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El León De Oro Y Su Musa

El León De Oro Y Su Musa

Status: En proceso
Genre:Romance / Enfermizo / Posesivo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Ariane Salvatore Falcó

El Caos del Capitán
En la Universidad de Saint Jude, las apariencias no solo engañan... te destruyen.
Ian Thorne es el dios de la duela. El capitán de baloncesto con la sonrisa perfecta, el carisma que ilumina auditorios y el rugido de una motocicleta negra que anuncia su llegada. Todos creen conocerlo. Pero cuando las luces se apagan y la multitud se dispersa, el "chico de oro" se desvanece. En su lugar queda un hombre de pocas palabras, mirada gélida y una lengua tan afilada como un bisturí. Ian tiene una regla de oro: nadie lo toca. Su espacio personal es una fortaleza blindada, y su curiosidad por la anatomía humana es puramente científica... hasta que ella aparece para alterar toda su estructura.
Sky es el incendio que nadie pidió, pero que todos se detienen a mirar. Loca, atrevida y absolutamente sinvergüenza, vive la vida sin filtros ni frenos. Está cansada de los chicos predecibles y de las promesas vacías. Ella busca un reto, algo que no pueda descifrar a simple vista.

NovelToon tiene autorización de Ariane Salvatore Falcó para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: Sombras, susurros y una tregua en el sofá

El peso del semestre había caído sobre la Universidad de Saint Jude como una losa de concreto. Era esa época del año donde las ojeras eran el accesorio más común y el olor a café quemado impregnaba cada rincón del campus. Sky sentía que sus neuronas estaban a punto de declararse en huelga; después de ocho horas seguidas entre laboratorios de biomecánica, entregas de ética y una sesión intensiva de dibujo anatómico, sus piernas se sentían como gelatina.

Llegó a su habitación arrastrando los pies. Sus amigas no estaban; la rubia y la pelirroja habían huido a la biblioteca para un último repaso, y la pelinegra estaba en algún lugar del campus intentando no reprobar cálculo. El silencio de la habitación 302 fue un bálsamo. Sin siquiera encender la luz principal, solo con el tenue resplandor de la lámpara de sal en la esquina, Sky se dejó caer en el sofá. Ni siquiera se quitó la sudadera. Simplemente se recostó, cerró los ojos y dejó que el silencio la envolviera. Estaba exhausta, física y mentalmente. El recuerdo del beso bajo la tormenta seguía vibrando en su memoria, pero ahora mismo, el sueño era un amante más urgente.

No supo cuánto tiempo pasó. Quizás fueron minutos, o quizás una hora. Pero, de repente, el sonido suave de la cerradura la sacó de su letargo profundo. No se movió. Sabía perfectamente quién tenía la copia de esa llave "para emergencias académicas" y quién era el único que caminaba con esa seguridad silenciosa incluso en la penumbra.

Ian Thorne entró en la habitación. No traía su máscara de capitán popular. Se veía derrotado por el cansancio. Su playera negra estaba arrugada, su cabello azabache más desordenado que de costumbre y sus hombros, habitualmente rectos, caían con el peso de un día eterno de entrenamientos y exámenes.

No dijo una palabra. Ni un "hola", ni una broma mordaz, ni una observación sobre los huesos. En el ámbito privado, Ian había aprendido que con Sky no necesitaba llenar los vacíos con ruido. Se acercó al sofá, observando la figura de la chica que había puesto su mundo patas arriba. Sky abrió un ojo, mirándolo en la semioscuridad.

—Estás hecho un desastre, Thorne —susurró ella, con la voz ronca por el sueño.

—Habló la chica que parece haber peleado con un libro de texto y perdido —respondió él, con un tono bajo, casi aterciopelado.

Sin pedir permiso, pero con una naturalidad que los sorprendió a ambos, Ian se sentó en el borde del sofá y luego se deslizó hacia atrás, acomodándose al lado de Sky. El sofá no era pequeño, pero para un hombre de su estatura, el espacio era reducido. Eso obligó a que sus cuerpos se pegaran. El calor de Ian se filtró instantáneamente a través de la ropa de Sky.

Él se recostó de lado, dándole la espalda al respaldo del sofá, quedando frente a ella. Por primera vez, Ian no buscó alejarse. No hubo tensión en sus músculos, no hubo rechazo al contacto. Simplemente exhaló un suspiro largo, apoyando la cabeza cerca de la de ella.

—Tengo sueño, Sky —murmuró él, cerrando los ojos.

—Duerme, entonces —respondió ella, acomodando su brazo sobre el torso de él, sintiendo la cadena de plata fría bajo sus dedos y el latido rítmico de su corazón debajo.

Y así, sin protocolos, sin juegos de seducción y sin palabras afiladas, se quedaron dormidos. Fue la primera vez que compartían el sueño, una intimidad mucho más cruda que el beso de la noche anterior. Eran solo dos estudiantes agotados buscando refugio en el calor del otro.

El amanecer de la realidad

La luz del sol filtrándose por las persianas fue el despertador más cruel del mundo. Sky se despertó con el peso de un brazo firme rodeando su cintura y el aliento cálido de Ian en su nuca. Se quedaron así unos minutos, disfrutando de la tregua antes de que el mundo volviera a encenderse.

—Thorne —susurró ella—. Si alguien entra, Madison tendrá material para un podcast de tres temporadas.

