somos hermosas, sino peligrosas
Marco se detuvo frente a mí. Estaba tan cerca que pude oler su loción: maderas, tabaco y algo peligrosamente masculino. Su presencia era una invasión a mi espacio personal
— Caroline Richi — su voz era un barítono profundo que me recorrió la columna como una caricia no deseada — Dicen que el rojo es el color del peligro. Nunca pensé que el peligro se vería tan... apetecible
— Y dicen que los Rossi no tienen modales, pero veo que al menos aprendiste a usar un traje, Marco — respondí, arqueando una ceja — Aunque todos sabemos que debajo sigue habiendo un animal
Él soltó una risa seca, sin apartar sus ojos de los míos. Fabián, mientras tanto, le ofrecía una mano a Estefany con una cortesía cargada de veneno. La tensión entre los cuatro era casi palpable, una cuerda estirada a punto de romperse
— A los animales les gusta cazar, Caroline — murmuró Marco, dando un paso más hacia mí, ignorando el protocolo y la mirada asesina de los guardaespaldas de mi padre — Y esta noche, me apetece una presa difícil. ¿Me concedes esta pieza?
La orquesta comenzó a tocar un vals lento, pero la melodía sonaba como una marcha fúnebre en mi cabeza. Aceptar era una traición. Negarme era una muestra de miedo. Y yo no le tengo miedo a nada que sangre
Puse mi mano sobre la suya. Su piel estaba caliente, contrastando con el frío de mis dedos. Me arrastró hacia la pista, su mano se posó en mi cintura con una firmeza que me hizo contener el aliento. En ese momento, el mundo alrededor desapareció. Solo existíamos nosotros dos, el aroma de la traición y el deseo prohibido que empezaba a arder en mi pecho como un fuego lento
Comenzamos el baile con movimientos lentos, yo intentaba no mirarlo, su cercanía me ponía bastante nerviosa y más que su mano en vez de tenerla en mí cintura, la tenía cerca de mis nalgas
— ¿Qué sucede Richi, te pongo nerviosa? — me susurra en el oído mientras me apretaba más a él
— No te pases Rossi, es solo un simple baile y no me pones nerviosa, solo siento asco — digo sin mirarlo
— Pues tus mejillas sonrojadas no dicen lo mismo — dice riendo y yo intento separarme de él — Terminemos la melodía, todos nos están mirando
Miré hacia los lados y era verdad, muchos nos estaban mirando, seguro se estarían preguntando cómo yo, una Richi, estaba bailando con el enemigo
No dije más nada, solo continúe bailando y rogando por dentro que la música terminara rápido. De pronto siento un dolor en el cuello que me hizo quejar
— Ay, ¿Que haces Rossi? — digo tocándome el cuello donde me había mordido, pero él simplemente se rió
Cuando la música terminó, Marco no me soltó de inmediato. Se inclinó hacia mi oído, sus labios rozando apenas el lóbulo de mi oreja, provocándome un escalofrío que odié sentir
— Esto es solo el principio, princesa — susurró — Mañana, tu mundo y el mío van a colisionar, y te aseguro que no será en una pista de baile
Se alejó con una sonrisa depredadora, dejándome allí, en medio del salón, con el corazón martillando contra mis costillas y la sospecha de que, por primera vez en mi vida, había encontrado a alguien capaz de destruirme. O de hacerme sentir viva antes de morir
Busqué a Estefany con la mirada y la encontré cerca de los balcones, discutiendo en voz baja con Fabián. Sus rostros estaban demasiado cerca, sus expresiones una mezcla de odio y una fascinación oscura
Esta tregua era una mentira. Y lo que estaba naciendo entre nosotros era una guerra que se libraría en las sábanas y en las calles, donde el único premio sería la rendición absoluta del otro
Caminé hacia la salida del salón, sintiendo el peso de la pistola oculta en mi muslo. La noche apenas comenzaba, y yo ya podía sentir el sabor del pecado en mi lengua.
Caroline y Estefany Richi
Marco y Fabián Rossi