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El Yacuza Tiene Un Amante

El Yacuza Tiene Un Amante

Status: En proceso
Genre:Mafia / Matrimonio arreglado / BL / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Liam solo quería salvar a su hermano.

Cuando el profesor Duncan Ashford descubre al muchacho robando en su oficina, lo denuncia ante la universidad. Desesperado, Liam le ruega que retire los cargos. Su hermano podría ser expulsado y quedar marcado para siempre.

Entonces Duncan le hace una pregunta:

—¿Qué estarías dispuesto a dar para salvarlo?

Liam responde sin pensar:

—Lo que sea.

Acaba de cometer su primer gran error.

Duncan no es solamente un profesor. Es el líder de una poderosa familia yakuza, un hombre casado que nunca deja que nadie altere sus reglas.

Pero Liam ha despertado su interés.

Una noche. Un trato. Un precio que jamás imaginó pagar.

Y cuando Liam descubra quién es realmente el hombre al que le entregó su inocencia, será demasiado tarde para escapar.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Fiebre

El mensaje llegó un martes a las cuatro de la tarde.

Duncan: Estoy enfermo. Fiebre. Ven.

Tres frases. Sin hora, sin órdenes. Solo una petición, algo que Liam nunca había oído de él. Y luego, un segundo mensaje: Por favor. Duncan nunca decía por favor. Liam guardó el teléfono, cogió la chaqueta y salió.

El departamento olía a cerrado, a sudor, a medicamentos. Las cortinas echadas, la luz gris. Vasos vacíos, pañuelos usados, paracetamol sobre la encimera. Duncan estaba en la cama, tumbado, camiseta empapada, pelo pegado a la frente, dos manchas rojas en las mejillas, respiración rápida y superficial. El tatuaje asomaba, pero parecía más tenue bajo la piel caliente.

Liam se quedó en el umbral, esperando una orden. No llegó. Duncan abrió los ojos: vidriosos, rojos, sin su habitual frialdad. Solo necesidad.

—Estás aquí —susurró, voz rota—. Gracias.

Liam fue a la cocina, llenó un vaso, volvió. Se sentó en el borde de la cama y le puso la mano en la frente. Ardía. Cuarenta grados. Duncan cerró los ojos al contacto, un gesto involuntario, casi animal.

—Toma esto —Liam le puso la cápsula en la boca, le acercó el agua. Duncan bebió, el agua resbaló por su cuello.

—Gracias —repitió.

Liam no sabía si quedarse o irse. No había instrucciones. Solo un hombre enfermo.

—Quédate —murmuró Duncan, sin abrir los ojos—. No me dejes solo. No esta noche.

—No me has dicho que me quede.

—Te lo estoy pidiendo.

Pidiendo, no ordenando. Una petición que lo obligaba a elegir. Y Liam, sin saber por qué, se quedó.

Le hizo sopa con una pastilla de caldo y fideos. Se la llevó a la cama. Duncan se incorporó con dificultad, temblando. Liam le sostuvo el bol y la cuchara. Comió despacio, torpe, como un niño.

—¿Cuánto llevas así?

—Dos días. No quería llamar. No quería… molestar.

Liam lo miró. Ese hombre, que lo citaba sin preguntar, que decidía por él, no quería molestar.

—¿Y Elena?

Duncan dejó la cuchara.

—Está en casa de su madre. Se fue el domingo. No le dije nada. No quería preocuparla.

Algo se movió en el pecho de Liam. No rabia, sino comprensión. Elena no vendría. El trato era claro: cada uno su vida. Y Duncan no tenía a nadie más. Solo a él.

—Toma otro trago —le sostuvo el vaso. Sus dedos se tocaron. Los de Duncan, calientes y ásperos.

—Gracias por venir. De verdad. No tenías que hacerlo.

—No me des las gracias por cuidarte —dijo Liam, con voz dura—. Tú no me las das cuando cuidas de mí.

Duncan asintió despacio.

—Lo sé.

—Tengo frío —susurró después.

Liam le buscó una manta, lo cubrió, le apartó el pelo húmedo de la frente. Duncan se inclinó hacia su mano, inconsciente, buscando calor. Liam se apartó y se sentó en la silla junto a la cama.

—Duerme. Me quedo.

Duncan cerró los ojos. Su respiración se hizo más lenta, más tranquila. Se relajó por completo, con una confianza absoluta, como quien sabe que no está solo. Liam lo miró: sin gafas, sin máscara, sin control. Solo un hombre enfermo, vulnerable, solo.

Y sintió algo que lo aterró: piedad. No amor, no perdón. Lástima por el hombre que lo había destruido, porque ahora estaba débil y nadie venía. Porque el mundo lo temía, pero nadie le hacía una sopa.

Y la piedad era la cadena más fuerte de todas. Podías huir de un monstruo, pero no podías dejar solo a un hombre que te da las gracias por estar ahí.

Se quedó toda la noche. Le tomó la temperatura, le dio agua, lo cubrió. A las tres de la mañana, Duncan se removió, murmuró algo en japonés, y dormido, le agarró la mano, la apretó contra su pecho, contra su corazón.

Liam no la retiró. Y lloró, en silencio, lágrimas cayendo sobre la manta. No de miedo, no de rabia. De esa piedad asquerosa, imposible de arrancar, que lo ataba más fuerte que cualquier amenaza.

Y supo, con certeza helada, que nunca iba a poder irse. No porque Duncan no lo dejara. Sino porque él no iba a poder dejarlo solo con la fiebre.

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D_a_r_r
Realmente estoy esperando el momento que sufra Duncan 😭
Dalia Lara
me va gustando mucho la historia 🥰🥰más capítulos por favor
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