—Que hablen —respondió él, con la voz profunda del despertar—. Pero tienes razón. Tengo entrenamiento en veinte minutos.

Se levantaron con una sincronía extraña. Ian se estiró, haciendo que sus articulaciones tronaran, y se puso los zapatos. En el momento en que cruzaron el umbral de la puerta hacia el pasillo del campus, la armadura volvió a su sitio.

Caminaron juntos hasta la cafetería, pero al llegar a la entrada, se separaron con un simple asentimiento de cabeza. No hubo miradas de despedida prolongadas ni gestos románticos. Ian se unió a la mesa de los Lions, riendo de un chiste grosero de Evans y recuperando su máscara de carisma. Sky se sentó con sus amigas, robándole una papa frita a la pelirroja y quejándose del examen de Anatomía como si nada hubiera pasado.

La normalidad era su mejor camuflaje. O eso creían ellos.

El rugido de los rumores

Sin embargo, la Universidad de Saint Jude tenía ojos en todas partes. Al mediodía, el aire ya estaba viciado con susurros.

—¿Viste a Ian saliendo del ala este esta mañana? Llevaba la misma ropa de ayer —murmuró una chica en la fila del café.

—No solo eso. Dicen que Sky no llegó a la biblioteca en toda la noche. ¿Crees que finalmente el capitán dejó que la loca entrara en su zona prohibida? —respondió otra, soltando una risita maliciosa.

Los rumores empezaron a correr como pólvora. Madison, que no perdía oportunidad, se encargó de avivar el fuego. En el pasillo principal, mientras Ian caminaba rodeado de admiradoras, ella se interpuso en su camino con una sonrisa fingida que ocultaba colmillos.

—Vaya, Ian. Te ves... cansado hoy —dijo ella, pasando una mano por su propio cabello de forma sugerente—. Corren rumores de que estuviste haciendo "trabajo extra" de anatomía anoche. ¿Es cierto que la chica de los huesos finalmente te convenció de que los diagramas se ven mejor en la vida real?

Ian no perdió la compostura. Se detuvo, le dedicó una sonrisa de medio lado, cargada de ese humor que todos amaban, pero con una mirada que no llegaba a los ojos.

—El estudio para el examen de Garrick es intenso, Madison. Deberías intentarlo alguna vez, quizás así tus notas dejarían de ser tan... decorativas —respondió él con una elegancia que la dejó muda de indignación.

A unos metros, Sky observaba la escena mientras bebía un jugo. Sus amigas la pinchaban con el codo.

—Están hablando de ustedes en los foros anónimos de la universidad, Sky —dijo la pelinegra, mostrándole su teléfono—. Dicen que son la pareja del año, o el escándalo del siglo. ¿Qué pasó anoche realmente?

Sky se encogió de hombros con un descaro absoluto.

—Dormimos. Literalmente. Pero dejen que se inventen historias eróticas si eso les ayuda a pasar el semestre. A mí me divierte ver cómo Ian los maneja con esa cara de santo.

Pero por dentro, Sky sabía que algo había cambiado. La normalidad era solo una fachada que empezaba a agrietarse. Habían dormido juntos, habían compartido su agotamiento y su vulnerabilidad. Los rumores decían que eran amantes, pero la verdad era mucho más peligrosa: se estaban convirtiendo en el ancla del otro.

Ian, desde el otro lado del pasillo, cruzó su mirada con la de ella por un microsegundo. No hubo sonrisa, solo un reconocimiento silencioso. El misterio seguía ahí, la lengua afilada seguía lista, pero el sofá de la 302 ahora era el único lugar en el mundo donde ninguno de los dos tenía que fingir.

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Rubiia sanz
es un idiota
Gata
❤️‍🔥
Rubiia sanz
porque tenemos que esperar hasta el día siguiente para leer otro capitulo🤔😟 no mola
✮⃟bady🪽💍𝙂⃥𝒂𝒃𝒓𝒊𝒆𝒍
que fetiche tienes con los masajes de pies 😂😂😂❤️
🌵Musa🍏: es x su culpa
total 1 replies
✮⃟bady🪽💍𝙂⃥𝒂𝒃𝒓𝒊𝒆𝒍
🙄🙄🙄...che fastidioso
🌵Musa🍏: okay /Facepalm/
total 3 replies
Carolina Alvarado Alvarado
hay Sky te dejaron con ganas de más😈😈😈 jajajaja está súper buena me encanta vamos a ver q pasa con estos 2 anatómico 😁😁😁
Carolina Alvarado Alvarado
hay Sky es un caso justamente va a aparecer el exs y ah la porrista le va a dar 3 infarto jajajaja 😁😁😁😁👏👏👏👏
Carolina Alvarado Alvarado
está buena me encanta 👍👍👍👍 espero con ansias más capitulos siiii por favor
Maria Elena Martinez Lazaro
Falta ver si la estrategia de Skay de resultados será que Ian Thorner si va a caer ?
🌵Musa🍏: no lo sé quizás no o quizás si ese demonio infernal 😭
total 1 replies
Maria Elena Martinez Lazaro
Excelente, gracias Autora me está encantado la historia felicitaciones
Maria Elena Martinez Lazaro: con gusto , aquí estaré pendiente leyendo esta historia para ver qué sucede con Skay y Ian
total 2 replies
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